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SECTOR INDUSTRIAL – La producción industrial está 2,7% debajo de los niveles 2015

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En el año 2017, todos los rubros industriales de bienes de consumo registraron importaciones que crecieron más del 10%.
RESUMEN EJECUTIVO
  • El sector industrial es sin dudas el más castigado del modelo económico implementado en los dos últimos años.
  • Además de la liberalización creciente del comercio exterior y la persistencia de un tipo de cambio ficticiamente bajo en buena parte del período (debido el influjo de capitales especulativos), se suma la endeblez de un consumo interno que no termina de recuperarse.
  • Como se sabe, nuestro país junto con Brasil, son las dos economías que presentan internamente entramados industriales con determinado grado de desarrollo relativo suficiente para abastecer el mercado interno.
  • No obstante, aspectos relativos a la escala de producción, la inversión en investigación y desarrollo, de acceso al financiamiento, impositivos y logísticos, impiden alcanzar un nivel de competitividad suficiente como para competir con los grandes productores fabriles de escala global.
  • En esta coyuntura, se vuelve imprescindible la generación de barreras (para)arancelarias efectivas. Conocida la reciente medida del levantamiento de 300 licencias no automáticas, la tendencia marcha en rumbo contrario.
  • En la presente infografía, elaboramos un recorrido general por los diferentes sectores que componen la matriz industrial argentina. Con base a datos del EMI y EPI del Indec, y demás información del mercado, desarrollamos un informe  cuantitativo con foco en actividad interna, importaciones y evolución de puestos de trabajo.
  • En términos generales, después de una caída del orden del 4,6% en el año 2016, en 2017 se verificó un incipiente rebote, del orden del 2%. En al acumulado bianual, la trayectoria fabril sigue un 2,7% por debajo de la registrada en 2015.
  • En el análisis por sectores, se destaca la merma en la producción textil, que cerró 2017 con un segundo año de deterioro de alrededor del 10%. En orden de magnitud, la siguen la industria del tabaco con una caída del 3%, y el sector petrolero, con una merma del 2,1% en el año pasado.
  • Estas mermas son aún más dramáticas analizando el acumulado en relación a 2015. Así, el sector textil destruyó producción en el orden del 15%, la industria del cuero y calzado se redujo en un 9% y la petrolera decreció un 6%.
  • En materia de creación de puestos de trabajo, el contexto actual sigue sin recuperar los niveles de 2015. Del comparativo acumulado en base al SIPA, con datos al mes de octubre, se registran 20.000 puestos industriales registrados menos que hace dos años atrás.
  • En materia de importaciones, la situación es crítica. El sector textil es el más dañado, con ingresos de indumentaria  terminada que superan el 100% acumulado en cantidades, en los últimos dos años. Lo siguen cuero y calzado (+45% acum.), alimenticia (+8%) y petrolera (+5%).
  • Así, en el año 2017, todos los rubros industriales de bienes de consumo registraron importaciones que crecieron más del 10%.
INTRODUCCIÓN
La industria argentina está atravesando un período complejo.
Los problemas que aquejan a la misma no se ven reflejados en
los indicadores agregados que publica el Indec debido a que
los cambios de la política económica del último tiempo afectan de manera diferente a los distintos sectores de la economía nacional. Las mayores dificultades se observan en la parte más fina del tejido industrial, formado por pequeñas y medianas empresas de rubros diversos y con distintos grados de tecnificación. El mayor riesgo es que se trata de sectores que generan una importante cantidad de fuentes de trabajo.
El año 2016 presentó las mayores dificultades en materia
productiva, con caídas pronunciadas en sectores impactados
por la masiva entrada de importaciones y el descenso de la
demanda interna. Asimismo, en 2017 se presentan situaciones
divergentes en los rubros de la industria local. En algunos casos se observa cierta recuperación, mientras que otros continúan en expansión o en baja. Hacia el final del año, se advierte una desaceleración en el crecimiento. El cambio en el paradigma económico marca el signo de la tendencia para cada sector.
