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Carlos Marx y la dialéctica de su vida

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Las condiciones subjetivas de cada país –es decir, el factor conciencia, organización, dirección- puede acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo; pero tarde o temprano, en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce

Fidel Castro. Segunda Declaración de La Habana

Hernán Randi1

Marx y la dialéctica de su vida

Para comenzar, citaremos a su compañero de luchas y de producción científica, su hermano y camarada Federico Engels, y lo haremos con sus palabras de despedida, con algunos pasajes del épico discurso pronunciado por Engels en 1883 ante la tumba de Marx.

“…El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días… Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca… Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas…Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz… Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria…”

Y agrega para cerrar su alocución:

“…Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos…Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California…Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”.

¿Por qué comenzar así?

Muy sencillo, intentaremos destacar en este, nuestro homenaje, el sentido profundamente ético, revolucionario de Marx. El del hombre dialectico, el que transitó por diversas transformaciones tanto en su vida como en su pensamiento. El del hombre practico, militante de la causa del comunismo, el organizador de revolucionarios y de revoluciones. El del hombre fundador de la teoría de la praxis.

Innumerables corrientes en el seno del marxismo han querido separar un Marx Joven de uno maduro, casi como si se tratara de dos hombres totalmente diferentes e inconexos.

Marx fue producto también de aquello que investigó con claridad y profundidad meridiana, de la experiencia histórico-universal acumulada en su época y durante el propio desarrollo de su vida.

Por ello su producción científica y su lucha estuvieron sujetas a cambios, transformaciones, contradicciones y de la toma de decisiones prácticas que todo ello conlleva.

Por ejemplo, dejar investigaciones de lado momentáneamente -algunas por el resto de su vida- para abocarse a otras, ir madurando la idea de la lucha de clases como motor de la historia al analizar su desarrollo en la realidad, abordando cuestiones acerca de la lucha del proletariado por su propia emancipación y de la cuestión del poder político para la clase trabajadora.

De sus primeras ideas acerca del trabajo alienado en La cuestión judía y de la historicidad de los modos de producción en una formación social dada desarrollada en La ideología alemana hasta la más completa y profunda investigación política y económica-social del régimen capitalista, desarrollada en El Capital, Marx se alimentó de toda la ciencia acumulada de su época y la puso en tensión para iluminar el presente histórico sobre cómo funcionaba el sistema social que debía ser destruido para formar la nueva sociedad sin explotación de ninguna clase.

Las ideas acerca de la emancipación humana en general, presentes en sus primeros trabajos, van a adquirir un nuevo sentido al abordar la problemática de la emancipación política concreta, la cual va a desarrollar a partir de su encuentro con Engels y su incorporación a la Liga de los Justos, luego Liga de los Comunistas.

Entre 1844 y 1848, a partir del intercambio con las organizaciones obreras de Marx y Engels, y entre ellos mismos, sus ideas van a madurar en un sentido orgánico diferente, entendiendo la necesidad de la construcción de una herramienta independiente de la clase para hacer la Revolución.

Todo el aporte hecho por Engels en el estudio concreto de la lucha de clases en curso, fue fundamental para lograr la conexión intelectual y practica entre ellos. Los escritos de Engels serán esenciales para vislumbrar la teoría de la centralidad de la clase obrera como portadora del cambio revolucionario de la sociedad en la historia. Obras como La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), Principios del comunismo (1847) van a ser grandes afluentes de ese rio caudaloso que nace con la producción conjunta entre ambos del Manifiesto del Partido Comunista (1848) en las postrimerías de las revoluciones burguesas de 1848 a 1850.

Esta obra será punto de culminación para un tipo de lucha conspirativa llevada adelante en sociedades secretas, al mismo tiempo que punto de partida de la organización de los revolucionarios de la época en un tipo de asociatividad de nuevo tipo.

Los grandes conglomerados de trabajadores asociados en una internacional, con un programa común y con el desarrollo por toda Europa de un sistema de corresponsales de prensa (Comité de corresponsales de la Liga de los Comunistas) entendidos como una organización política que sirviera tanto como herramienta política como así también de motor ideológico en el nuevo momento de la lucha.

