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…y en la otra esquina, el rudo Donald Trump

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Por Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Después de 4 años con Donald Trump a la cabeza del Ejecutivo norteamericano, no es poca la expectativa que los latinoamericanos tenemos con esta elección. Aunque la política de los Estados Unidos hacia nosotros no ha sido nunca de “buen vecino”, el actual presidente ha roto varios records de prepotencia que hacen que su posible salida de la Casa Blanca se transforme casi en una ilusión.

Lo que en buena medida se define este martes es quién hará el esfuerzo por desbancarlo, y pareciera marchar a la cabeza quien se presenta como el más sensato de los precandidatos demócratas. Me ha costado encontrar el calificativo para Bernie Sanders, porque nadie en la política partidista norteamericana es totalmente de confiar para nosotros. Una gran potencia, con tantos intereses en el mundo y, sobre todo, en lo que considera su patio trasero, no se va a comportar nunca, tenga a quien tenga al frente del Ejecutivo, como un amigo querido.

Pero Bernie Sanders se ha atrevido a expresar algunas cosas que lo sacan del molde de los políticos a los que nos tienen acostumbrados los estadounidenses. El simple hecho de autodefinirse como socialista, independientemente del contenido que le dé, constituye una ruptura para ese país dado el cúmulo de prejuicios que se tienen al respecto. Decir algo positivo sobre China, el gran rival ascendente en la palestra internacional, o sobre Cuba, la espina clavada durante más de 60 años, es de una atrevimiento nunca antes visto.

Muchas de las propuesta de Sanders para su política interna apuntan en una dirección socialdemócrata, como el de hacer gratuita la educación o proporcionar un seguro de salud asequible y universal. Pero en el país de la feroz competencia, en donde uno de sus íconos universalmente difundido es el de los dos vaqueros que se enfrentan en un duelo a tiros en la calle principal de algún lejano pueblo del Oeste, proponer estas cosas es, para algunos, prácticamente subversivo.

Que Bernie Sanders ganara la nominación demócrata, y luego le diera una buena tunda a Donald Trump sería como un regalo de Navidad. Eso no quiere decir que nuestras expectativas respecto a él se desbocaran porque respecto a los políticos norteamericanos, inclusive cuando tratan de hacerse los simpáticos con nosotros, uno no sabe si las tonterías que muchas veces dicen respecto a Latinoamérica se debe a mala leche o ignorancia. Y aunque Sanders, en relación con su contrincante republicano sea una lumbrera, no escapa a esa ley a la que la experiencia de vida nos tiene ya acostumbrados.

El panorama internacional que eventualmente heredaría el demócrata sería complejo y crispado, no solo por lo que ha hecho quien sería su antecesor sino porque, en general, internacionalmente hay una tendencia al crecimiento de la derecha más recalcitrante, lindante en algunos casos con el fascismo.

Lo que pase en este super martes, entonces, es de suma importancia no solo para los Estados Unidos sino también para nosotros, los latinoamericanos, y el mundo en general.