Inicio Cultura Lecturas escogidas (2) | Marxismo y feminismo A 200 años de Karl...

Lecturas escogidas (2) | Marxismo y feminismo A 200 años de Karl Marx, una mirada desde el feminismo

147
0

Por Silvina Perugino*¹

Introducción

Nos han encomendado generosamente, un lugar en esta edición de Cuadernos Marxistas, a fin de pensar a Karl Marx a 200 años de su nacimiento, desde una mirada feminista. Tamaña tarea. Confiamos en que el amor por el marxismo y la guía que ha significado para nuestra vida como militantes y en las producciones teóricas dicha ideología, nos ayuden a superar el desafío. Puesto que las teorías políticas humanistas se basan en el amor –no en el romántico, categoría analizada por el feminismo si las hay, sino desde una concepción política del amor por la humanidad–, y por ello ubicamos en esas teorías tanto al marxismo como al feminismo, el amor nos guiará indefectiblemente.

No pretendemos realizar un estudio minucioso de la relación entre feminismo y marxismo, ni revisar lo que se ha escrito sobre el punto, si bien no desconocemos los debates que desde algunos sectores hegemónicos del feminismo se sostienen con la teoría marxista; interesa en esta instancia los puntos de conexión, el diálogo entre ambas teorías. Buscaremos para ello retomar categorías del marxismo que encontramos ciertamente en la historia, en la lucha y en la producción teórica del feminismo, y así articular debates con este Marx que hoy, en momentos de crisis mundiales y específicamente en nuestro país, vuelve necesariamente, porque otra teoría no ha podido explicar de mejor manera los motivos y consecuencias de la explotación, del hambre, de la injusticia. Pretendemos llevar la propia teoría a un punto que nos permita resignificarla y enriquecerla. Partimos del amor, porque el feminismo plantea la necesidad de reconfigurar los lugares, los posicionamientos de quienes producen teóricamente; plantea que la objetividad en dichas producciones es en un todo falsa, que nadie es objetivo/a a la hora de analizar una determinada cuestión (Harding, 1987). ¿Cómo podríamos posicionarnos desde un lugar objetivo sin que ese lugar se encuentre inmerso en una realidad material y subjetiva? La academia sostiene un supuesto lugar de objetividad, sin embargo, ella como una de las instituciones emanada de un orden político, no podrá ser objetiva. La academia tiene clase, y tiene género; la academia es burguesa y es masculina, así como el Estado (MacKinnon, 1989: 6). La academia plantea que debe alejarse del objeto de estudio, debe tener una distancia prudencial que le permita analizarlo objetivamente. Desde el feminismo esto se tensiona, es más: gran parte de los estudios feministas precisamente se llevan adelante a partir del acercamiento a la problemática de las mujeres y las identidades disidentes. Si la academia –sobre todo la dedicada a estudios sociales– se comprometiera con su momento histórico, ¿qué aportaciones podrá hacer en pos de una humanidad más justa, en vez de servir sólo para reproducir lo establecido por un sistema que desde el feminismo es necesario tensionar? Por ello planteamos la necesidad de posicionarnos en un lugar desde el cual desplegar el análisis; el feminismo no busca objetividad, no busca producir conocimiento neutral, el feminismo se planta desde un lugar subjetivo y material, y busca producir un conocimiento que sirva para los fines que lo determinan como movimiento político: derrotar al patriarcado. ¿Qué ha hecho el marxismo sino pararse desde un lugar claro en defensa de la clase? ¿Qué ha hecho el marxismo sino generar una teoría que sirva para la liberación de la clase obrera? ¿Qué ha hecho Marx sino inmiscuirse en la realidad de los obreros fabriles de la primera Revolución Industrial? El marxismo ha analizado al sistema capitalista desde un lugar material y subjetivo: lo hizo en pos de la liberación de los/as explotados/as, y por ello el marxismo también ha debatido con la academia. El diálogo entre una y otra teoría parece ineludible.

Empezar este artículo hablando del amor, tomar al amor como una categoría desde donde partir un texto político, es una apuesta feminista, y es también una apuesta marxista, porque ¿qué han hecho el feminismo y el marxismo sino posicionarse en pos del amor a la humanidad?

