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La COP25 ha fracasado. Es un fracaso de la humanidad

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Por Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Las complicadas y decepcionantes negociaciones que se llevaron a cabo en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP25), realizadas en Madrid en la primera quincena de diciembre, no hacen sino confirmar que el afán de lucro es la pulsión que domina en la especie humana en la actualidad, y que mientras el sistema que la tiene como centro y motor siga prevaleciendo, vamos camino a la peor catástrofe a la que se ha podido enfrentar la humanidad en toda su historia.

En el momento en que necesitamos de mayor lucidez y determinación, para acometer las ingentes tareas que tenemos por delante para detener los efectos del deterioro de nuestro medio ambiente, aparece en la escena política internacional una cohorte de politicastros que parecen competir por el cetro del más estúpido, que no tiene el más mínimo pudor en desvalorizar las advertencias cada vez más severas de la ciencia, en burlarse de ellas y proseguir en la loca carrera hacia el precipicio que se nos vaticina.

Si algo queda cada vez más en evidencia en nuestros días, es que el paradigma basado en la noción de progreso entendido como crecimiento económico continuo e interminable, a costas de la extracción de recursos naturales, ha llegado a su límite. El planeta Tierra es incapaz de seguir manteniendo las consecuencias de esta forma de entender el desarrollo en el que, por demás, no solo se extraen recursos de forma voraz, sino que se distribuyen inequitablemente y se desperdicia más de un tercio.

El ambiente de pesimismo y desesperanza que genera está situación permea a toda la sociedad humana. Cada vez más se toma conciencia del secuestro que estamos teniendo de nuestro futuro por un puñado de inescrupulosos que no dudan en anteponer sus intereses particulares al de la humanidad en su conjunto.

Como hace muchas décadas no se veía, se suceden explosiones sociales de descontento en todo el mundo. Los principales protagonistas de estas manifestaciones son principalmente las jóvenes generaciones, es decir, aquellos cuyo futuro es más incierto, los que heredarán el desastre mayor de la historia humana.

Dado lo visto en esta COP25, pareciera que el diálogo civilizado no prevalecerá como forma para encontrar las soluciones pertinentes y necesarias, y cuando los efectos de lo que se anuncia se dejen sentir en toda su potencia, será cuando esas fuerzas que hoy anuncian su descontento y desasosiego un poco a tientas, se manifestarán enfurecidas y se llevarán por delante a todas estas camarillas de privilegiados.

Esa será la revolución que cambiará al mundo. Ya que no se ha podido por las buenas, será de esa forma porque no habrá opciones. El cambio climático acentuará y agudizará todas las contradicciones y llevará al paroxismo. Se tratará pura y simplemente de quitar de un manotazo desesperado a quienes tercamente siguen obstaculizando las posibilidades de supervivencia de la especie, para intentar frenar, quién sabe en qué nivel de degradación,  la loca carrera hacia el holocausto.

Así que este fracaso de la COP25 hay que verlo con enorme preocupación porque augura lo peor que podemos esperar. Ya que no hemos sido capaces de hacerlo por una vía civilizada, hemos abierto las puertas a otro tipo de acciones desesperadas en el futuro.