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Centroamérica y las políticas de “tercer país seguro” de la administración Trump

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Por Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Acorde con su convicción que es el país maravilloso que irradia luz por el mundo, que todos queremos vivir en él y quienes no lo logramos morimos de envidia y hacemos lo posible por sabotearlo, los Estados Unidos intenta mantener alejada de su frontera lo que considera la podredumbre derivada del fracasado universo que los circunda y que, solo por su benevolencia, logra penetrar en su territorio llevando males que descomponen su mundo feliz.

El producto de ese cosmos de fracasados que los rodea somos nosotros, los “países mexicanos”, suburbio eternamente bullente que envía en oleadas migrantes, narcotraficantes, delincuentes juveniles, asesinos y estafadores trásfugas feos y la mayoría de las veces sucios, malolientes, que les afean sus prístinas catedrales del consumo en donde, idealmente, solo deberían reflejarse en sus vitrinas seres pelirrubios, angloparlantes nativos y mascadores de chicle.

El Jefe Mayor de esa estirpe de privilegiados habitantes del paraíso terrenal, un descendiente de alemán fundador y administrador de prostíbulos, protagonista central de un reality show en el que creíamos que su gesto ceñudo era impostado pero no -ya vimos que le era connatural-, está decidido a mantener a raya a tanta lacra circundante y, para ello, no vacila en trinar amenazas tonantes desde su cama mientras come hamburguesas o, a veces, también desde un podio de madera que le han arreglado en los jardines de palacio.

Sus últimas amenazas, perifoneadas a los cuatro vientos por los sistemas aludidos y por sus mensajeros enviados a los cuatro puntos cardinales, tienen que ver con que el centro del mundo no permitirá más filtraciones de esa lacra que se cuela por los resquicios de sus bordes. Serán detenidos –dice- lo más lejos posible, allá en donde él y sus coterráneos entienden que existen territorios perdidos en la bruma, sitios solo visitados por esos sus emisarios bravos y valientes aunque también, de vez en cuando, por embajadores de buena voluntad de la ONU, como la señora Angelina Jolie, por ejemplo, que salen de sus mansiones millonarias de vez en cuando para tomarse fotos con los desarrapados.

Cuenta, por suerte, con aliados incondicionales entre esos pigmeos despreciables. Los hay de toda laya y color político pero, como se sabe, a político regalado no se le ve la muela. Es tanta la suerte con la que corre, que algunas de las ideas más descabelladas no se le ocurren a él sino a ellos. Son no solo ingeniosos esos politiquillos de baja estofa: algunos llegan a creerse el presidente más cool del mundo, y lo trinan con desparpajo a altas horas de la noche, cuando sus desprevenidos y cansados conciudadanos querrían un respiro de tanta ingratitud mundana.

Otro, no teniendo ya la posibilidad de verse al espejo, sonreír y llamarse cool, estando ya a las puertas de dejar los salones en donde persiguió borracho a núbiles funcionarias enviadas hasta él como ofrendas, firma convenios que condenan a su país a convertirse en campo de reclusión de los que tocaron las puertas del paraíso pero no fueron recibidos.

El resto de pequeños caciques de las parcelas circundantes al epicentro de la felicidad perpetua callan, esperanzados en que en ellos no se posará la mirada furibunda del osco Jefe Mayor, que no los mandará a llamar para regañarlos y exigirle buen comportamiento y, para terminar de derrumbar su popularidad entre los pocos que aún le son fieles, les exija firmar uno más de esos convenios.

Pero aunque se escondan tras su silencio cómplice, los emisarios enviados por el Jefe Mayor se han parado en la esquinas de las caóticas urbes vecinas y han leído un bando: que se preparen todos, que nadie escapará al ojo escrutador del omnímodo regente cejijunto del Norte; a todos les llegará su turno y todos deberán contribuir a la magna cruzada de higienización del emporio de la prosperidad perpetua.

 

Los presidentes de Centroamérica no han podido dormir esta noche.