La experiencia de Marx como editor de la Nueva Gaceta Renana dirigida desde colonia en 1852 va a ser el punto más alto de este tipo de asociatividad, experiencia que durara poco tiempo ya que será clausurada por el gobierno prusiano acusando a Marx por injurias al fiscal general, a partir del llamado realizado desde ese periódico al boicot del pago de impuestos, a la denuncia de los actores del poder real y a la rebelión de la clase obrera.

Marx y su obra eminentemente política

El proceso insurreccional de febrero de 1848 en Francia va a producir un salto cualitativo en la concepción política de Marx. La revolución burguesa iniciada en 1789 y la contrarrevolución monárquica llevada adelante por la Santa alianza luego de la derrota de Napoleón I, ya habían hecho lo suyo, también la derrota del movimiento iniciado por Gracus-Babeuf y su destacamento de revolucionarios.

Los sucesos de junio de 1848, con el aplastamiento de la insurrección y la masacre de miles de obreros, consolidan en Marx la idea de que se cerró la etapa histórica de la Revolución Burguesa, donde la masa obrera define en el campo de batalla la victoria de diferentes facciones de la burguesía y solo pone los muertos para la realización de los objetivos burgueses. Esto da pie a nuevas reflexiones políticas.

El proceso político iniciado en Paris y que recorrió Europa como reguero de pólvora, con sus complejas y cambiantes relaciones de fuerza, donde las alianzas se arman y desarman a una velocidad jamás antes vista, van a ser centrales en la escritura de la gran primera obra de análisis de coyuntura escrita por el revolucionario nacido en Tréveris, La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850. Texto que luego va a adquirir una profundidad y conceptualización mayor en 1852 con El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

Las ideas fundamentales que queremos citar de estas obras son, en primer lugar, el problema de la emancipación humana en general que debe darse a partir de allí como Revolución política y social. Es la hora de los trabajadores y de la construcción de la dictadura del proletariado, que debe tomar en sus manos el poder de la sociedad y no hacerlo según los planes de la burguesía para triunfar en su batalla contra las fuerzas del viejo orden. Y a ello va a dedicar sus ingentes esfuerzos creando las herramientas para la emancipación de la clase por sus propios medios, desde el comité de corresponsales de prensa hasta la fundación de la AIT, la Asociación Internacional de Trabajadores conocida como la Primera Internacional, en 1864.

En segundo término la importancia de lo que Marx llamó revolución permanente de base nacional. Internacional por su contenido y nacional por su forma como bien formulara en el Manifiesto del Partido Comunista. El problema fundamental que va a encontrar en estos términos es el de la ausencia de esa base nacional en la estructuración organizativa de los trabajadores, pero va a comprender la importancia de los ciclos ascendentes y descendentes de las luchas y la importancia de la reserva estratégica organizada de la clase en una perspectiva estratégica para la constitución de sus fuerzas en la próxima oleada ascendente.

En tercer lugar, la centralidad de la dirección estratégica de la sociedad bajo la dictadura del proletariado que debía darse la clase obrera en la lucha por el poder bajo una autonomía organizativa total del resto de las clases de la sociedad en la perspectiva de la constitución en partido del destacamento más avanzado de la misma. Pero también entendiendo, y estas obras van a aportar una claridad meridiana en este tema, que la lucha de clases en la arena política sucede en un marco de diversas correlaciones de fuerzas que requieren alianzas y la rotura de las mismas para constituir otras nuevas y superiores en cuanto a la cohesión en la búsqueda de sus objetivos.

La Revolución social y política bajo la dirección de la clase portadora de la nueva sociedad, que no era y no es otra que la sociedad comunista.

Las obras antes citadas de Marx, debatidas y elaboradas con Engels, aportan un análisis minucioso de como las relaciones de fuerza actúan en la composición y fragmentación de los intentos de los diversos sectores de la burguesía, que entran en colisión durante las épocas de crisis económicas. Van a desnudar la correspondencia entre estos sectores o fracciones de clase en tanto que sus intereses, que proclaman en la lucha por el poder político, se corresponden a un lugar determinado en la estructura económica social de la época de crisis final del capitalismo de libre concurrencia. Tema que muchos años después va a estudiar y teorizar Antonio Gramsci con la formulación de su mirada sobre lo que llamó el bloque Histórico.