Analizando las cifras, la última publicación del INDEC del Estimador Mensual Industrial (EMI) de la industria manufacturera, había registrado una caída de 4,6% en 2016. En los primeros cuatro meses de 2017 continuó cayendo, para comenzar a mostrar signo positivo a partir de mayo. Hasta noviembre, el EMI había presentado un rebote positivo de 1,9% en el acumulado anual, por lo que todavía no había recuperado la caída del 2016. El crecimiento más significativo se observó en los meses de junio, julio y agosto, con aumentos de 6,6%, 5,9% y 5,1%, respectivamente. En noviembre, el indicador ya presentaba una
desaceleración considerable en su crecimiento, expandiéndose al 3,5% interanual (casi la mitad del crecimiento de los meses más auspiciosos). Las expectativas de las firmas para el período diciembre 2017 febrero 2018 también confirman una situación de pre estancamiento, ya que el 50,3% prevé que la demanda internase verá estable respecto del mismo período anterior, mientras que para la demanda de exportaciones un 54,7% proyecta estabilidad. Si se analiza la industria manufacturera por
bloques, se notan disparidades marcadas. En el acumulado hasta noviembre, los mayores crecimientos se registran en la industria metalmecánica excluida industria automotriz (+9,1%); industrias metálicas básicas (+8,6%) en donde se destaca la producción de acero crudo (10,5%); industria automotriz (+7%) y productos minerales no metálicos (+5,8%) destacándose la producción de cemento (+10,6%). Así, los rubros que más crecen están ligados a la construcción y la obra pública, dos variables que se expandieron en el último tiempo por la mayor demanda de créditos hipotecarios indexados y el gasto del gobierno nacional en el período previo a las elecciones legislativas. Por último, los bloques que subieron, pero en menor ritmo, fueron productos de caucho y plástico (+1,8%) y edición e impresión (+1,1%). El resto de los bloques tuvo un magro desempeño. Las caídas se registran en la industria textil (-10%), con una baja del rubro hilados de algodón de 13,1%; industria del tabaco (-3%); refinación de petróleo (-2,1%); sustancias y productos químicos (-1,7%) destacándose el descenso de fibras sintéticas y artificiales de
15,3% y productos químicos básicos de 6,4%; industria alimenticia (-1%) con fuerte caída en lácteos de 6,2% y papel y
cartón (-0.1%).
Si el análisis se centra en la coyuntura del mes de noviembre de 2017, respecto del mismo mes del año anterior, se observa un buen ritmo de crecimiento los rubros ligados a la construcción como cemento (+14%) y acero crudo (+18,1%). Por otro lado, se desaceleran o descienden otros más ligados al consumo del mercado interno (y la posible competencia importadora) o a la exportación. Las caídas más importantes se registran en los rubros azúcar y productos de confitería (-30,9%); materias primas plásticas y caucho sintético (-14%); cigarrillos (-7,4%); molienda de cereales y oleaginosas (-7,1%); productos farmacéuticos (-7,2%); petróleo procesado (-4,4%) y automotores (-3,3%).
Por otro parte, si se analizan las cifras de producción cuantitativa publicadas por el INDEC en las Estadísticas de Productos Industriales (EPI), los guarismos observados muestran puntualmente cuales fueron los sectores que se beneficiaron y perjudicaron con los cambios económicos implementados en el último tiempo.
En el rubro productos alimenticios, bebidas y tabaco, el sector
oleaginoso presentó una caída en el período enero octubre 2017 respecto al año anterior de 4,4% y el aceite de girasol aumentó 18,1% (los subproductos de ambas oleaginosas cayeron 3,5% y subieron 17,7%, respectivamente). Los productos cárnicos tuvieron un crecimiento en vacunos, aviar y porcina de 8,5; 2,7 y 7,3%, respectivamente, y una caída en ovina de 1,2%. Donde se observa una importante caída es en las leches refrigeradas (-19,6%) después de haber caído 22,1% en 2016, y en la leche no refrigerada (-7,7%). Otros productos lácteos tuvieron resultados dispares. La manteca y el yogurt cayeron un 12,7% y 4,3%, respectivamente (luego de haber caído 2,9 y 3,5% en 2016), mientras que el queso sube un 5,6%, lo mismo que la crema (+17,9%). Por último, los postres y el dulce de leche bajan 5,6% y 10,3%, respectivamente.