Dialéctica y feminismo

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del feminismo1: esta frase inspirada en el comienzo del Manifiesto Comunista, donde Marx y Engels2 se refieren a Europa y al comunismo, podría aplicarse hoy en términos mundiales en lo que respecta a la lucha feminista. La mayor movilización contra Trump la han dado los movimientos feministas en Estados Unidos; en Brasil, el feminismo se presenta como actor en la arena política, y es emblemático el caso del asesinato de la militante feminista y activista lesbiana Marielle Franco; en España, las mujeres han tomado parte activa del Movimiento “Indignados”; en Chile, el movimiento feminista planteó un escenario de lucha en las calles el pasado mes de mayo con manifestaciones contra la “cultura de la violación” y viene denunciando abusos y acosos en el ámbito universitario; los grupos de universitarias feministas en México también se movilizan por estos días denunciando la violencia de género y denunciando también los porras3 universitarios; en Perú, el movimiento feminista irrumpió este invierno en las calles en la marcha “Mujeres por la justicia”, denunciando a quienes administran justicia acerca de la parcialidad en el momento de juzgar casos de violencia hacia las mujeres; en Argentina, los primeros paros generales al gobierno de Macri lo han hecho las mujeres, y la llamada “marea verde” en alusión al color del pañuelo símbolo de “La Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito” ocupó el centro de la escena política en este invierno de 2018, atravesando fronteras en una suerte de internacionalismo feminista, convirtiéndose en una verdadera “aparición”. Así, en agosto de este año, diputadas chilenas presentaron un proyecto de ley para despenalizar el aborto en ese país4; por su parte en Brasil el movimiento feminista ha presentado un recurso legal que se encuentra en tratamiento por el Suprema Tribunal Federal del país, en cuanto a que revea la legalidad de los artículos del Código Penal que sancionan la práctica abortiva. Así se presenta hoy el movimiento feminista, un movimiento forjador de pensamiento crítico, que irrumpe en el terreno de lo social y lo político y viene a remover viejos estamentos patriarcales, articulando en el estar y en el pensar la relación precisa de la práctica y la teoría, la teoría que esa aparición nos viene a representar. Esa aparición, como la síntesis entre el patriarcado y las oprimidas del sistema, en una dialéctica imprescindible para los movimientos sociales y políticos que van, por estos tiempos, haciendo historia.

En este sentido, el feminismo, configura no sólo un movimiento político y social de emancipación, sino que además encarna una teoría política y ha tenido la particularidad de forjarse en una relación dialéctica entre teoría y práctica. Esta categoría que muchas autoras llaman “estrategia” (Gamba, 2007: 144) es la que distingue al feminismo de otras teorías. Es decir: se plantea como una característica particular del feminismo la de generar estrategia, no sólo de explicar o de intentar explicar los orígenes de los sometimientos, de explicar al patriarcado como un sistema de opresión, sino que además se caracteriza por delinear posibles pautas para lograr la liberación de los géneros oprimidos. Esta misma idea acerca de las estrategias y las teorías fue desarrollada por Marx, específicamente en su libro Tesis sobre Feuerbach. En la tesis 11 dice: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Marx, por 1845, presentaba una teoría ruptural, una teoría no conforme con explicar el mundo, una teoría que también ponía en el centro de la escena la posibilidad transformadora de los pueblos, “de lo que se trata es de transformar el mundo”, dice Marx en la cara a un sistema y a sus ideólogos que fundamentaban muchos de sus postulados precisamente en que las cuestiones están dadas de ciertas maneras por “leyes” de la economía, por ejemplo, y que no habría mucho más que hacer. Y no sólo se lo dice a los ideólogos del sistema, también a filósofos que si bien hacían una crítica al sistema, no daban estrategias de transformación.

El feminismo irrumpe en el escenario mundial pretendiendo no sólo explicar las causales del sometimiento, sino también planteando estrategia política para revertir ese sometimiento. ¡Basta de pensar el mundo, generemos teoría que sea capaz de cambiarlo! Y de nuevo esa relación dialéctica. No abunda señalar las primeras declaraciones sobre derechos de las mujeres nacidas al fragor de las luchas, como la “Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana” de Olympe de Gouges (París, 1791) surgida en el marco de la Revolución Francesa, o la “Declaración de sentimientos” de Candy Stanton (Seneca Falls, Estados Unidos, 1848) surgida a partir de los movimientos de abolición de la esclavitud. Un movimiento de mujeres que luego fue transformándose en feminismo, con activistas que en diversos extremos del continente y en disimiles contextos políticos, lucharon en pos de sus derechos y accionaron para cambiar sus condiciones materiales.

