Inicio Argentina PRECIOS Y SALARIOS | OBSERVATORIO DE POLÍTICAS PÚBLICAS | UNDAV

PRECIOS Y SALARIOS | OBSERVATORIO DE POLÍTICAS PÚBLICAS | UNDAV

81
0

En el último año, los salarios perdieron casi 14% de capacidad de compra de alimentos básicos.

RESUMEN GENERAL
• La inflación después de meses de alcanzar máximos históricos
desde 1991 en su comparativa interanual se posiciona en el
55,8% en junio. La inflación mensual mostró su menor nivel en el
año (2,7%) lo que se relaciona con la relativa estabilidad
cambiaria y el freno momentáneo al aumento de las tarifas de
los servicios públicos.
• Entre los que más suben, se encuentran los bienes primarios
propios del consumo alimentario básico. Se trata de bienes de
baja elasticidad, que típicamente no pueden ser sustituidos por
otros o postergados en su consumo ante aumentos de precios.
• Los bienes alimentarios básicos componen una proporción
mayor del consumo de las familias que conforman los
segmentos socioeconómicos más bajos. Por lo tanto, subas
descomedidas en estos productos tienen impacto directo en los
indicadores de pobreza y de indigencia.
• Hay una vinculación directa entre aumento de tipo de cambio y
precios de los alimentos, y, pese a la tranquilidad cambiaria de
los últimos meses, se siguen mostrando evidencia de
recuperación de estos precios dolarizados tras los últimos
saltos cambiarios.
• En la presente infografía, indagamos en los aumentos de precios
de los alimentos en los últimos meses. A partir de un
relevamiento de precios, computamos las principales subas del
mes de mayo, y las vinculamos a los aumentos en otros
períodos. Además, evaluamos diferentes criterios de ingresos
familiares, en relación al precio de los alimentos.
• En el detalle por productos, se registraron en junio subas
considerables en queso en barra (+97,2% interanual), yogur
(+93,6%), hamburguesas (+89,8%), leche (83,2%), pollo (82,1%),
yerba (82%), manteca (79,9%), etc.
• Estos aumentos traslucen un proceso asimétrico que se
separan de la inflación promedio general. Por caso, el rubro
“leches, lácteos y huevos” del IPC para el segmento GBA, en un
año ya aumenta 30,2 puntos por sobre la inflación general
interanual.
• En igual sentido, “aceites, grasas y mantecas” sube 21,5 puntos
sobre la inflación promedio, mientras que “café, té, yerba y
cacao” y “carnes y derivados” lo hacen en 17,3 y 5,6 puntos
porcentuales, respectivamente.
• Por su parte, en el canal mayorista, el segmento relativo a
productos primarios ya aumenta 62,9% anual y, en particular, el
segmento de productos agropecuarios trepa 74,8% en un año.
Esto representa 7 puntos por encima del IPC-minorista. Además,
el segmento “nacionales” de los precios mayoristas aún
permanece más de 5 puntos sobre la inflación minorista, hecho
que da cuenta de la comprensión de márgenes de ganancia y
garantiza continuidad de la inercia para meses venideros,
explicada por la búsqueda de recuperar el terreno perdido.
• La contracara de este proceso es la rotunda caída del poder
adquisitivo de los ingresos. Medido en relación al haber mínimo,
se registra una caída de poder de compra de la canasta básica
del orden de 9,2 puntos, en el último año. Esto se agrava para el
segmento de los asalariados. Por caso, la pérdida de poder de
compra de las y los trabajadores que cobran la mínima es de 13,9
puntos.
• Con todo, los alimentos básicos ya crecen 5 puntos por sobre la
inflación, y aumentaron más que el resto de los bienes y
servicios generales en nueve de los últimos doce meses.

