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8M/8 Militantes/8 Miradas. Cuarta Entrega: Julia Franceschini y Eugenia Caminos

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8M/8 Militantes/8 Miradas.

Cuarta Entrega: Julia Franceschini y Eugenia Caminos *.

Las voces de las Mujeres rurales.

Cuando nos convocaron como comunicadoras a realizar desde Radio La Minga en Villa Giardino, Córdoba, una Feria de Voces federal que interpelara a las mujeres rurales a participar con sus relatos en el marco del 8 de marzo, lo primero que pensamos fue en la mujer trabajadora, sobre todo si se vinculaba  a la ruralidad.

La propuesta fue hacer una megatransmisión de 6 horas de radio en vivo, el día 3 de marzo, haciendo foco en sus modos de vida, y los procesos de lucha y organización que sostienen las mujeres rurales: relatando cómo es para ellas un día de jornada laboral cotidiana, dando su postura sobre por qué es importante consolidar un paro de mujeres el 8 de marzo y narrando los procesos de organización que como mujeres encabezan en cada territorio.

Distintas radios que integran la Red de Radios Rurales recorrieron con grabador en mano sus comunidades, en búsqueda de testimonios que después sonaron por la Feria de Voces e invitaron a mujeres a ser entrevistadas en vivo para compartir sus experiencias de lucha colectiva.

En el medio de la transmisión hubo entrevistas a referentes sociales como Milagro Sala, Nora Cortiñas, Lucía Topolansky y referentes de la cultura como Liliana Herrero. La conducción estuvo encabezada por mujeres y la producción se realizó con compañeros que fortalecieron el espacio e incluso se animaron a correrse del lugar protagónico para visibilizar lo invisible que es la mujer rural.

Hecha la introducción, proponemos abrir una reflexión que como comunicadoras y militantes peronistas y feministas hacemos sobre un proceso que hoy nos tocó protagonizar, aunque no seamos el sujeto protagónico al cual apuntaba dicha transmisión. Es decir, tuvimos que conducir y producir materiales para darle forma a esta propuesta, pero no somos mujeres rurales ni campesinas y señalamos con énfasis esta idea porque si hay algo que una nunca se tiene que perder de vista en los espacios de construcción colectiva, es del lugar de donde se viene y el rol que nos toca ocupar.

Nuestras trayectorias son distintas: por un lado Julia llega desde La Plata, habiendo estudiado Comunicación Social en la UNLP y encabezando el proceso de construcción de una radio educativa y comunitaria en la Escuela Agraria Número 1 ubicada dentro del Parque Pereyra Iraola. La FM Oveja Negra comenzó a transmitir el año pasado y lo hizo afianzada a una organización de radios comunitarias que es la Red de Radios Rurales, espacio de donde surge la propuesta de armar esta Feria de Voces.

Eugenia vive en Córdoba, estudia la Licenciatura en Comunicación social de la UNC y trabaja desde 2014 de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación en Córdoba, una dependencia estatal del Ministerio de Agroindustria específica para pequeños  productores y productoras. Su tarea está abocada a la comunicación en los territorios, lugar desde el cual fortalece procesos de organización de los productores y productoras con herramientas de la comunicación comunitaria. Su participación en la Red de Radios Rurales se da a partir de estas experiencias vinculadas a la comunicación y ruralidad.

Deteniéndonos un poco sobre una caracterización de las mujeres rurales y pensando en este 8 de marzo que es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, podemos reafirmar lo que sostuvieron tanto Milagro como Lucía en su entrevista “Las mujeres rurales son las que levantan al país”. Los relatos de las mujeres campesinas cuentan que su día inicia al amanecer, incluso antes también, para comenzar las labores que a cada una le corresponde en la producción rural “Además de nacer hay que hacerse y vivir lo que es el campo. Criar a los chicos, llevarlos en Sulky muchos kilómetros hasta la escuela, eso es ser mujer rural”, dice Alberta de la localidad de Molinos, Salta. Dicha jornada de por sí intensa y cargada de responsabilidades que implican poner el cuerpo, se encuentra interrumpida por las labores domésticas que todas desempeñan. “Yo apoyo el paro de mujeres porque para mí el trabajo de la casa es incansable. El trabajo de la casa es el peor y a mí me encantaría quedarme un día entero sentada sin hacer nada la verdad”, cuenta Gladys Guerrero huertera y criadora de animales, de la localidad de Payla Leche, Neuquén.

A las mujeres rurales las atraviesan desigualdades e injusticias que adquieren distintas formas que en los entornos urbanos. Más allá de que hoy no podamos ni situar, ni pensar a la ruralidad como algo separado a las ciudades, más bien son terrenos que conviven y se hibridan en múltiples prácticas sociales, sí podemos afirmar que las desigualdades y problemáticas propias de la sociedad en la que vivimos, en la ruralidad se acrecientan. En ese sentido, a la doble opresión que padecen las sujetas rurales por ser mujeres, hay que sumarle la condición de vivir en entornos aislados, muchas veces olvidados y en donde el Estado todavía no llegó nunca.