Es conocido el debate que las mujeres de la Revolución Bolchevique llevaron adelante con las llamadas feministas que luchaban en Inglaterra y Estados Unidos por el derecho al voto. Sin entrar en él, es necesario señalar como punto de conexión esa perspectiva dialéctica de las mujeres en ambos procesos. En uno, eran protagonistas de una revolución, en la inteligencia de la misma en reconocerlas como sujetas políticas –“¡Pero vosotros, los comunistas, queréis establecer la comunidad de las mujeres!, nos gritan a coro desde la burguesía. […] Los comunistas no tienen la necesidad de introducir la comunidad de las mujeres: siempre ha existido” (Marx y Engels, 1985)–, y pudieron a partir de allí plantear reivindicaciones del género, que aún hoy marcan la agenda de la lucha feminista. En otro, se abrazaban a la causa de la abolición de la esclavitud, en medio de un liberalismo dando sus primeros pasos. Unas sumadas a una gesta revolucionaria, otras en la lucha por el derecho al voto. Unas reconocidas como parte de una clase en términos de marxismo, y otras desarrollándose en realidades políticas conservadoras, y también tensionándolas. Unas analizando la opresión del género dentro de un sistema capitalista y asumiendo la necesidad de transformarlo, otras visualizando cuestiones que sin poner en jaque el sistema tensionaban sus pilares. Porque ¿qué hará el feminismo sino tensionar las bases de lo establecido? Así, en ambos extremos de los continentes, las mujeres fundaban un movimiento dialéctico desde su propia constitución. Unas en las creencias que la liberación de las mujeres podría lograrse con pequeñas victorias en el terreno de los derechos dentro del liberalismo, otras convencidas que sólo el cambio del sistema capitalista puede lograr una sociedad justa y que terminar con la opresión capitalista sería terminar con la opresión del género. Y en esas disparidades, en sus contextos, tensionaban la institución por excelencia forjada al fuego de la sujeción de la mujer, la familia.

La cuestión de la familia

La familia tal como la entendemos aún hoy, dentro de los parámetros del liberalismo y la religión, establecida desde la moral cristiana y los plexos legales, la familia burguesa, es la tensionada desde el feminismo. Esta familia también ha sido la tensionada desde las letras del Manifiesto Comunista, cuando propone la abolición del sistema familiar burgués y propugna una concepción social de la familia, de las tareas de cuidado y educación de las nuevas generaciones, de la protección de las personas mayores, de las tareas diarias para la subsistencia.

Marx desarrolla dos conceptos claves dentro de su teoría: la división del trabajo y la división de clases. Y dice: “La división del trabajo tiene su precedente en la familia. […] La división del trabajo comporta que se distribuyan de manera desigual –tanto cuantitativamente como cualitativamente– el trabajo y sus productos: la propiedad, pues. Esta última –como división del trabajo, cuya consecuencia es– ya tiene su gérmen, su primera forma, en la familia, donde la mujer y los hijos son esclavos del marido. La esclavitud –cierto que todavía muy rudimentaria y en estado latente– en el seno de la familia es la primera forma de la propiedad; forma que satisface en un todo a la definición que de la propiedad dan lo economistas modernos: la de ser la facultad de disponer del trabajo ajeno”. Y más adelante señala: “la división de clases como secuela de la del trabajo” (Marx, 1958: 52). Así, ubica en la familia burguesa el inicio del sistema de explotación, la sujeción inicial.

Ayer y hoy el feminismo ha puesto en el centro del debate a la familia; desde la acción política de las pioneras se ha puesto en tensión, unas propulsando una nueva constitución comunitaria de la familia en medio de una revolución socialista, otras reconfigurando su propio rol dentro del ámbito privado y reclamando derechos políticos para andar una vida en el espacio público; ambos extremos propiciando al menos una tensión en la institución familiar, cuando no la reconfiguración de la misma. En términos de familia burguesa, las búsquedas por nuevas estructuras familiares van haciendo caminos, sin embargo, el valor simbólico de la familia aún es fuerte. Las religiones, y no sólo el catolicismo, la ponderan, en términos de hegemonía; la familia burguesa sigue recogiendo consenso social.

