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Paquetazo y bicicleta financiera

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Una política que desafía la ley de la gravedad

Newton no dudaría en sospechar que la economía argentina fue diseñada para contradecir su máximo descubrimiento científico: la ley de la gravedad ¿Todo lo que sube tiende a bajar? Si en el mundo material es una verdad irrefutable, en el mundo ficticio del capital financiero lo es su reverso. La trayectoria de la tasa de interés para la bicicleta financiera así lo confirma

Una semana después de que el presidente de la Nación presentará el “paquetazo” de reformas poselectorales y dos días antes de recibir a los gobernadores para “consensuar” la reforma tributaria que afecta a las provincias, el Banco Central de la República Argentina (Bcra) elevó en 100 puntos básicos la tasa de interés de referencia local, ubicándola en casi el treinta por ciento anual, dependiendo del plazo de inversión.

La decisión de la máxima autoridad monetaria y de uno de los instrumentos de política económica más importante que tiene el Estado confirma, una vez más, que el gabinete económico se encuentra decidido a profundizar el proyecto económico-social en lo que desde las páginas de este diario denominamos como segunda etapa del ajuste.

En los últimos meses el Bcra profundizó su política “anti-inflacionaria” vía tasa de interés y con ella decidió intervenir, directamente, sobre el mercado de crédito interno y la inversión.

El aumento de cien puntos básicos en la tasa de interés, que para el sector financiero es un movimiento “brusco”, hace que sea cada vez más rentable la inversión especulativa y menos conveniente la productiva. Esto es coherente con el “paquetazo” presentado por Macri en el Centro Cultural Kirchner (CCK) el cual, como quedó demostrado tras conocerse los detalles de las diferentes reformas, apunta a profundizar el modelo económico, especialmente, a sus principales beneficiarios: las oligarquías financieras y rurales.

Como se denunciara en “El gobierno tiene quien le escriba”, nota publicada en este diario tras los anuncios del CCK, el autor intelectual del “paquetazo” es el Fondo Monetario Internacional (FMI). La reforma previsional, el “blanqueo laboral” y la reforma tributaria con el objetivo de reducir el déficit fiscal, son las principales exigencias del FMI a los países que deciden ajustarse a sus postulados. Basta con darse la vuelta y observar la historia reciente de España, Grecia y Portugal para advertir como las mismas medidas, sugeridas por los mismos actores, tuvieron consecuencias ya conocidas por nuestro país en 2001-2002.

Pese a este antecedente, el FMI volvió a ganar protagonismo en el país mediante el reconocido Artículo IV que obliga a los países miembros a cumplir con rigurosas revisiones anuales de las que luego se desprenden leoninas recomendaciones que afectan la soberanía política y económica nacional.

Estas auditorías anuales habían sido suspendidas durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, pero, como era de esperar, volvieron a ser autorizadas desde diciembre de 2015.

En ese marco, el organismo internacional respaldó la decisión del Bcra de llevar la tasa de interés de referencia a los 30 puntos. Así lo confirmó el director del organismo para el hemisferio occidental, Alejandro Werner, quien afirmó, tras reunirse con el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, que “se está moviendo de manera correcta la tasa” y exclamó que la Argentina “registra un rebote de la inversión privada”.

Como venimos insistiendo, la política ortodoxa del Bcra estimula la bicicleta financiera, lo cual, entre otras consecuencias, motiva un sostenido incremento del pago de intereses por Lebac que ronda los 2.400 millones de pesos al mes, guarismo que pasa a engrosar el déficit fiscal del país.

Así las cosas, cabe preguntarse: ¿cómo puede ser que el FMI, guardián de las políticas fiscales de los países miembros, incentive la bicicleta financiera del macrismo?

Como se sabe, la política fiscal es una de las principales preocupaciones del organismo. La principal línea de acción que el FMI recomienda para “equilibrar las cuentas públicas”, que en Argentina son seriamente afectadas por el peso cada vez mayor de los intereses de la deuda, es el recorte del gasto público, es decir, el ajuste fiscal, que se complementa con la entrega del sistema de servicios y empresas públicas al sector privado.

Pero el beneplácito del FMI, en este caso, apunta a un paso previo que los ortodoxos entienden como necesario para avanzar en el plan de reformas neoliberales y que, en forma de eufemismo, es presentado como “enfriamiento de la economía”.

Por eso, desde el prisma neoliberal y desde el bolsillo de los sectores que integran el bloque de poder, la suba de la tasa de interés es una política deseable para bajar la inflación y quitar liquides de la economía. Detrás de estos tecnicismos propios de la economía política burguesa, se esconde el verdadero objetivo del paquetazo y la decisión del Bcra: achicar el mercado interno, erosionar el poder adquisitivo del salario, fogonear la bicicleta financiera con los pesos emitidos para costear los dólares que ingresan vía endeudamiento externo y estimular la fuga de capitales como instrumento para concretar la transferencia de recursos desde el trabajo hacia el capital y desde el centro a la periferia.

Por eso no sorprende que tras los anuncios de Macri en el CCK y una vez conocidos los primeros detalles del paquetazo, quede claro que es el Fondo Monetario el verdadero autor intelectual de medidas tales como el aumento de la tasa de interés y la bicicleta financiera, pese a que esto “atente” contra el equilibrio de las cuentas públicas que el Fondo dice preservar. En realidad, las únicas cuentas que preserva el organismo es la de la banca privada internacional de los países que lo hegemonizan.