Inicio Argentina Osvaldo Pugliese en sus 112 años por su hija Beba

Osvaldo Pugliese en sus 112 años por su hija Beba

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En la cocina de la confitería "La Armonía", Av. Corrientes y Uruguay.

Siendo hoy la conmemoración de un nuevo aniversario del natalicio de Don Osvaldo Pugliese, mucho se podría escribir de su larga, prolífica y vasta trayectoria.  Pero hemos decidido plasmar la narración de un día de Don Osvaldo y su familia, narrado por su hija, Beba Pugliese.

Por Lucela “Beba” Delma Pugliese.

Fragmento del libro ” Osvaldo Pugliese, Testimonios de una vida”.

¡ En Libertad !

Cuando papá salió de la cárcel el día 10 de Julio de 1955, era una noche helada.

Suena el teléfono. Era bastante tarde.  Mi mamá va a atender la llamada y comienza a los gritos.

“- Osvaldo, ¡de dónde hablás!”.

Mi viejo había entrado al café “Atlántico”, que quedaba a una cuadra de casa, pegado al cine “Atlántico”.  Papá le dice:

“- Estoy a una cuadra”.

Yo me levanté de la cama, todavía no sé cómo me vestí, me puse la pollera a cuadros negra con líneas finitas blancas y dos bolsillos a los costados, que era el conjunto que me había quitado para acostarme y me puse también la polera color celeste pastel.  Me largo a la calle y veo a mi viejo venir.  Corro y lo abrazo fuerte, fuerte.  No sentía el frío.  Corriendo detrás llegaba mu mamá.

“- Osvaldo… Osvaldo… ¡viejito mío!”.

Subimos la escalera, los tres abrazados.  Fuimos a la cocina; mi vieja puso la pava al fuego.  No parábamos de hablar, los tres al mismo tiempo.  Queríamos intercambiar todo lo que habíamos pasado, estar separados días y noches de incertidumbre, tantas experiencias y momentos dramáticos.  Papá le dice a mi vieja:

“. Petisa, no le pongas azúcar al mate, cebalo amargo”.

“- ¡Papá, no lo voy a poder tomar!”.

Me dice:

“- Probá el primero y después no lo vas a querer tomar más con azúcar”.

Puse toda mu voluntad para tomar el mate amargo y me gustó.  Y seguimos mateando … amargos por supuesto…yo hasta hoy.

Poco antes, cuando venía bajando la escalera a toda velocidad, casi había chocado con un muchacho vecino del barrio que, al verme correr a esa hora de la noche y  detrás a mi mamá, dado que no era un espectáculo usual se paró en el lugar y se puso a mirar como nos abrazábamos con papá.  Recuerdo que llevaba subidas las solapas del sobretodo.  Y allí se quedó, como clavado, en la puerta de casa, observándonos a media cuadra de distancia.

Después me dijo:

“- Beba, ¡ no lo podía creer! ¡ Era tu viejo, LIBRE! … Pero no quise interrumpir un momento tan sagrado, el reencuentro familiar…”.

Se llamaba Eros y vivía en la calle Virrey Avilés, a la vuelta de mi casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: “Testimonios de una vida”,libro escrito por Beba Pugliese