Volviendo a la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, también ha servido para arrojar una mirada crítica de la institución, en el punto de cuestionar el “maternar” cuando se presenta como deber y no como deseo; es interesante en este punto la importancia que reviste el cuestionar a la institución de la maternidad. Los estudios feministas, que se han encargado de poner en relieve la historia de las mujeres, concluyeron que la maternidad tal como la concebimos al día de hoy es sin dudas una construcción social. De hecho, su significancia ha variado a lo largo del tiempo. Siguiendo a Engels, el cuidado de niños y niñas en las sociedades primitivas, llamadas por él “comunismo primitivo”, configuraba un quehacer comunitario, un trabajo que incluso no era privativo de mujeres, sino de todas las personas que constituían la comunidad, también era una tarea pública, era llevada adelante a la vista de todos y todas (Engels, 1974), ya que no existía la concepción de la familia que luego se fue desarrollando con los rasgos de: privada, monogámica, heteronormativa y patriarcal. Es importante destacar también que, en los primeros momentos de la historia, la muerte de las y los recién nacidas/os era muy frecuente, la carga emocional de la perdida de los hijos o hijas no era concebida como en el presente. Es decir, nos interesa seguir este hilo argumentativo para concluir que la idea de la maternidad se basa en construcciones sociales y culturales y que de ninguna manera vienen en la “naturaleza de las cosas”. Esa tarea también tiene una especial importancia como parte necesaria del sistema de producción capitalista, cuando el feminismo pone en tensión la idea de la maternidad, tensiona también las bases propias del sistema.

La lucha contra la violencia de género es otro de los tópicos que ha puesto en tensión a la familia, el postulado que promueve una constitución familiar sin violencia tensiona la idea de esclavitud familiar, de ser “propiedad” en cuerpo y alma del pater-familia: Marx citado por Engels en El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado dice: “La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus) sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas de la agricultura. Encierra in miniature todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado” (Engels, 1974: 247). Ese germen presente en la familia, se amplía en el terreno de la producción social. Silvia Federici en El Calibán y la bruja analiza el proceso de acumulación originaria que dio lugar a la revolución industrial y señala: “Este proceso requirió la transformación del cuerpo en una máquina para el trabajo y el sometimiento de las mujeres para la reproducción de la fuerza de trabajo” (Federici, 2017) y agrega que dicha acumulación no lo fue sólo de capital sino también de diferencias y divisiones dentro de la clase trabajadora, la diferenciación de tareas entre varones y mujeres de la clase trabajadora fue importantísima para la acumulación.

Ver la reproducción de la especie enmarcada dentro de un sistema económico es una apuesta del feminismo marxista; el mandato, el deber de maternar, la reconfiguración de la maternidad como cuestión de Estado en momentos donde era necesario acrecentar la mano de obra para el trabajo, resultan aún hoy categorías de análisis rupturales. La relación entre producción y reproducción propone una mirada marxista del problema, maternar como trabajo también. Al respecto señala Fany Edelman: “Limitada a las cuatro paredes del hogar, además de su función de reproductora biológica, la mujer cumple una función económica esencial. Reconstituye una cuota sustancial del trabajo del hombre al transformar las materias primas en alimentos y ropas, además de tener a su cargo el cuidado de los hijos y del hogar. Es un trabajo encubierto, trabajo “en negro” por excelencia, sin consideración social, que afecta la autoestima. De él se apropia el capitalista, que abona un sólo salario por dos jornadas de trabajo: la del obrero –de quien obtiene la plusvalía– y la de la mujer, que reproduce la fuerza de trabajo del hombre. El trabajo doméstico que no tiene valor contribuye indirectamente a abaratar el costo de la fuerza de trabajo y, en consecuencia, al aumento de la tasa de plusvalía y de beneficios para el capitalista” (Edelman, 2001: 32). Ancla aquí el concepto de “trabajo invisible”, ese trabajo no pago, ese trabajo que parte del feminismo liberal concibió a favor del varón de la familia y que el feminismo marxista, profundizando el aspecto económico y categorizándolo como parte de la plusvalía, lo planteó como trabajo a favor del capital.

