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Y en eso apareció Cavallo

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Por NP
De “modernos”, nada

El ex superministro menemista reapareció en un reportaje dado a El País de España y dejó bien en claro la orientación política y económica del gobierno nacional: “hay coincidencia entre Macri y los noventa”, exclamó.

“Los que están hoy trabajaron conmigo” exclamó con orgullo Domingo Cavallo, ex funcionario de la dictadura militar, ministro de economía de Menem y De la Rúa e ideólogo de la estatización de la deuda privada, del uno a uno, el corralito y el blindaje. La afirmación del cuadro técnico y político estrella del neoliberalismo en el país fue tajante, pero por si faltaba más reconoció que “hay una gran coincidencia entre la línea de Macri y la que yo inicié en los noventa”.

Ningún funcionario del gobierno salió a desmentir y/o a cruzar a Cavallo y no habría motivo para hacerlo: existen razones políticas y económicas que lo justifican. El ensayo neoliberal que comenzó la dictadura de Videla y que profundizó el menemismo es el punto de partida -y no de llegada- del proyecto económico-social de la derecha en el país y la región. En la actualidad el gobierno de Mauricio Macri, que encabeza una coalición política compuesta por grupos económicos nacionales y transnacionales, poder mediático y corporación judicial más el beneplácito de la burocracia sindical, se encuentra abocado a profundizar el perfil liberal burgués del Estado nacional fundado sobre profundas desigualdades y perpetrado bajo la lógica -salvo períodos puntuales de la historia argentina- de una distribución regresiva del ingreso.

Por eso no sorprende que Cavallo se deshaga en elogios hacia la política económica del gobierno ya que tributa a los mismos objetivos que el menemismo en los noventa. Las diferencias son claras y están a la vista: en la actualidad el Estado se encuentra atendido por sus propios dueños, un fenómeno inédito en la historia nacional que dio origen al término “ceocracia” para designar, desde el presidente Macri hasta el funcionario de menor jerarquía, el asalto de Ceos, gerentes, accionistas y propietarios de grupos económicos sobre la administración pública.

Por lo demás, existen más continuidades que rupturas y así se encargó de dejarlo en claro el ex superministro de Menem. Estas persistencias en relación a los noventa y el ensayo de una política represiva sin antecedentes desde el 83 a esta parte dan cuenta que más que ante una “derecha moderna” nos encontramos ante una derecha vetusta y convencional que aggiornó sus prácticas y discursos a la realidad actual donde la comunicación política y la expansión de medios no tradicionales de comunicación parecen dominar la escena.

En realidad se trata de la misma derecha de siempre que, en todo caso, afrontó un proceso de “modernización”, que no es lo mismo que afirmar que se trata de una “derecha moderna”, como cierto sector del progresismo -y hasta de derecha- intenta vender como explicación a la incapacidad de los sectores populares de construir una alternativa política al macrismo.