En cuanto a las bebidas, se observa una caída generalizada.
En 2017 las Licores finos y cremas bajan 19,2%, los amargos,
bíters y fernets 5,9%; el whisky un 17,3%, el vino un 5,1 y 13,4%
(destinada al mercado interno y externo, respectivamente), aperitivos, vermuts y quinados 0,7% y otras bebidas espirituosas 13,3%. Por su parte, el despacho de gaseosas baja 3% (a 28,9 millones de hectolitros) habiendo ya caído 10,6% en 2016 y la yerba sube un 3,1%. En términos generales, en el rubro productos alimenticios, bebidas y tabaco, se registraron caídas en dieciocho rubros y aumentos en doce.
En el rubro petrolero también se registraron fuertes retrocesos. En los primeros nueve meses de 2017 el petróleo crudo cayó 7,5% y el procesado 2,8% (ya habían caído 3,9 y 2,6% en 2016).
Los subproductos del petróleo tienen comportamiento dispar. En 2017 se destaca la producción de asfalto (por la obra pública) que crece un 67,8% (si bien en 2016 había descendido un 13,5%); de lubricantes 17,7%; nafta premium 97 octanos 20,9%, diesel oil 4,6% y aerokerosene15,9%, mientras retrocede fuertemente la nafta común (-53,9%), la súper (-2,2%), el fueloil (-29,3%), el gasoil (-1,8%) y kerosene (-25,6%). Asimismo, baja la producción de solventes y sube la de aguarrás.
La producción de bienes de consumo masivo muestra altibajos (luego de un 2016 con caídas generalizadas en los distintos rubros). En los primeros diez meses del año aumentó la producción de jabones 11,2%; detergentes y limpiadores 0,6% y caída de otros artículos 2,4%. En materiales para la construcción se registra un retroceso en cerámicos, pisos y revestimientos (-3%); artículos sanitarios (-9,8%), ladrillos huecos (-2%) y una suba en hierro redondo para hormigón de 28,2% y cemento (+10%). Como se mencionó, en 2016 se había producido una caída generalizada en todos los productos. En la producción de artículos para el hogar 2016 también fue un año de fuertes retrocesos. La producción de cocinas en dicho año cayó 18,3%, de hornos y anafes un 30,5%, freezers 34,6%, lavarropas 24,8%, heladeras 21,9%, secarropas 10%, aires acondicionados 36,1%, calefones 12,3%, termotanques a gas 17,3% y eléctricos 9,3%. En los diez primeros meses de 2017 varios productos se recuperaron de la caída, aunque todavía la mayoría está por debajo de 2015. En algunos casos como calefones, la producción subió un 243% respecto de 2015. Esto puede explicarse por el incremento de la demanda de dichos productos como sustituto de los termotanques a gas ante el elevado incremento de las tarifas de este recurso energético. Si se compara 2017 vs. 2016, las producciones que subieron fueron freezers 35,7%, heladeras  15,5%, cocinas 18,3% y lavarropas 12%. Continuaron en rojo hornos y anafes (-1,9%), acondicionadores de aire (-12,5%) y calefones (-1,4%).
Por último, los productos electrónicos están dentro de los que más bajaron en el 2017, por las nuevas condiciones de mercado. En los primeros nueve meses de dicho año la producción de televisores cayó 9,2%, la de reproductores de video 26,3%, de equipos de audio un 7,6%, de cámaras fotográficas 82,2%, de aires acondicionados para audio 19,3%, monitores 73,3%, discos compactos 94,7% y notebooks 100%.
La situación descripta impacta fuertemente en el empleo. La
crisis del sector lechero se manifiesta con el cierre de numerosos tambos y el despido de trabajadores en empresas del rubro.  Recientemente, por citar algunos ejemplos, la firma láctea La Mucca de la localidad de Diaz en la provincia de Santa Fe despidió a 25 trabajadores de su planta. La empresa láctea Ganave de Córdoba cerró sus puertas y despidió a trece trabajadores, a los que les ofrece el 30% de indemnización. En
el sector gaseosas se registraron 40 despidos en la planta de
Córdoba. La alimentaria de origen brasileño BRF (ex Quickfood) despedirá a 180 trabajadores de su planta bonaerense de Baradero al reducir un turno en la elaboración de salchichas. En 2017, la fábrica de alimentos Nevares cerró sus puertas en la localidad bonaerense de Carlos Keen y dejó a más de 60 trabajadores en la calle, sumado a más de 30 trabajadores despedidos en su planta de Tortuguitas. Por otro lado, en el sector petrolero, la empresa Halliburton despidió a 29 trabajadores en la provincia de Santa Cruz. Se calcula que solo en diciembre de 2017, los despidos en los sectores en crisis afectaron a más de 1.500 personas.