Sabemos que la familia ha sido, en determinados momentos históricos, una cuestión de Estado, y hoy su cuestionamiento político sólo se lleva adelante desde los espacios del feminismo y de los grupos que luchan por la diversidad sexual y de género. Sin embargo, y más allá de que en el presente existen otras construcciones familiares, se trata aquí de cuestionar no sólo el sistema sexo/género del núcleo familiar sino y por sobre todo sus estructuras de poder. Más allá de las elecciones sobre cómo se organizan las parejas, sucede que el amor por la familia, la lealtad a la misma, el hecho de no poder cuestionar el ser parte de ella en términos materiales y subjetivos, siguen siendo aspectos difíciles de cuestionar. Así, el amor, como valor, puesto a jugar en cuanto sostén de las tareas de cuidados familiares, sigue siendo un pilar de los sistemas de acumulación.

A propósito de la enajenación/alienación y el maternar

Otros de los tópicos puestos en tensión por el feminismo es el amor romántico: “Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pago”, afirma Silvia Federici (2017). El amor romántico como concepción forma parte del engranaje simbólico que sostiene materialmente el trabajo no remunerado. Ese amor romántico es el horizonte para las mujeres dentro del patriarcado y desde ese imaginario se sostiene el trabajo reproductivo. Así, los conceptos de alienación y enajenación aparecen también en el trabajo reproductivo realizado por las mujeres en el ámbito familiar, el estar alienada/enajenada tiene como consecuencia poder llevar adelante la tarea sin replantearse el desarrollo propio, es más: vivir en la convicción de que el desarrollo propio es el desarrollo de los/as demás. Para la mujer madre y esposa, la felicidad se determina en cuanto al desarrollo de sus hijos e hijas y en cuanto a la felicidad de su esposo. La maternidad se configura así como la instancia de alienación por excelencia. “Aunque consideremos el trabajo productivo alienante en nuestra sociedad, vemos como más alienante aún el trabajo invisible que la mujer del obrero desempeña en su hogar” (Marie Langer citada por Edelman: 2001: 32). Así, las categorías de alienación/enajenación desarrolladas por Marx y basadas en las conceptualizaciones de Hegel también resurgen de la mano del feminismo para explicar un trabajo no remunerado que se hace sin el mínimo cuestionamiento; la enajenación, lo ajeno, lo que se hace por fuera del desarrollo personal. Es que la mujer para el patriarcado se desarrolla sí, y sólo sí se desarrolla su familia, si es madre y esposa, y si procura el progreso de las personas a quien cuida. No existe una superación por fuera de eso, así como el obrero para el capitalismo lo hace trabajando para el capital. Sin embargo, el obrero por ese trabajo alienado recibe un salario que, en última instancia, pone en valor ese trabajo, la mujer no recibe nada a cambio. El varón trabaja en la convicción que ese trabajo lo mejora en lo personal, y esa mejora, ese “ser mejor” se plasma en el objeto que produce; en el trabajo reproductivo la mujer se desarrolla en cuanto el desarrollo de los/as demás, no hay objetos hay sujetas/os, el trabajo alienado de la mujer es despersonificado en lo absoluto; su hacer es valor en cuanto representa logros que viven otras personas. Por ello decimos que el maternar es trabajo alienado por excelencia.

El feminismo está tensionando estos tópicos. La reciente resignificación del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a partir del llamamiento al paro internacional de mujeres, pone el acento en esto. “Si mi vida no vale, produzcan sin nosotras” se presentó como una de las consignas más fuertes de las jornadas. La cuestión del trabajo se pone en la mesa de la discusión del feminismo, pensar y repensar el lugar de las mujeres en el hogar, es comenzar a tomar conciencia de sí, ser mujeres para sí, comenzar un camino de ruptura de ese trabajo alienado en la familia y sostenido también desde un sentir religioso. Una religión puesta hoy en cuestión también por el feminismo.

El feminismo de cara a la religión

El debate por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito en Argentina también ha puesto a la iglesia en el centro de la escena, con una iglesia católica en declive, con una religión que toma nuevas horizontes a través de las iglesias evangélicas. En este punto es necesario destacar el despliegue que en los últimos años han tenido en nuestro país estas últimas. En este sentido, en medio del debate por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito, las iglesias evangélicas realizaron la demostración de fuerzas más importante de los últimos años. Luego de la media sanción en la Cámara de Diputados y antes del debate en el Senado de la Nación, las iglesias evangélicas –que si bien no estaban al margen del debate, no habían hasta el momento tomado las calles para expresar su oposición a la conquista del derecho al aborto– lo hicieron. En una manifestación, que además les sirvió en términos de las disputas que sostienen con la iglesia católica, llevaron adelante una gran demostración de fuerza, reuniendo a miles de fieles alrededor del Obelisco en la Ciudad de Buenos Aires.

