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VICENTE LÓPEZ | Los derechos humanos no se olvidan

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Por Roberto B | Semanario Prensa Libre Zona Norte

La Liga Argentina por los Derechos Humanos tiene una larga tradición en nuestro país. Nacida en el año 1935, como el Socorro Rojo, se ocupaba por entonces de solidarizarse y brindar ayuda a las víctimas de los regímenes nazi fascistas que estaban en ascenso, denunciando las detenciones de quienes luchaban por la libertad de sus pueblos y se oponían al totalitarismo y a la intolerancia de aquellos gobiernos que perseguían a los opositores.

“La Liga”, como se la llamaba y se la menciona aún hoy, fue reconocida poco después, tanto internacionalmente como en nuestro país. Aquí, desempeñó una importante y abnegada labor, denunciando la intolerancia política, que hacía que los opositores terminaran con frecuencia encarcelados, aún en los cortos períodos democráticos que hubo hasta hoy. Pero su labor tuvo ribetes heroicos cuando denunció y se enfrentó a los criminales que gobernaron al país durante la dictadura militar de 1976, con su secuela de tortura, muerte y desaparición de quienes se oponían a ella y a sus aberrantes acciones.

En la tarde-noche del frío miércoles tres de julio, se dieron cita más de treinta vecinos, preocupados por la democracia, y por la existencia de presos políticos en la Argentina actual, muchos de ellos sin proceso ni condena, acusados de delitos políticos por jueces impresentables, siempre al servicio de intereses contrarios a los de la mayoría de la población.

En la reunión se constituyó la filial local, presidida por Alejandro Avot, quien presentó a la madrina de la entidad, Iris Avellaneda, quien hizo un relato de la actividad de la entidad “que tiene más de 80 años, como mi edad” dijo, y que habló sobre las acciones que la Liga realizó y realiza en la actualidad, de su labor en la promoción y defensa de los derechos humanos, de los pueblos oprimidos, contra la violencia de género, y en la defensa de los luchadores de nuestro país y del mundo, perseguidos por oponerse a las dictaduras.

Durante su intervención recordó al abogado Julio Viaggio, fallecido en 1983, un luchador inclaudicable en la defensa de los derechos humanos, que por su labor de denuncia y ayuda a los presos sufrió cárceles y persecuciones. Y mencionó el permanente intento del poder por hacer que se olviden los sufrimientos de miles de personas que lucharon contra los dictadores; de las muertes, persecuciones y cárceles, a las que se vieron sometidas decenas de miles de personas por el ‘delito’ de oponerse a las dictaduras y exigir el respeto debido a la dignidad humana.

Recordó también los lugares que sirvieron de campo de detención y exterminio en terrenos de Campo de Mayo, donde todavía se encuentran restos de víctimas enterradas, y que hoy se pretenden lotear (triste destino debe ser la vida en edificaciones bajo las cuales todavía se encuentran enterrados restos de seres humanos asesinados por sus captores).

Finalmente, se dijo, la memoria viva será lo único que puede impedir la repetición de aberraciones como las pasadas en la Argentina, y que todos, incluso quienes cerraron los ojos frente al horror por el que atravesó nuestro país, puedan vivir en paz, aún en disidencia, pero con la convicción de que el genocidio y la intolerancia no pueden existir ni en el país ni en el mundo.