INDUSTRIA TEXTIL
El sector textil está siendo golpeado por el crecimiento de las
importaciones. En 2016 la producción del bloque cayó 4,3% (hilados de algodón – 9,8% y tejidos – 1,3%), para volver a retroceder 8,6% en el acumulado enero – noviembre de 2017 (hilados de algodón – 13,1% y tejidos -6,3%). Las compras al
exterior aumentaron en dicho período 27,0% en valor y 52,5%
en volumen respecto de los mismos meses de 2016, mientras
que si se compara con 2015 el incremento asciende a 73,9% y
103,9%, respectivamente. Con esto, las importaciones textiles
de 2017 son las mayores de la última década. Desde diciembre
de 2015 se calcula que en el sector textil se han sufrido alrededor de 3.800 despidos y 11.900 suspensiones. Los conflictos laborales continúan. Por nombrar un caso, la firma multinacional Dass suspendió en enero de 2018 unos 300 trabajadores de su planta de Coronel Suarez, empresa que se ha quedado con alrededor de 1.100 empleados, poco más de la mitad del personal que supo tener años anteriores. Asimismo, según fuentes del mercado, la firma Propulsora Patagónica de Trelew, provincia de Chubut, suspendió su producción dos días a la semana y acordó abonar a los obreros el 67% de los salarios; mientras que la empresa TN&Platex suspendió a 80 trabajadores de su planta donde fabrica medias, más conocida como Medias Ciudadela, firma adquirida a fines de 2015.
 
En 2017, respecto de 2016, se registró un descenso en los
precios de los productos textiles importados de 16,67%. En
2017, el 56,51% del valor de las compras provino de China,

mientras que en volumen el país asiático concentra el 70,07%
de las importaciones. Por su parte, el precio promedio por
kilogramo de los productos asiáticos fue de 18,94 dólares,
19,33% menos que el promedio del total importado.
Si se comparan las cantidades importadas de 2017 con las de
2015, surge que, en determinadas prendas de consumo masivo, como calzas y medias, las compras aumentaron más del mil por ciento, mientras que en numerosos casos los incrementos van desde 90% a más de 350 por ciento. La siguiente tabla muestra el fuerte incremento que han tenidos las compras en dos años.
Por otro lado, las exportaciones textiles sufrieron una fuerte
caída en 2016 y 2017, respecto de los años previos. El descenso
de las compras externas agrega dificultades a las empresas del sector que ven cómo pierden market share en el mercado externo. Si se compara con 2015, las ventas de 2017 son 37% más bajas (y 50% menores respecto de 2014).
El siguiente gráfico resume lo ocurrido en el sector textil en los
dos últimos años.
INDUSTRIA PETROLERA
El sector petrolero atraviesa una fuerte crisis. Por lo estratégico del recurso, se trata de un sector clave para el desarrollo del país. A partir de la llegada del nuevo gobierno, comenzó un proceso de desregulación del sector productor y comercializador de petróleo y sus derivados. La nueva política buscó desmantelar el esquema
precios internos desacoplados de los internacionales existente hasta el momento, hacia otro en donde los precios se determinen por el libre mercado (aun cuando no existe competencia perfecta
en el sector). Los argumentos a favor de este modelo se basaban en que la liberalización del mercado traería una baja en los precios internos del combustible, ya que los mismos estaban por encima de los internacionales. Si baja el precio de los combustibles, toda la economía se beneficia.