Hoy, a poco tiempo del rechazo por parte del Senado del proyecto que buscaba legalizar el aborto en Argentina, las iglesias evangélicas se recrean en el movimiento “Con mis hijos no te metas”, a partir del cual buscan no sólo frenar las reformas para la ampliación de la ley de Educación Sexual Integral sino que piden la derogación de la misma; y también a partir de la concreción de un partido político, el “Partido Celeste”, color que ha simbolizado la campaña en contra del derecho al aborto. En similar sentido, las iglesias evangélicas en América Latina vienen en una escalada de poder, el ejemplo más claro puede ser el caso de Brasil, donde se posicionan en oposición directa al feminismo, a las teorías de género, a la conquista de derechos de la diversidad.

Resulta importante destacar que la irrupción pública en Argentina, en oposición al derecho al aborto por parte de las iglesias evangélicas fue reciente y como lo decíamos anteriormente fue en el marco del debate de la ley, y a días del tratamiento en el Senado. Hasta el momento era la iglesia católica quien encabezaba la oposición a la ley, así como las manifestaciones callejeras, y tan es así, que a partir del rechazo del proyecto de ley en el Senado, se comenzaron a llevar adelante diversas apostasías colectivas de una masividad inusitada hasta el momento. La apostasía habla de un feminismo agnóstico, habla de la necesidad de la separación de la religión y el Estado, entiende a la religión como parte de los dispositivos de control (Foucault, 1989).

La religión también ha sido unos de los tópicos trabajados también por el marxismo. Dice Marx al respecto: “Este Estado, esta sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d’honneur espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo” (Marx, 1844). Las religiones han sido históricamente consolidadoras de lo establecido; las teorías revolucionarias se han enfrentado con las religiones, el marxismo lo ha hecho, el feminismo lo está haciendo.

A modo de cierre

El feminismo necesariamente se presenta como una teoría y una práctica ruptural. Desde sus albores ha cuestionado las instituciones propias del patriarcado, y desde la mirada marxista hemos concluido en la relación íntima entre patriarcado y capitalismo, unas pensando en una teoría de sistema dual (Hartmann, 1980), otras pensando en aspectos complementarios de ambos sistemas (Fraser, 2011: 220-225), otras –donde nos enrolamos–, pensándolo como un mismo o único sistema. Pensando un capitalismo que no hubiera podido desarrollarse sin el patriarcado, y viceversa. Pensado lo complejo de las contradicciones y dejando lugar para que la contradicción fundante tenga además del tópico de clase, el tópico de género. Por ello el feminismo socava las propias estructuras del capitalismo. Por ello el feminismo es revolucionario. Cualquier intento de volverlo liberal no es más que la estrategia de grupos conservadores de apropiarse de las construcciones populares y revolucionarias para hacer de ellas eslogans de consumo y vaciarlas de la acción real y de la incidencia política. En los intentos del liberalismo descansan las reivindicaciones que sólo se fundamentan en los deseos personales y en las libertades individuales, y que hacen agua en construir poder popular, en debatir en los territorios. Un liberalismo enfrascado en las redes sociales pero que necesariamente se rinde a los pies de las mujeres, travestis, trans y lesbianas que se encuentran en las calles. Y que llevan adelante gestas heroicas como la lucha por el Aborto, Legal, Seguro y Gratuito.

