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Plan operativo de la derecha – Las Fuerzas Armadas a la calle

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Por NP

El Ministro de Defensa, Oscar Aguad, aseguró que el Poder Ejecutivo derogará el Decreto -sancionado por Kirchner en 2006 que prohíbe expresamente a las Fuerzas Armadas inmiscuirse en tareas de seguridad interior. La lucha contra el “narcotráfico” y el “terrorismo” son los eufemismos para reprimir al movimiento popular.

El acuerdo con el FMI no incluye únicamente un megablindaje por más de 50 mil millones dólares, tal como fue rubricado por el Fondo. Las contraprestaciones que pretende el organismo, y que el gobierno está dispuesto a cumplir, tienen consecuencias económicas y sociales trágicas, conocidas por nuestro país durante el menemismo y la crisis de 2001.

Por eso el Poder Ejecutivo pisa el acelerador en su plan de rediseñar el perfil de las Fuerzas Armadas con la meta de blanquear el rol que el gobierno le otorga de hecho y que en una situación de crisis necesitará estar legitimado: el de la intervención en asuntos de “seguridad interna”.

Una vez más como ha sido tradición en la larga y nefasta historia de las Fuerzas Armadas argentinas, el enemigo es construido puertas para adentro. Las recomendaciones de los Estados Unidos en la materia son notorias en toda la región con patrones que se repiten en cada uno de los países. La lucha contra el “narcotráfico” o el “terrorismo” son los eufemismos elegidos para militarizar las grandes ciudades, circundar las vastísimas reservas naturales y garantizar el disciplinamiento social en el marco de programas económicos neoliberales al servicio del imperialismo.

El gobierno de Macri se suma a la lista de países que se incorporan a la doctrina yanqui. Si Colombia y México son los principales aprendices en la materia, Argentina y Brasil representan al grupo de novatos con los que EE.UU. busca equilibrar, definitivamente, la balanza hacia el lado de sus intereses.

En contrapartida, Venezuela y Nicaragua que se oponen a los intereses del imperialismo en la región, al igual que Bolivia, sufren los ataques articulados de las derechas locales con el Departamento de Estado y las grandes empresas del mundo capitalista que reniega de los caminos de soberanía iniciados por el chavismo y el sandinismo respectivamente.

En el caso de Argentina el presidente Macri busca concretar el plan del imperialismo cuyo objetivo es que las Fuerzas Armadas asuman “un nuevo rol” en la lucha contra el “narcotráfico” y el “terrorismo”.

Para ello, el Ministro de Defensa, Oscar Aguad, espera que se derogue la norma que limita el rol de las instituciones militares a las agresiones externas por parte de otros países. Se trata del decreto 727 impulsado por Néstor Kirchner en el cual se estableció claramente, siguiendo las leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior, que las Fuerzas Armadas no pueden intervenir en asuntos de seguridad interior.

De esta manera, y en el marco del acuerdo con el FMI, el macrismo se encuentra decidido a darle tareas de seguridad interior a las Fuerzas Armadas. Específicamente, lo que busca el Ejecutivo es alivianar las tareas de Gendarmería -la cual se espera que esté en la calle con mayor presencia- con nuevas custodias en zonas de recursos naturales, Vaca Muerta o centrales nucleares como Atucha.

¿Para qué?

El objetivo, lejos de ser el del cuidado de la soberanía nacional, no es otro que el de aumentar el poder represivo del Estado ante un escenario de creciente conflictividad social.

Para ello, el gobierno pretende opacar los límites -que tendrían que ser clarísimos y están estipulados por la Constitución Nacional- entre “seguridad interior” y “seguridad nacional”.

¿Cómo intenta opacar estos límites el gobierno? Según justifican desde el Ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich, en la actualidad los países son blancos de ataques por organizaciones que no necesariamente representan a un Estado, como puede ser el caso de una organización terrorista o un ciberataque.

Con esta excusa el gobierno busca legitimar y legalizar las tareas de inteligencia, infiltración y represión contra dirigentes y organizaciones políticas, sociales, sindicales, etc. El macrismo es avezado en la materia. Basta con recordar las tareas de inteligencia que realizó el Fino Palacios contra familiares de víctimas de la Amia, lo que le valió luego la designación por parte de Macri como Jefe de la Policía porteña en 2009.

Luego, ya como presidente de la Nación, Macri aumentó considerablemente el presupuesto de la AFI y eliminó la responsabilidad de que el organismo y sus agentes tengan que rendir los gastos.

Ahora, con las calles de los principales aglomerados urbanos del país saturados de fuerzas policiales, el gobierno está avanzando en su plan operativo de represión al movimiento popular y criminalización de la pobreza. No es casualidad que la decisión esté tomada y se eche manos a la obra después del acuerdo con el Fondo Monetario.

Fuente Nuestra Propuesta