INTRODUCCIÓN.
La elevada y persistente inflación que se está registrando en
la argentina desde hace tres años es sin duda un perjuicio
para toda la sociedad. No obstante, la misma impacta de
manera diferencial en función del grupo social que se trate. En
particular, aquellos que no tienen una forma de ajuste de sus
ingresos que les permita superar los aumentos del índice
general de precios se verán especialmente afectados por esta
dinámica. El aumento de los precios ha sido persistente
durante los últimos 3 años principalmente por tres motivos.
El primero tiene que ver con la constante incertidumbre sobre
el tipo de cambio y sus consiguientes saltos en cada periodo,
especialmente luego de la liberalización del tipo de cambio en
diciembre de 2015 ni bien asume la actual administración y
durante 2018 con la suba del tipo de cambio de más del 100%
en pocos meses con fuertes pérdidas para el BCRA que intentó
frenar la corrida sin éxito. En un año electoral y con los
indicadores de solvencia financiera macro en caída no se
estima que la aparente y relativa estabilidad cambiaria actual
continúe su duración, por lo tanto, tampoco se espera que el
proceso de estabilización de precios se logre en el corto plazo.
El segundo tiene que ver con los aumentos acelerados de los
servicios regulados, estos son los servicios públicos y algunos
otros bienes como el combustible. Los tarifazos han sido la
norma desde diciembre de 2015 a un nivel realmente
vertiginoso. Estos han crecido muy por encima del nivel
general del IPC, arrastrándolo como así también a toda la
estructura de precios de toda la economía, con lo cual, gran
parte de la aceleración inflacionaria está explicada por este
componente. Por último, la elevadísima tasa de interés que
propone la política del BCRA para intentar contener el precio
del dólar representa un costo para las empresas, por lo tanto,
necesitan cubrirse del mismo y para eso no tienen otra forma
que trasladar parte del costo a los precios de los bienes y
servicios que ofrecen. No obstante, el crecimiento de los
precios internos por supuesto que presenta un límite y es la
capacidad adquisitiva. El precio de los bienes y servicios
puede aumentar siempre y cuando encuentre demanda
solvente para los mismos. Es por esto que los precios internos
han crecido aún por debajo de los precios mayoristas, y a su
vez, estos por debajo del tipo de cambio nominal. Por lo tanto,
el pass trought no es completo produciéndose una devaluación
en términos reales. La actual política del BCRA de intentar
contener el tipo de cambio fortaleciendo la política monetaria
y operando en el mercado de cambios con las reservas que le
otorga el FMI se hace con el objetivo de desalentar el primer
motivo mencionado de crecimiento en los precios. No
obstante, en tres años los ingresos de los hogares han
quedado sistemáticamente por debajo de la inflación y mucho
más por debajo del precio del dólar.

INFLACIÓN ASIMÉTRICA, POTENCIANDO DESIGUALDADES

El crecimiento de los precios, en especial durante el último
año, ha impactado en forma más acentuada sobre los bienes
de mayor necesidad para el consumo familiar, produciendo un
evidente efecto regresivo sobre la distribución de los ingresos.
Esto se pone en evidencia cuando se observa la evolución de
las partidas del índice de precios que representan consumos
básicos. En este caso, las partidas que más inciden en el
consumo de las personas de menores ingresos tienen que ver
con la alimentación, las tarifas de servicios públicos como
electricidad, gas y agua, y el transporte público. Estas partidas
son justamente las que más han aumentado en el último año
luego de la brusca devaluación de la moneda y la aceleración
de la inflación a partir de abril pasado.
No obstante, una de las políticas emblema de la actual gestión
de gobierno fue la liberalización de las tarifas de los servicios
públicos y la quita de subsidios, lo que derivó en una fuerte
suba de los mismos. Estos implicaron desde diciembre de
2015, aumentos que estuvieron sistemáticamente por encima
de la evolución del IPC general. Tanto las tarifas de
electricidad, como las de gas, agua y transporte público han
tenido fuertes aumentos lo cual ha impactado de manera
particular en los sectores de menores ingresos. Como se
puede observar, tomando el IPC que mide la Ciudad de Buenos
Aires, a junio de 2019, los gastos vinculados a la vivienda, el
agua y la electricidad, han crecido en un 389% y los del
transporte público un 270,3%, mientras que la evolución del
nivel general alcanzó el 217,3%. Es decir, el primero creció en
un 78,9% por encima del nivel general y el segundo en un
24,3%.

ÍNDICE DE PRECIOS, SEGÚN SEGMENTO

(en número índice, base nov-2015=100)

Por otro lado, si se observa al interior del primer rubro se
encuentran desagregados los conceptos de electricidad, gas y
agua. Estos han tenido aumentos todavía mayores. Por ejemplo, el del suministro de electricidad ha crecido en un
1.925%, el de gas un 966% y el de agua un 818%. Esto representa
que cada uno ha crecido por encima del nivel general en un
785%, 344% y 276% respectivamente.