De acuerdo a últimos datos publicados por la FAO, existen en el mundo 1600 millones de mujeres campesinas (más de la cuarta parte de la población), ellas  son responsables de más de la mitad de la producción de alimentos a nivel mundial, pero sólo el 2 % de la tierra es propiedad de ellas y reciben únicamente el 1% de todo el crédito para la agricultura.

Por otro lado, el acceso a la salud también es una problemática urgente a tratar ya que la cercanía a hospitales, centros de salud, salas de atención de primeros auxilios también son precarias. Paula Beatriz Agüero, pequeña productora de José Paso, Chaco hizo hincapié en la dificultad que tienen tanto ellas como para sus hijos e hijas a cargo. Ante cualquier necesidad de control o atención primaria o por urgencias, las mujeres deben salir a las 4 de la mañana a la ciudad más cercana, dirigirse a centros públicos de atención para sacar turnos con tardanzas de hasta más de doce horas. Como contraparte, Paula nos transmitió la experiencia de organización de las mujeres de su comunidad en torno a esta problemática: todos los años en el mes  de marzo organizan una jornada en articulación con la escuela rural de la zona y profesionales de la salud. Ese día las mujeres se pueden realizar los controles ginecológicos anuales y  realizar controles a las mamás recientes y sus niños y niñas a cargo, sin tener que trasladarse de la comunidad donde viven. Es una experiencia única en el año que cobra cada vez más fuerza, achica la distancia con el acceso a la salud por parte de las mujeres rurales y se posiciona como momento de encuentro para ellas.

Por otro lado, creemos importante también pensar en la relación que existe hoy  entre el feminismo y la ruralidad en la Argentina. Y nos detenemos sobre este punto, porque reconocemos que es el movimiento feminista el que se ha tomado el trabajo de dejar en evidencia las condiciones de desigualdad que atravesamos las mujeres, poniéndole nombre a un sistema que nos oprime y que es incluso anterior al capitalismo: el patriarcado. El patriarcado es esta cultura, es esta estructura histórica, que para decirlo de manera muy simple: asume que las mujeres pueden ser relegadas al lugar de esclavas, de putas, de sub alternas. Muchas de estas mujeres rurales, trabajadoras del campo argentino, no van a aparecer como feministas o tampoco van a elegir llamarse así y esto tiene que ver entre otras cosas, con que muchas veces ellas no son reconocidas por los feminismos. Son las organizaciones sociales y territoriales las que van recuperándolas por los costados, empoderándolas y convocándolas, y cada vez de manera más creciente, a sumarse a los movimientos feministas. Incluso a animarse a llamarse feministas. En ese sentido pensamos que la feria de voces ha permitido a las mujeres rurales poner en diálogo entre sí sus opresiones y los modos de superarlas, y hacer colectiva de manera federal la importancia de la lucha que encabezan y sostienen en sus territorios. Quizá sea parte importante de un camino que se está recorriendo que podemos llamar feminismo en la ruralidad.  Aunque también reconocemos que hay corrientes del feminismo, como lo es el comunitario, que vienen a introducir esta discusión. No es foco de esta nota detenernos en desarrollarlo, pero sí considerar que ya hay campos del conocimiento que detuvieron su mirada sobre estas realidades y buscaron interpelarlas.

En la organización territorial, más allá del feminismo e incluso cuando no existía el feminismo, las mujeres siempre nos hemos organizado para superar nuestros conflictos. Hay una larga historia de lucha de las mujeres, porque somos nosotras quienes a lo largo de la historia hemos sido oprimidas, sub alternizadas y una de las partes más relegadas. Y es por eso que siempre hemos luchado por nuestra libertad, por la igualdad y también por la justicia. La larga historia de las mujeres así lo ha demostrado.

Recuperar los relatos que encabezan estas luchas es tarea nuestra y también del hacer comunicación popular y comunitaria. La comunicación popular no le da la voz a nadie, sino que construye espacios para visibilizar voces que por producto de las injusticias y desigualdades sociales, son invisibles. Pero tenemos que reconocer que son voces que siempre han hablado o, incluso, que han gritado muy fuerte. En ese sentido, y en consonancia con la tarea que se ha dado la red en su último manifiesto, asumimos el desafío y fuerte compromiso de consolidar, reunir y realzar la lucha que encabezan las mujeres en la ruralidad. Construyendo ese feminismo de base que nos invita a pensarnos como sujetas en un mundo profundamente desigual, que nos ubica siempre en el terreno de lo subalterno y que incluso muchas veces no nos nombra. Tenemos la convicción de que frente a esto es la organización y constitución de estos espacios lo que nos va a permitir y abrir la puerta para empoderarnos. Apuntamos a que se multipliquen las Ferias de Voces y a que en este camino se multipliquen también las mujeres que se animen a tomar la palabra y decirla cada vez más fuerte.

  • Comunicadoras Populares.