La Comuna de París de 1871

En Julio de 1870 comienza la guerra Franco-prusiana bajo los mandos de Luis Bonaparte o Napoleón III de Francia y el primer ministro de Prusia Otto von Bismarck (Canciller de la Alemania unificada desde marzo de 1871). A partir del descontento creciente de la clase obrera en los principales centros urbanos de Europa, comienza un ascenso en el ciclo de la lucha de clases. La guerra entre dos de los Estados europeos más poderosos de la época durará entre 1870 y 1871. Su resultante será la caída del gobierno francés y el mando de esta nación europea quedara bajo la tutela de Thiers. Esta guerra, sumada a la Conferencia de Berlín de 1884-85 (que produjo el injusto reparto total de África sobre un mapa por parte de las potencias europeas) y la guerra ruso-japonesa de 1904-05 serán las necesarias guerras por partes que marcaran el curso de la crisis en que emerge el Imperialismo como nueva fase del capitalismo en la historia universal.

En Francia luego de la derrota ante Prusia, en febrero de 1871 se elegirá una asamblea nacional para negociar la paz con una Alemania recién unificada.

Thiers con su gobierno se establecerá en Versalles, a las afueras de Paris, mientras dure el asedio Prusiano y así Paris vera la huida de todos los ricos de la ciudad tras de Thiers.

Los habitantes de Paris, trabajadores en su gran mayoría, organizaran la resistencia contra el opresor extranjero y declararan fundada la Comuna.

Esta experiencia maravillosa de poder de los trabajadores de Paris durara apenas dos meses y 10 días pero será el faro que ilumine la historia como la primera experiencia de dirección del poder del estado y de toda la sociedad desde abajo hacia arriba, de la clase obrera.

No se trata aquí de hacer un raconto de los sucesos de la Comuna pero si de poner en conocimiento y discusión sus alcances, victorias, legados y las causas de la derrota como basamentos de la experiencia histórica posterior. Marx colaboro plenamente con esta gesta, incluso enviando a su yerno como emisario, Paul Lafargue.

De los análisis, como balance práctico, realizados por Marx sobre esta epopeya, queremos tomar partido para reflexionar sobre la importancia que tuvo esta acción monumental de los de abajo.

Los tres elementos críticos que queremos destacar de esta gesta son: Primero que la importancia de la conquista del poder del Estado por parte de la clase obrera debió ser acompañada por la destrucción de todos los basamentos y estructuras que sostienen al mismo. Fundamentalmente de la burocracia estatal y de su fuerza armada, aparato al servicio del orden del Capital. En segundo lugar las contradicciones en el seno del pueblo parisino, la división de enfoques estratégicos y los choques de fuerzas en el seno de la propia Comuna, donde la tendencia marxista revolucionaria era minoritaria y en la cual los sectores anarquistas y economicistas mellaron las afiladas armas de la construcción de la unidad necesaria para la destrucción del enemigo de clase. La ausencia de una organización de vanguardia de la clase que agudizara las contradicciones en curso contra el enemigo principal fue una de las tantas claves de la derrota. Tercero, que Les Comunerds, no tomaron en sus manos las riquezas acumuladas por la burguesía en el banco Nacional de Paris y al no hacerlo, no solo pasaron hambre en su intento de constitución del poder popular viéndose debilitadas sus fuerzas día tras día, sino que permitieron que la contraofensiva con Thiers a la cabeza desde Versalles se financiara y finalmente obtuviera la victoria militar sobre el pueblo insurrecto y auto organizado de Paris.

Como balance de los logros de La Comuna queremos destacar su experiencia riquísima de acontecimientos, los que recogerá como legado Lenin junto a los revolucionarios Bolcheviques en el proceso histórico de la Revolución Rusa de 1905 a 1917, profundizando estos puntos antes citados y combinando el poder desde debajo de los soviets y el poder desde arriba con la conquista del poder estatal, desde, con y para los intereses emancipatorios de la clase obrera.

1 Director del CEFMA