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Cuando no es no

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Por Juan Disante

Cuanto más permanezca el Macrismo en el gobierno, más años va a tardar la Argentina en recuperarse de un País devastado socialmente y casi en liquidación de su hacienda. Las incidencias, a lo largo del tiempo, de éste neoliberalismo descerebrado no va a hacer otra cosa más que profundizar a fondo las diferencias sociales y las inequidades contra el pueblo.

Si se toma lo anterior como una premisa cierta, quedan por resolver dos cosas:

1)  ¿Pueden quedar esperanzas de que cambie la política económica y social de Cambiemos?                 La respuesta es NO.  

2)  ¿El sostén de la Democracia o de la “gobernabilidad” nos obliga a esperar el fin del mandato Pro?   La respuesta es NO.

Las resoluciones a las dos respuestas, económica y política, están estrechamente vinculadas: La destrucción del País que conocimos, a manos de una  minoría de empresarios especulativos; y la destrucción del Estado de Derecho en un régimen que día a día transgrede más los conceptos de Democracia y Libertades.

Los acuerdos importantes, como el stand-by o otros, ya no pasan por el Congreso teniendo en cuenta que el endeudamiento es por tres generaciones, las paritarias ya no se respetan, se incrementa la represión contra la protesta, se llama a una mayor intervención policial y hasta de las Fuerzas Armadas, etc.

Los cambios de figuras del gabinete o los retrocesos en materia de decretos o leyes no hacen otra cosa que lograr ganar tiempo hasta las próximas elecciones para esperanzar y confundir a la población.

Las obligaciones que impone el FMI no tienen marcha atrás, a pesar que el mismo FMI está haciendo una ingeniería financiera para que el gobierno llegue al 2019.

Ya se convierte en un hecho la imposibilidad de afrontar los pagos internacionales, resolver el enorme déficit comercial e impedir la salida de divisas debido a las inversiones financieras especulativas.

Maurico Macri está absolutamente convencido que el congelamiento del País es la solución, lo que significa un retroceso a la convulsa situación de hace 90 años y no piensa producir cambios. Hoy se puede afirmar que alrededor del 80 % de la población no quiere volver al escenario de esas tragedias.

No permitirnos que la forma de persecución, violencia y revanchismo institucional actuales vuelva a poner en riesgo la paz y la Democracia Argentina. El nacionalismo popular debe ser respetado.

Se hace imprescindible que en el campo popular, se comience a concretar una unidad opositora real como poder político provisorio, alrededor de un programa de recuperación nacional y popular, que tenga como referencia la renuncia de todo el gabinete del actual gobierno.