Pensar una sociedad sin patriarcado, una sociedad que desarme los sistemas de poder mediante los cuales los varones como grupo social y político ejercen de manera vertical su autoridad sobre el resto, y específicamente sobre las mujeres, las lesbianas, las travestis, las trans y las identidades disidentes, puede parecer en cierta medida una utopía. Tanto como Marx pensó en lograr una sociedad sin capitalismo, una sociedad donde el hombre no sea lobo del hombre, una sociedad sin clase. La invitación a pelear en el terreno de lo imposible parece ineludible, aún cuando muchas feministas se posicionan enfrentadas al marxismo, llevan en el germen mismo de sus demandas las utopías propias de las teorías revolucionarias, que por cierto encuentran en la voluntad de quienes las militan la cuota de realidad que las plantean como posibles. El feminismo está en ese camino. ¿Qué habrá aquí sino un diálogo necesario y amoroso entre teorías? Cómo no encontrar conexiones necesarias, entre aquel pensador, tal vez el más humano y el más utópico, y el más justo que ha dado el siglo XIX y este feminismo que hoy se levanta, contra un orden de esclavitud y sujeción como lo es el patriarcado, en la convicción de que no habrá liberación de la clase sin liberación de las mujeres, las travestis, las trans, las lesbianas y las identidades disidentes, y aún a sabiendas de lo difícil de la victoria. ¿Qué ejemplo es más empecinado que haber estado en tiempos de un supuesto post-modernismo más de 14 horas a la intemperie, bajo la lluvia, esperando por una sanción que legalice un derecho, a sabiendas que nos esperaba una derrota?

Si quisiéramos pensar en un íntimo homenaje, y pensarlo desde el feminismo, pensamos que el homenaje es la obstinación, es el levantarse en la adversidad, es el continuar en el camino de las luchas por más imposibles que se nos presenten las victorias, el homenaje es seguir caminando en busca de la utopía.


Bibliografía

Edelman, Fany (2001) Feminismo y Marxismo, conversación con Claudia Korol. Ediciones Cuadernos Marxistas, Buenos Aires.

Engels, Frederich (1974) El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas, Tomo III. Moscú: Progreso.

Foucault, Michel (1989) [1976]. Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión. Argentina: Siglo veintiuno editores.

Fraser, Nancy (2011) Escalas de la Justicia, España, Editorial: Universidad de las Islas Baleares, Servicio de Publicaciones.

Gamba, Susana (2007). Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.

Hartmann, Heidi (1980) Marxismo y feminismo: un matrimonio mal avenido. Hacia una unión más progresiva, Zona Abierta, 20.

Karl, Marx (1958) [1845-1846] La ideología alemana, editorial vida nueva, Buenos Aires.

Karl, Marx y Engels, Frederich (1985) [1848] El manifiesto comunista, Editorial Ateneo, Buenos Aires.

MacKinnon, Catharine (1989) Hacia una teoría feminista del estado. Madrid: Ediciones Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la Mujer.

Citas electrónicas

Bellucci, Mabel y Norman, Viviana (2016) http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wpcontent/uploads/2016/03/articulos/018_19.pdf Recuperado el 30/08/2018.

Federici, Silvia (2017) http://hojacero.com.ar/2017/06/14/silvia-federici-lo-que-llaman-amor-nosotras-lo-llamamos-trabajo-no-pagado/

Harding, Sandra (1987) ¿Existe un método feminista? Feminismo y metodología, Bloomington/indiana University Press. https://investiga.uned.ac.cr/cicde/images/metodo.pdf Recuperado el día 24/7/2018.

Marx, Karl (1844) Crítica de la filosofía del Estado de Hegel https://creandopueblo.files.wordpress.com/2013/10/marx-crc3adtica-de-la-filosofc3ada-del-estado-de-hegel.pdf

1 En rigor de verdad, esta frase fue utilizada por Mabel Bellucci y Viviana Norman para titular un artículo a propósito de los 150 años del Manifiesto Comunista. No vamos a retomar las cuestiones planteadas por las autoras en el mismo, sólo nos interesaba la frase en cuanto ponerla a jugar con las recientes movilizaciones del feminismo a escala mundial y específicamente en nuestro país.

2 El manifiesto comunista editado en Alemania en 1872 comienza así: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.

3 Los grupos porriles son formados por estudiantes universitario de la extrema derecha que tienen su centro de actuación en la vida universitaria, y tienen como objetivo político desarticular las luchas universitarias, romper marchas y huelgas, incluso siembran el terror agrediendo físicamente a militantes de las izquierda. Es interesante realizar un paralelo con el grupo Concentración Nacional Universitaria (CNU), que actuaron durante la última dictadura militar, y fueron grupos de derecha conformando por universitarios que se encargaban de secuestrar y asesinar a militantes populares. Estos grupos actuaron con más fuerza en La Plata y Mar del Plata.

4 Ver http://latfem.org/chile-presentaron-proyecto-de-ley-de-despenalizacion-del-aborto/.