Inicio Argentina 8 M/ 8 Miradas/ Militantes. Quinta entrega: Karina A. Andriola, Malen Azul...

8 M/ 8 Miradas/ Militantes. Quinta entrega: Karina A. Andriola, Malen Azul , Agostina A. Curutchet

302
0
Compartir

8 M/ 8 Miradas/ Militantes.

 Karina A. Andriola, Malen Azul , Agostina A. Curutchet*.

Sobre la existencia lesbiana y la visibilidad (cis y trans) lésbica. (1)

El 7 de marzo se celebra en Argentina el día de la visibilidad lésbica. A partir de ello, y entre la teoría y nuestras experiencias y existencias lesbianas y compartir reflexiones en torno al motivo dicha celebración partiendo de la frase feminista “ lo personal es político” para representar que la existencia y la visibilidad lésbica no son aspectos escindibles a la vida privada.

El día de la visibilidad lésbica se celebra en Argentina desde el año 2011 en memoria de la muerte de Natalia “la pepa” Gaitán, lesbiana, pobre y chonga, quien hace ocho años fue asesinada por el padrastro de su novia de un balazo a quemarropas por estar en desacuerdo con la relación que ellas mantenían, por odio. La familia de la pepa Gaitán denunció el hecho apelando a que se lo considere como un “crimen por orientación sexual”, y no como homicidio simple, ya que la causa de su muerte fue su condición sexual. Sin embargo, la justicia nuevamente hizo caso omiso al pedido. El caso resulta emblemático y resulta una invitación a la memoria colectiva.

Si bien el caso de la “Pepa Gaitán”, configura un emblema de lucha de los movimientos de mujeres lesbianas, el lesbo-odio sigue estando presente en nuestra sociedad y en varios países de Latinoamérica, con actos que van desde lo simbólico y que comienzan con micro violencias que se viven en lo cotidiano y de las cuales, incluso la cobertura mediática es escasa, sesgada, como si las lesbianas no existieran y con la complicidad silenciosa o activas de otros poder. Si hacemos una síntesis cronológica desde lo más resonante encontramos un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado de Chile el cual es condenado por violar el derecho a la igualdad, la no discriminación y la vida privada cuando a una mujer, blanca, educada, de clase media, y jueza (o sea que no era de las mujeres más vulnerables) le quitan el cuidado de sus hijas por lesbiana y animarse, desafiando a la hetero-normatividad a establecer una relación afectiva y publica con otra mujer, hijas a las que no logró recuperar y alcanzaron la mayoría de edad, siendo víctimas también del lesbodio no sólo social sino también del Estado.

Volviendo al contexto local y más próximo donde el lesbo odio sigue vigente nos encontramos con el caso de “Higui” a quien atacaron e intentaron violar un grupo de varones, por ser torta y no tener una apariencia acorde a la que el patriarcado en sus binarismos espera de una mujer. Higui se defendió, lastimando a varios de sus atacante para quienes la violación es una forma de disciplinamiento de las sexualidades disidentes de las lesbianas, de esos cuerpos que no les corresponden ni les pertenecen, pero la justicia, machista, lesbofóbica y heteronormativa una vez más dejó de lado el contexto en el que se dieron los hechos, mostrando cómo la figura de la legítima defensa prevista en el código penal no fuera aplicable a las violencias que sufren las mujeres, y especialmente las lesbianas y permaneció varios meses en prisión pese a la presión mediática.

Odio que vuelve a hacerse presente en la justicia por el procesamiento de Mariana Gómez ante su resistencia a obedecer a un policía en la estación de trenes de constitución que le requería apagar su cigarrillo “porque estaba prohibido fumar”. En el lugar no había carteles sobre dicha prohibición y había muchísimas personas fumando, pero la diferencia era ser mujer, tener pelo corto y los besos que compartía con su esposa, su existencia lesbiana, donde el lesbo odio se convirtió en violencia física, simbólica refiriéndose a ella como “pibe” y posteriormente institucional.

Genealogía y disciplinamiento de los cuerpos, de los afectos, de los deseos y de las palabras que es infinita y que procura una pedagogía del miedo que empieza desde las dificultades del salir del armario donde la invisibilidad es una forma de defensa y la visibilidad se vuelve un reclamo político y una estrategia de lucha. Por ello es necesario pensar sobre la existencia lesbiana como presupuesto a la visibilidad y ante ello los aportes de Virginia Cano en Ética tortillera, quien nos trae una experiencia que ha sido, a nuestro entender, común a muchas: pensarse en una lengua extranjera para no afrontar el peso de decirse a una misma en la propia lengua lesbiana.

