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La gira de Mattis, el cerco contra Venezuela y el desmontaje de la izquierda

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Foto: Pensando América

La visita realizada recientemente por James Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos a Brasil, Argentina, Chile y Colombia ha dejado mucho de qué hablar en la región

Fuente Granma

La visita realizada recientemente por James Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos a Brasil, Argentina, Chile y Colombia ha dejado mucho de qué hablar en la región y en la medida en que los días han pasado, diversos han sido los análisis sobre los resultados de esta gira y los hechos posteriores que –aparentemente aislados– se convierten en una alerta para el área.
Justo antes del recorrido, el subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, Sergio de la Peña, informó que el viaje era parte del «fortalecimiento de alianzas» que impulsaba el gobierno norteamericano como parte de su Estrategia de Defensa Nacional (nds, por sus siglas en inglés) y que, por tanto, les interesaba fomentar la «colaboración, la prosperidad y la seguridad en la región».
«Estamos muy interesados en fortalecer las alianzas y queremos que siga siendo así, puesto que ee. uu. se encuentra en este hemisferio y queremos hacer todo lo posible para mantenerlo como un lugar de colaboración, próspero y seguro», señaló De la Peña, quien explicó posteriormente la preocupación de su gobierno por la influencia de China en la región, específicamente la forma de hacer negocios, pues «no necesariamente responde de la mejor manera posible a los intereses de nuestros socios en el hemisferio».
Se afirma que el recorrido de Mattis por Sudamérica está relacionado también con las preocupaciones de Washington por la marcada influencia que van alcanzando las relaciones con Moscú y Beijing y, por tanto, fue este uno de los temas tratados en cada uno de los territorios que visitó. Poco antes su llegada, el propio secretario de Defensa había dicho que ee. uu. apoyaba «decisiones soberanas de Estados soberanos» y el Almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, advirtió de «invasiones de otros países» en el área, donde ya había demasiada competencia, que esta era una lucha por la influencia y, lo más importante que debían hacer entonces, era luchar.
Desde el otro lado, Piotr Yákovlev, jefe del Centro de Estudios Ibéricos del Instituto de Latinoamérica de la Academia Rusa de Ciencias, alertó que parecería que a Washington preocupan mucho los temas económicos y no dejan de tener cierta relevancia, pero la realidad demuestra que en los últimos tiempos «no es una cuestión solo de economía. Crecieron las divergencias sobre los problemas de migración con México, el nivel de interacción con Cuba disminuyó significativamente, hay interferencia en la vida política de Nicaragua. La Casa Blanca incrementó la presión sobre el principal adversario de Estados Unidos en la región, Venezuela. Trump busca cortar el “oxígeno financiero” de Caracas por medio de sanciones y
derrocar a las autoridades en este país, posiblemente, por medio de la fuerza».
Si a esto sumamos que al viaje de Mattis le antecedió una visita de un alto almirante de la Armada, el jefe de Operaciones Navales, John Richardson, también a Colombia, Chile, Argentina y Brasil, es evidente el interés de Estados Unidos por arremeter contra el gobierno de Caracas y potenciar su hegemonía en la región, teniendo como bandera los postulados de la Doctrina Monroe, ya retomados por el vicepresidente Mike Pence en su gira anterior por el área en junio pasado.