ÍNDICE DE PRECIOS, SEGÚN RUBROS

(en número índice, base nov-2015=100)

En lo que refiere a alimentación se puede observar que
distintos productos de este rubro han evolucionado muy por
encima del IPC general, algunos incluso casi han duplicado el
aumento en el periodo del índice. Tal es el caso del aceite de
girasol (379%), la harina de trigo común (367%) y la manteca
(358%). Otros artículos de primera necesidad han tenido
fuertes aumentos y superiores al IPC general como sal fina
(306%), pan rallado (303%), leche (281%), queso en barra
(284%), pan francés (251%), hamburguesas (259%), entre
otros.

AUMENTOS EN ALIMENTOS

(en % acumulado nov-2015/jun-2019)

Pero en el último año, la inflación se ha acelerado e impactado
de manera particular. Para este caso se toma el IPC que mide
el INDEC a nivel nacional. En junio de 2019 la inflación, medida
en términos interanuales (variación acumulada desde mismo
periodo de 2018) tras alcanzar el récord desde 1991, se sitúa en
el 55,8%. En cambio, la inflación en alimentos alcanza el 60,8%,
creciendo un 9% más que el nivel general. Fenómeno similar
se observa en el transporte, cuyo índice de precios creció
63,6% y también se trata de un bien necesario del cual los
argentinos no puede prescindir para su día a día.

ÍNDICE DE PRECIOS, SEGÚN CAPÍTULO

(junio de 2019 – en % de variación interanual)

Al mismo tiempo, es posible adentrarse en el comportamiento
de algunos bienes esenciales en particular durante los
últimos 12 meses. De los 14 precios de productos básicos que
publica el INDEC a nivel nacional se tiene que 10 han tenido
aumentos por encima del IPC general. Esto nuevamente
demuestra el fuerte impacto que ha tenido la última
aceleración inflacionaria sobre los bolsillos de los hogares con
ingresos mensuales, sean asalariados o jubilados. Se
destacan los incrementos de detergente líquido (100,4%),
leche entera fresca (86,2%), lavandina (85,6%), fideos secos
(81,3%) y pollo entero (80,1%).

PRINCIPALES AUMENTOS DE PRECIOS EN LOS ALIMENTOS Y BIENES ESENCIALES

(junio de 2019 – en % de variación interanual)

EL PODER ADQUISITIVO DE LOS SALARIOS SE SIGUE DETERIORANDO.

La inflación redunda en numerosas consecuencias negativas
para el funcionamiento económico. Los agentes económicos
tienen dificultades para planificar sus decisiones en materia
de producción y consumo debido a la incertidumbre que
generan los precios de toda la economía moviéndose mes a
mes. Además, la el alza sostenida de precios internos implica
la pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional. Por lo
tanto, las familias se ven imposibilitados para utilizar la
moneda nacional como forma de ahorro, lo que implica que la
moneda doméstica se vea desplazada de la órbita del
atesoramiento y sea utilizada únicamente en su función de
medio transaccional. Al quedar vaciada la moneda doméstica
de su función como reserva de valor, los hogares
necesariamente recurren a otras formas de ahorro que van
desde un plazo fijo hasta la compra de dólares. Pero en esta
infografía analizamos el problema inflacionario como el
impacto que la pérdida de poder adquisitivo que reciben los
hogares sobre sus ingresos nominales como consecuencia de
la misma. En momentos donde la inflación se acelera por
encima de los ingresos nominales del hogar, necesariamente
este verá como sus ingresos pierden el poder adquisitivo
mantenido otrora. De convertirse en una situación
permanente, los hogares pueden perder una importante
porción del valor que reciben para su reproducción en
condiciones normales. Esto es lo que ha venido aconteciendo
de manera sistemática desde diciembre de 2015, con un
periodo excepcional durante 2017. Pero incluso, el impacto de
la inflación en el poder adquisitivo de los hogares puede tener
un impacto asimétrico si esta se produce más intensamente
en los componentes del IPC que corresponden especialmente
a las cestas de consumo de los hogares más vulnerables. Esto
es, en los bienes y servicios necesarios para la vida. Estos
bienes y servicios representan una porción importante del
consumo de estos hogares en relación a los hogares de
mayores ingresos. Estamos hablado, claro está de los
alimentos y servicios públicos, ítems que, como se mostró,
sobresalen de los demás.
A continuación se realiza un análisis sucinto de la evolución
de distintos componentes del ingreso de los hogares
argentinos en relación al índice de precios al consumidor
desde diciembre de 2015. Se constatará que los diferentes
ingresos nominales tuvieron evoluciones que los ubican por
debajo del IPC, alcanzando en algunos casos trayectorias que
se posicionan hasta un 35% del mismo en algunos casos. Por
lo tanto, significa que algunos componentes de los ingresos
de los hogares han perdido más de un 30% de su valor en
relación a 2015, como en el caso de los salarios en el sector
industrial. Esto representa una caída colosal.
Para empezar, se toma el IPC de la CABA ya que contiene una
serie larga que se puede remontar noviembre de 2015, de
modo de medir su variación desde el mes de diciembre de
dicho año. Desde tal mes los precios a nivel general
aumentaron un 217,4% en apenas 3 años y medio. Se han tomado a su vez distintos indicadores que representan
ingresos que perciben los hogares. Todos crecieron en menor
proporción que el IPC general. En el caso de los pasivos el
haber mínimo creció un 168,3% en el periodo, las jubilaciones
promedio un 201% y las pensiones medias un 208,3%. La AUH,
tras el incremento excepcional de marzo casi que mantiene el
poder adquisitivo de 2015. Sin embargo, estuvo por debajo en
prácticamente todo el periodo de gestión del actual gobierno
y es sabido que no sufrirá incrementos durante lo que resta
del año.

