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Tratado Mercosur Unión Europea – Ni libre ni comercio

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Con el encuentro de la OMC a la vuelta de la esquina, el gobierno se obsesiona con la firma del acuerdo UE-Mercosur que perciben como un hito en el camino de Argentina hacia la liberalización absoluta de su comercio exterior.

Por NP

Aunque reconoció que nadie obliga al gobierno a firmar el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), el secretario de Relaciones Económicas Internacionales del ‎Ministerio de Relaciones Exteriores, Horacio Reyser, no pudo ocultar su entusiasmo cuando expresó que “sería muy lindo” que en la cumbre de la OMC de diciembre “podamos decir junto a la Unión Europea que somos los paladines del libre comercio”.

El deseo formulado por Reyser ante una entusiasta audiencia convocada la semana pasada por la UIA, señala con claridad dos de los objetivos que encabezan la agenda de La Rosada de cara a la finalización del año: la rúbrica del acuerdo Mercosur-UE y la cumbre de la OMC que se celebrará en Buenos Aires cuyo éxito, entienden en el gobierno, sólo será total si de ahí saliera un documento que expresara –entre otras cosas- de qué va esto de la “reinserción Argentina en el mundo”.

La apertura indiscriminada de importaciones ya adelanta, de alguna manera, cuál es el escenario previsible si prospera el acuerdo con la UE que entusiasma a parte del mundo empresario.

De lo que se trata es de suprimir aranceles y tarifas para el intercambio de bienes, algo que enciende luces rojas en el sector pyme y, por lo menos, amarillas dentro del industrial.

Pero esto no es todo, paradójicamente sectores clave de la agroindustria de nuestra región como biodiesel, etanol y carnes bovinas no están considerados en el acuerdo.

En este contexto, lo que para el ejecutivo es “avanzar en una inserción inteligente”, sólo da cuenta de la posibilidad de extender los plazos de aplicación de la apertura que planteará posiciones arancelarias que, por supuesto, beneficiarán a aquellos sectores más concentrados y con mayor capacidad de diversificación.

Si el entusiasmo del gobierno se asienta en fundamentos imaginarios o reales es algo que estará por verse, pero lo que está claro es que el escenario que podría quedar post acuerdo, acorrala la posibilidad de desarrollo e innovación industrial argentina.

Tampoco queda claro qué va a pasar con las reglas de origen, herramienta que la UE emplea con bastante rigurosidad hacia adentro ¿Pero pondrá el mismo celo cuando se trate de evitar que artículos manufacturados, asiáticos pero con etiqueta europea, crucen el Atlántico?

Una semana atrás, Jyrki Katainen, anticipaba que “estamos muy cerca de lograrlo” ya que “ambos bloques promovemos la apertura económica”. De esta forma, el vicepresidente de la Comisión Europea, se refería a un acuerdo que, al parecer, en Bruselas dan por hecho.

Katainen dijo esto tras recibir al canciller argentino, Jorge Faurie, a quien le agradeció la decisión del Gobierno Macri de propiciar el acuerdo que desde la perspectiva del funcionario finlandés, “fortalecerá la confianza de los inversores de Europa en Argentina”.

Un mito al servicio de pocos

Con Macri en La Rosada, Temer en Palácio do Planalto y Venezuela afuera del Mercosur, el bloque regional dejó de soñar en la ecuación energética que posibilitara avanzar hacia un horizonte industrialista, para proponerse como un reservorio de economías reprimarizadas, aptas por competir ofreciendo ventajas comparativas en un esquema de deslocalización y finaciarización.

Y aquí vuelve a ser interesante advertir cómo también esta medida está concatenada con cada segmento del Paquetazo que intenta imponer el gobierno. Es que a un diseño de este tipo le sobran trabajadores y mucho más si están organizados en unidades productivas y sindicalizados.

Una economía reprimarizada y puesta al servicio de la deslocalización y financiarización no necesita proletarios, por eso en connivencia con la burocracia sindical intenta imponer un nuevo modelo: el precariado.

Este mensaje fue rápidamente decodificado por la UE, que coincide con el Gobierno Cambiemos en que es el momento de pisar el acelerador.

Así las cosas, el mito construido en torno a la necesidad de conseguir la “confianza de los inversores”, parece imponer como verdad canónica que es preciso avanzar en más desregulación, apertura y liberalización, aunque esto empuje más hacia el abismo al déficit comercial.

El argumento de las ventajas que traería aparejado el acuerdo UE-Mercosur, descansa sobre algunos mitos apuntalados por un formidable aparato massmediático y académico, financiado por conglomerados de corporaciones.

¿Existe evidencia empírica que permita aseverar que liberalizar el comercio internacional trae ventajas para más personas que otro tipo de régimen comercial?

Aquí, al igual que cuando se habla de la liberalización financiera, es preciso tener en cuenta que los mercados donde intercambian privados y Estados nunca son de competencia perfecta y que, en el caso de los países, el comercio se lleva a cabo a partir de los costes relativos de las mercancías en las que se especializan.

Los mercados no son de competencia perfecta y la competitividad de las economías presenta profundas asimetrías, lo que impacta en desequilibrios comerciales que sólo se pueden saldar mediante regulaciones tendientes a proteger a los sectores más débiles de la propia producción, lo que no es otra cosa que cuidar el trabajo y el salario.

Entonces, sin la posibilidad de que exista competencia perfecta, estos tratados que, como el UE-Mercosur pretenden presentarse como de libre comercio, no son otra cosa que arreglos hechos merced a la complicidad de gobernantes, cuya única finalidad es lograr condiciones excepcionales para que grandes corporaciones puedan reafirmar su posición dominante, controlar mejor los mercados y ejercer su rapiña sin ningún tipo de competencia. De libre comercio no tienen nada.

Como se ve, cuando se cae la máscara de la libertad, lo único que queda es la peor, la corporativa concentrada y oligopólica que está en el ADN del capitalismo en cualquiera de sus versiones.