El ámbito militar y el cerco contra Venezuela
En el llamado «Año de las Américas» para ee. uu., Mattis reforzó, sin duda, los temas relacionados con la defensa. En Brasil, por ejemplo, sostuvo reuniones importantes con el alto mando militar y dio una conferencia en la Escuela Superior de Guerra de ese país. Poco después, el 20 de agosto, el Ministerio de Seguridad Pública de esa nación informa que unos 60 agentes de la Fuerza Nacional habían sido trasladados a la frontera con Venezuela, especialmente para dirigirse al municipio brasileño de Pacaraima, en el estado de Roraima.
De esta forma, un total de 120 militares y 26 voluntarios se encontrarían desplegados en Pacaraima, como una respuesta a un supuesto incendio de un grupo de residentes a un campamento de ciudadanos venezolanos en el lugar, debido a la «crisis migratoria» generada por los que «huían» de ese país. Incluso, el ministro de la Secretaría de Gobierno de Brasil, Carlos Marun, indicó que no han descartado cerrar la frontera entre Venezuela y esa ciudad brasileña.
En Argentina, el Secretario de Defensa norteamericano dijo que debía reforzarse la actuación ante «desastres», a lo que respondieron los argentinos resaltando el valor del papel de ee. uu. en el caso del submarino ara San Juan, como un precedente que no se debía olvidar.
Para nadie es un secreto que el
gobierno de Mauricio Macri parece ver con buenos ojos la instalación de bases militares estadounidenses en territorio argentino y el reforzamiento de sus relaciones con el aparato militar estadounidense, lo cual ha sido calificado por el Ministerio de Defensa argentino como un camino al cual regresarían y del que no debieron alejarse nunca, criticando claramente a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
En su última estadía en la región, James Mattis se reunió en Bogotá con el presidente de Colombia, Iván Duque, y aunque abordaron asuntos como el narcotráfico, los cultivos ilícitos o la cooperación bilateral entre ambos países, la situación de Venezuela centró su agenda, apenas unos días después de las denuncias realizadas por el presidente Nicolás Maduro sobre la responsabilidad de Bogotá y Washington en el intento de magnicidio del pasado 4 de agosto.
Durante el encuentro, Mattis aseveró que Venezuela se encuentra en una «trágica situación» por culpa de «un Gobierno hambriento de poder» que ha generado una «crisis humanitaria» con una movilización masiva de migrantes y esto representa también una amenaza para la seguridad de Colombia. Poco después, el canciller colombiano Carlos Holmess Trujillo –en actitud abiertamente injerencista y desconocedora de la realidad venezolana– dijo que su país fortalecería una gran coalición democrática internacional para avanzar en la creación de condiciones para que finalmente el pueblo venezolano pudiera escoger en procesos transparentes, democráticos y libres el gobierno que desee tener.
Como resultado, se da a conocer que la embarcación norteamericana unss Comfort, con capacidad para transportar helicópteros de guerra, sería enviada a la frontera entre Colombia y Venezuela, con la excusa de prestar ayuda humanitaria a los venezolanos que viven en ese país.
Crear incertidumbre, descontento, aumentar su influencia en la región, centrar las miradas en Venezuela,
mover peones que realicen acciones más decisivas contra la Revolución Bolivariana, parecen ser los objetivos cimeros del gobierno de ee. uu., acelerados por la visita de su Secretario de Estado a la región sudamericana. Todo esto a través de viejos y conocidos pretextos: crisis migratorias y humanitarias, violación de derechos humanos, falta de democracia y libertades políticas e individuales, existencia de dictaduras «responsables» de «baños de sangre» que justificarían una intervención militar en la que resurgieran –como tantas otras veces– como los «salvadores» y promotores de la estabilidad.
Al unísono, Estados Unidos respalda intentos de golpes de Estado, procesos judiciales y una encarnizada guerra mediática contra líderes y procesos progresistas de la región, en su propósito de desmontar la izquierda latinoamericana y caribeña y recuperar su poderío económico y militar en el área.

En el rejuego de la escalada imperial más reciente:

6 de julio: El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, anuncia que el gobierno nacional solicitará la devolución del edificio utilizado como sede de la UNASUR.

4 de agosto: Intento de magnicidio contra Nicolás Maduro, con la complicidad de Colombia y EE.UU

10 de agosto: Iván Duque anuncia la retirada de Colombia de la Unasur, a la que considera «cómplice de la dictadura venezolana» y afirma que otros países desean tomar el mismo rumbo.

13 de agosto: Trump firma el presupuesto militar más alto de la historia de su país.

22 de agosto: La Cancillería de Venezuela niega «categóricamente» la denuncia de Colombia sobre una supuesta violación de su soberanía por parte de militares venezolanos el domingo 19 de agosto, calificándolo de «nuevo falso positivo» contra su país.

23 de agosto: Evo Morales denuncia la militarización de la frontera de Argentina con Bolivia y asegura que no van a amedrentar a su país.

23 de agosto: Ecuador anuncia que se retira de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) para subrayar su independencia.