Para avanzar hacia la filosofía del libre mercado, el Gobierno liberó los precios de los combustibles. Dejó como carta de regulación indirecta el rol de YPF en el mercado, que cuenta con más del 50% de las ventas. Previamente, negoció con las provincias la desregulación del precio del barril de petróleo de
producción local, que solía estar alrededor de 10 dólares por
encima del internacional. Ante la incertidumbre, el sector respondió con una fuerte baja en la producción de petróleo,
afectando los puestos de trabajo y la recaudación por regalías
de las denominadas provincias petroleras. Pero poco después
de esta medida, el petróleo comenzó a subir de precio en el
mercado internacional encontrando el mercado local desregulado. La reacción de las petroleras fue el inmediato
aumento de los combustibles. La presión fue incrementándose y continuaron reclamando por nuevos aumentos. El último de ellos lo hizo la Petrolera Oil, que subió 6% al público el precio de sus combustibles. Así, en un contexto de fuerte rebrote inflacionario la suba de los combustibles estimuló la aceleración de los precios internos. En el mercado local, la empresa YPF juega un rol clave por la porción que ocupa (alrededor del 45% de la producción
de petróleo). En 2012, después de que la producción de petróleo
de la compañía se desplomara 6,1%, el Gobierno decidió la
nacionalización del cincuenta y un por ciento de las acciones.
Desde entonces, la producción de la firma empezó a incrementarse. Entre 2012 y 2015 la producción creció a un
promedio de 4,8% anual. Recién en 2016 el crecimiento se

desacelera notablemente y solo llega a +0,9%. En 2017 la producción se desplomó 5,9% (contabilizando cifras hasta octubre), en un contexto de caída de la producción de petróleo
en todo el país.
En este contexto, en 2017 la producción nacional de petróleo
cayó 7,2% respecto de 2016, siendo la menor producción
hidrocarburífera en casi tres décadas, (se contabiliza la producción acumulada hasta octubre de dicho año, último dato disponible, siendo que hasta ese momento se habían extraído unos 23.092.726 metros cúbicos). Hay que remontarse a 1989 para encontrar un año con menor producción de petróleo.
En la última década, desde la nacionalización de YPF en 2012, se desaceleró la caída en la producción agregada hasta 2014, para luego crecer muy levemente en 2015 (+0,1%). Pero en 2016 y 2017 la producción se redujo 3,9% y 7,2%, respectivamente.

En ese contexto, se comenzó a afectar los puestos de trabajo en el sector petrolero. Entre diciembre de 2015 y enero de 2017 se contabilizaron, según fuentes periodísticas, alrededor de 6.000 despidos y suspensiones en firmas como YPF (y sus contratistas),
Halliburton, DLS, PAE, Tecpetrol y Sipetrol, sumado a las pérdidas indirectas. Los conflictos derivaron en cese de actividades, tomas de yacimientos petroleros, cortes de rutas y otras formas de reclamo. Durante 2017 continuaron los conflictos que afectar

on a las provincias de Chubut, Neuquén y Santa Cruz. El sector petrolero fue el primero en firmar acuerdos de flexibilización laboral. No obstante, los conflictos continúan en la actualidad. En Santa Cruz, se conoció el despido de alrededor de 800 trabajadores de contratistas de YPF y de la firma china Sinopec. El intendente de la localidad santacruceña de Las Heras envió una carta al ejecutivo solicitando consideración por el impacto socioeconómico que los despidos producen en dicha localidad, de poco más de 22 mil habitantes.
Por otra parte, la caída de la producción también afecta las arcas provinciales por la menor recaudación de impuestos. Hasta octubre de 2017 las regalías petroleras habían mermado un 14,34% respecto del mismo período de 2016, lo que significó una pérdida de USD 151,2 millones para las provincias de Chubut (26,8% del total); Santa Cruz (22,8%); Neuquén (22,04%) y  Mendoza (16,62%), además de otras seis provincias y el Estado Nacional. Si se compara con 2015, la pérdida por regalías fue
de USD 377,8 millones (unos 6.424 millones de pesos a un tipo de cambio de $17 por dólar estadounidense).
Se generó así un escenario de caída de la producción, despidos y precio de venta de los combustibles aumentando por encima de la inflación general.