Y encontrarse ante ese sentir implica no encontrar una palabra, no saberla, no haberla oído por diminuta circulación, con la que poder pensarse, con la que poder bailar, sortearla, dejarla, volverla, torcer sus límites; y verse obligada a recurrir a un lenguaje extranjero es una expulsión del propio territorio hacia uno ajeno, hacia su afuera. Es vivir una especie de exilio. Porque la expulsión no es solo respecto al rechazo, a la ajenidad o nulidad de una palabra, sino de las experiencias, las prácticas, los deseos y los cuerpos que esa palabra supone. Lesbianas y repetirlo, pronunciarla mucho tiempo, invadir la habitación de cada una con su sonido, escribirla, traerla a la mesa, sentarla conmigo, inyectarmela en las venas, re-vivir. Es romper y abrir un mundo. Lesbiana, yo, lesbiana. Yo,”inserte su nombre”, lesbiana. Mamá, papá, lesbiana. Sí, soy lesbiana. Cada pronunciación, cada auto enunciación operaba destrozándome aquel lesbiana! Golpeaba mi corazón con los nervios hinchados alargados desde la pelvis hacia todos lados: ¡soy lesbiana, soy lesbiana! Por supuesto que no es un descubrimiento, en el sentido que un descubrimiento supone que lo que se encuentra estaba ya de algún modo ahí, esperando a ser develado. En el terreno político y en el terreno personal, los descubrimientos son luchas, resistencias, lanzamientos abruptos de cuerpos marginales hacia fuera y hacia dentro, objeciones y afirmaciones, jamás pero jamás explicaciones: soy lesbiana.

Existencia lesbiana que rompe con la hetero sexualidad obligatoria y con la pertenencia de nuestros afectos, de nuestros cuerpos y sexualidades a los varones y que su existencia muchas veces es negada en el reconocimiento por el otro, dejando muy pocos derechos humanos en pie, y que pasan desde lo cotidiano, ante ello hay frases infinitas que presuponen la heterosexualidad obligatoria y obturan cualquier otra forma de existencia y nos obligan a aclarar “no es mi amiga, es mi novia” o “¡No soy amiga de tu mamá, somos lesbianas, no paramos de garchar!” como se escucha en la marcha de mujeres del encuentro nacional, bajo la columna de La Fulana.(2)

Y ante ello, la presencia en la calle, en los espacios públicos, en las instituciones y en el lenguaje son herramientas políticas, es el arma que permite agenciarme políticamente y generar espacios críticos en donde podamos auto-enunciarnos personal y políticamente fuera de los núcleos hegemónicos. Y exigir, disputar iguales derechos y resistir, unidas, ante las violencias mostrando nuestros deseos, nuestros goces, nuestros afectos. Y como dice el lema militante “en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política” y también lo es, la visibilidad lésbica.

1.-Para empezar esta nota es necesario hacer una aclaración y una negociación “semántica”, conocemos el pensamiento de Monique Wittig, abordada en su texto, el Pensamiento heterocentrado de 1978 respecto a que las lesbianas no son mujeres “ya que el término sólo tiene sentido en el sistema de pensamiento y económicos heterosexuales”. En tal sentido hay dentro de los movimientos sociales y la teoría personas que se consideran lesbianas y no mujeres y otras que se consideran mujeres lesbianas, ya que su orientación afectiva y sexual implica a amar a otra mujer. Debate que nosotras buscaremos superar con un único fin, la invisibilidad, la discriminación y las violencias afecta a ambas por igual, es por ello que en el texto, pediremos la licencias necesarias para usar indiferentemente mujeres que aman a otras mujeres, mujeres lesbianas o simplemente lesbianas, independientemente de si son cis-o trans género.

2.- http://www.lafulana.org.ar/

*Karina A. Andriola. Abogada, feminista y mujer lesbiana. Especialista en Derecho de Familia, becaria doctoral del Conicet e Integrante del Área de Género del Instituto de Cultura Jurídica, FCJyS, UNLP.

Malen Azul (C.F). Lesbianafeminista y estudiante de filosofía (UNLP).

Agostina A. Curutchet. Lesbiana feminista y abogada (UNLP).