PRECIOS E INGRESOS

(en % acumulado dic-2015/jun-2019)

Por el lado de los salarios del sector privado, se observa que
los registrados crecieron en promedio un 155% en el periodo,
63 pp. por debajo del IPC. Sin embargo, estos presentaron una
importante dispersión. Mientras que los salarios industriales
crecieron un 149,9%, los del sector de intermediación
financiera lo hicieron en un 154,9%, lo que está relacionado con
la caracterización del modelo realizada en anteriores entregas
en donde se demuestra que los sectores financieros son los
principales beneficiarios del actual modelo económico. Los
salarios mineros acumulan un alza nominal de 158,9%. No
obstante, todos crecieron por debajo de la inflación. Además,
más perjudicados fueron los salarios agrícolas, que crecieron
apenas un 151,1%.
Cuando se estudia el impacto que el IPC ha tenido sobre los
ingresos reales anteriormente descriptos se encuentra que
las caídas son profundas en algunos casos. Por el lado de los
pasivos, el haber mínimo jubilatorio es el que más ha caído,
se encuentra un 22,6% por debajo del de 2015.

VARIACIÓN DE INGRESOS REALES

(en % acumulado dic-2015/jun-2019, neto de inflación)

En el caso de las jubilaciones y pensiones promedio la caída
es menor pero significativa, de 7,5% y 4,2% respectivamente.
La AUH ha perdido parte del aumento recibido en marzo y ya
presenta una contracción de 0,7% real. Sin embargo, por la
dinámica de precios que aún perdura tendrá mucho terreno
por perder aún durante 2019.
En cuanto a los salarios, las caídas alcanzan el 31% y 30,5% en
el caso de los sueldos industriales y agrícolas,
respectivamente. Es decir, se les ha quitado 4 meses de su
ingreso anual en apenas 3 años. Los mineros han perdido un
26,9% (aplicando la misma lógica, más de 3 meses de su
ingreso anual). En el medio se encuentran los salarios del
sector financiero, que muestran una caída real de 28,8% de
sus ingresos.
Finalmente, valiéndonos del índice de variación salarial
elaborado por el INDEC, es posible cotejar los incrementos
diferenciando entre formales e informales y contrastarlos con
la evolución de las canastas básicas (alimentaria y total),
siendo estas un mejor reflejo de la variación de precios de los
sectores de menores ingresos debido a la mayor ponderación
de alimentos.
Esta segmentación permite observar no sólo que la pérdida de
poder adquisitivo es generalizada, sino que no sólo los bienes
más esenciales han presentado incrementos mayores, sino
que los trabajadores que tienen acceso a empleos precarios
(sin cobertura médica ni descuento jubilatorio), muestran los
incrementos salariales más bajos.
La pérdida de poder de compra de los trabajadores informales
en términos de canastas básicas es de 18,8% en los últimos 12
meses. Esto redunda evidentemente en un incremento en la
tasa de incidencia de la pobreza (35% en el semestre que va
de septiembre 2018 a marzo 2019), sino que también
profundiza la desigualdad de ingresos.

VARIACIÓN DE SALARIOS Y CANASTAS BÁSICAS

(formales/informales, en % acumulad, junio del 2019)

Fuente: UNDAV