INDUSTRIA ALIMENTICIA
El sector alimenticio fue otro de los grandes perjudicados por la situación económica. Las principales causas de la crisis se deben a la caída del mercado interno, el aumento de los costos por los elevados costos de los servicios públicos y la mayor competencia de importaciones. En este sector también se han registrado  despidos y suspensiones en firmas de diversos rubros.

Respecto del mercado interno, las cifras que publica el INDEC
sobre ventas en cadenas de Supermercados mostraron para el 2016 una fuerte contracción en términos reales en todos los  rubros de alimentos y bebidas. Si bien en 2017 algunos de ellos comenzaron a tener cierta recuperación, todavía están lejos de los guarismos de 2015. Otros rubros, como frutas y verduras,  continuaron en retroceso en 2017. Dos años en dicha situación, son suficientes para que las empresas del sector tengan dificultades económicas.
Una muestra representativa de la crisis que atraviesa el sector
es la situación que está atravesando la empresa ex Quickfood,
controlada por el grupo alimenticio brasileño Brazil Foods (BRF), que acaba de solicitar concurso preventivo y planea despedir a 200 trabajadores de su planta de la localidad bonaerense de Baradero. La firma es líder en venta de productos de consumo masivo como hamburguesas y salchichas.
Si se analizan algunas producciones puntuales, el sector lechero sufrió en 2016 una fuerte reducción en la producción de leche. En 2017 la caída de la producción se desaceleró, pero el todavía sigue sin poder recuperarse.
Lo mismo ocurre con la producción avícola. En 2017 la producción de huevos destinados a la industrialización retrocedió 7,8%.  En la carne bovina, la entrada de cabezas al mercado de Liniers disminuyó -12% en 2016. En 2017 se recuperó levemente (+2,8%), pero continuó por debajo de 2015.
En el caso de la carne aviar, 2017 registró un aumento de la
faena avícola, acercando las cifras a las de 2015.

INDUSTRIA DEL CALZADO Y MARROQUINERÍA
Otro de los sectores que ha sido fuertemente golpeado por los
cambios de la economía es el de calzado y marroquinería. En
este sector, varios factores jugaron en detrimento de la producción, entre los que se destacan: caída de las ventas internas, aumento de los costos de producción por el incremento de los servicios públicos y aumento significativo de las importaciones.
Lo datos de producción del sector que aporta la Confederación
Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran una caída constante de la producción en 2016 y parte de 2017. Si bien los
últimos meses de ese año se vislumbra un cierto crecimiento,
la situación continúa siendo muy dificultosa para muchas
empresas, tanto pymes como aquellas empresas de mayor tamaño. El indicador de producción tuvo una caída promedio
de 6% en 2016 y de 6,6% hasta septiembre de 2017.
La Industria del calzado particularmente, tuvo una caída de la
producción en 2016 de 12%, al pasar de 125 millones de pares
fabricados en 2015 a 110 millones en el año siguiente. Según
datos de consultoras del mercado, en 2017 la producción volvería a caer en torno al 10%. La producción de 2017 fue la menor en siete años, retrotrayendo los guarismos a 2009. Este rubro se vio afectado por una suba de las importaciones de 22% en 2016 unos 27,3 millones de pares foráneos) y de 23% en 2017, según datos de cámaras sectoriales y consultoras del mercado.
La Federación Argentina de la Industria del Calzado y Afines
(FAICA) presentó un informe alertando sobre la situación, ante el cierre de fábricas y pérdida de puestos de trabajo, suspensiones y vacaciones anticipadas. El presidente de la Federación señaló que Argentina tiene 2.300 pymes fabricantes de calzado y que junto a su cadena de valor ocupan 85.000 puestos de trabajo en forma directa e indirecta.
En el caso de la marroquinería, la industria se está viendo afectada particularmente por el elevado crecimiento de las
importaciones. Según datos de Cámara Industrial de Manufacturas de Cueros y Afines (CIMA), las importaciones de
marroquinería crecieron 43,5% en 2017 respecto del año anterior. Si se considera que en 2016 habían subido un 38%,
en los dos últimos años las compras aumentaron más de 80%.
Según la Cámara, se perdieron 50 productores marroquineros
y alrededor de 2.000 puestos de trabajo.