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Vicky Izquierdo: «Argentina es un campo de concentración para travestis».

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Por Noel Campuzano

En el teatro Bastión del Carmen en Colonia del Sacramento se presentaba La Zapatera Prodigiosa, obra histórica de Federico García Lorca. Junio, pleno invierno Uruguayo. En ese entonces regía el Partido Colorado. Ella actuaba en esa obra. Cansada, a la salida de la función y después de una cena, se fue caminando hacia la casa de uno de sus compañeros de teatro para buscar sus cosas y volver a su casa. En el trayecto, a las cuatro de la mañana un militar la frenó apoyándole un arma en el pecho. El milico, con los ojos crispados, exaltado, envalentonado. Buscaba a un tal Andujar, aparentemente era tupamaro. Ella sacó el documento y el militar constató que no era ese Andujar que tanto buscaba. La dejó ir. A la media cuadra ella escuchó una ráfaga de disparos que hizo que el tiempo se le detuviera. Se dió vuelta. El milico había cosido a tiros a un civil. Sesenta balas habían impactado en ese cuerpo que ya no era cuerpo, sino cuero quemado y desarmado. Ese día empezó el infierno de Vicky en Uruguay.

Vicky enfrentó todo esto sola con su metro ochenta y pico. Tiene con qué aguantar las piñas de la vida. Como Lohana Berkins: lleva en el cuerpo la furia travesti.
Hizo la denuncia y de ese juicio cuatro militares fueron presos. La persiguieron, hicieron que su vida en Colonia fuera un calvario. Amenazas de muerte de por medio, se exilió en Argentina. Nunca más hizo teatro.

Vicky Izquierdo es referenta de la primera sección electoral que comprende 24 municipios. Coordina la provincia de Buenos Aires dentro de OTRANS Argentina (Asociación Civil, que trabaja por la defensa y promoción de los derechos humanos de la comunidad Trans en Argentina) y es miembro del Frente Federal Trans y Travesti de Argentina.

Se crió con su abuelo porque la madre la odiaba: “Mi mamá me quiso abortar y no pudo. Nací igual. A los 8 meses de nacida intentó matarme. Me metió en un tanque de agua para ahogarme, pero me salvó mi abuelo. A los 2 años lo intentó de nuevo. Entonces mi abuelo me llevó y me crió. Cuando yo tenía 11 años mi abuelo falleció de un infarto. Y a partir de ahí empezó mi odisea, dormí abajo de un puente, comí de los tachos de basura. Pero siempre busqué la manera de seguir estudiando aún estando en la calle”.

Su padre biológico era gitano. Él tenía 40 años y su madre 18 y tres meses de embarazo encima. Él le decía que se iba de viaje de negocios. Un día cayó la policía en la casa de la madre, y ahí es cuando ella, embarazada de Vicky, se entera que su marido era contrabandista y que había caído preso en Venezuela porque tenía pedido de captura.
Vicky sostiene que la madre intentó matarla tantas veces por odio a su padre.

Un año antes de que falleciera su abuelo, el hermano de su padrastro la había violado, y ella le contó a su madre. Ella le contestó que se jodiera, que eso es lo que le gustaba, si era puto.
“Me encantaría tener una goma bien grande que pueda borrar todo eso que pasé”, dice con ojos vidriosos la referenta travesti.

Por eso milita hace 30 años: “Para mi la militancia tiene que ver mucho con ayudar a otres. Dar ese apoyo que yo no tuve. La militancia a mi me fortalece”.
En su casa siempre pararon chicas trans que no tenían donde vivir, y de alguna manera siempre intentó luchar con ellas contra las drogas y la prostitución.
“Yo nunca me quise prostituir. Nunca me dejé arrastrar a donde nos quiere llevar a las travestis este sistema.”, y sentencia: “Argentina es un campo de concentración para nosotras. Nos matan por existir.”

Es fin de septiembre y se acerca el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis -Nombre de facto, porque la Comisión Organizadora no lo reconoce-. Vicky ceba mate. Una cucharada de azúcar por cada tirada de agua. Se prende un pucho. Fuma mientras habla con esa pausa característica de quien está elaborando una respuesta completa. Habla del feminismo al que le hace falta pasar un plumero. Habla de un feminismo colonizador que excluye a las identidades travestis y trans. Se ata el pelo rubio platinado con un broche, ceba otro mate. Todo en silencio. Piensa en voz alta: “Nos borran de los talleres, de las charlas, de los discursos. Nosotras seguimos poniendo el cuerpo y dando batalla. Seguimos teniendo nuestra propia voz”.

Izquierdo organizó con otras compañeras un grupo de disidencias de toda la Zona Norte de la provincia de Buenos Aires. Son 30 chicas trans y travestis en la mesa de trabajo. De las 30 es la única que no se maquilla. En relación a ese feminismo colonial apareció una couch para enseñar a modular y hacer ejercicios para que aquellas chicas que tienen la voz mas de hombre sean más femeninas. Algunas chicas de la mesa se anotaron y le comentaron a Vicky y ella: “Ustedes tienen esta voz. No tienen que aparentar nada. Ustedes son travestis. Somos esto y es nuestra identidad la que rompió con esa linealidad heteronormativa binaria y es eso lo que tenemos que defender. Calzamos 44, y hay que aceptarlo”. En eso coincide con Lohana Berkins: no hay que seguir la demanda del mercado social.

El sábado siguiente a esa reunión se hizo una charla en La Casa Compañera Leonardo Favio, el centro cultural de la Secretaría de la Mujer del PJ de Vicente López. Esa charla fue organizada por el grupo Disidencias En Lucha, integrado por Vicky. En la charla, ella estaba sentada en un sillón que en su espalda sostenía una gigantografía de Cristina Kirchner. “Estamos paradas en el mismo lugar de donde empezamos”, reclama. “Recibo todos los días mensajes de compañeras pidiéndonos para comer, pidiendo medicación. Estamos todo el tiempo mendigando. Militamos, viajamos, vamos a charlas, visibilizamos, pero cuando llegamos a nuestras casas no tenemos un plato de comida”.

En ese encuentro de disidencias se visibilizaron todas las áreas donde las travestis son violentadas. Vicky escuchó atentamente a sus compañeras. En el cierre de la actividad hubo un show musical que cuando terminó volvió a empezar, porque Vicky empezó a cantar A Mi Manera. Todo el público quedó en silencio. Era un silencio de sorpresa, de conmoción. La primera victoria de Vicky es tener 54 años. En promedio el colectivo de trans y travesti no llega a los 35 años de vida. Vicky cantaba y todas escuchaban conmocionadas. Ella siempre lo repite: el arte es una manera de militar, da la posibilidad de ser, pertenecer y dejar un mensaje.

En Uruguay el candombe es un arte típico, viene de los negros, de los afro. Es una danza tradicional que lleva un mensaje: a los negros se los perseguía y se los mataba, igual que a las travestis. El candombe se instaló en las calles y a los negros ya no los persiguieron ni los mataron.