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Descifrando a China

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Socialismo de Mercado, una fórmula eficaz para surfear sobre el capitalismo y su crisis. Control estatal, planificación y una fuerte presencia del Partido Comunista.

Por NP

Con más de dos milenios de historia, China es en sí misma el sistema civilizatorio más antiguo, pero también es el Estado más poblado y posee una población que extiende la idiosincrasia y cultura china por medio de una diáspora que –desde hace varios siglos- ejerce influencia en varias zonas de Asia.

Esta diáspora, durante el siglo 19 comenzó a extenderse a diferentes puntos de América y, ya sobre finales del siglo 20, fue sumado posiciones estratégicas en África y Europa.

Asimismo, la República Popular China (RPCh) es el tercer Estado más extenso del planeta y una de las dos principales potencias económicas, al tiempo que avanza a pasos agigantados en los terrenos militar, espacial, tecnológico de punta, corporativo y comienza a hacerlo en la industria cultural.

Además, en el acumulado de esta civilización milenaria está el aporte determinante del proceso revolucionario que convirtió a China en la República Popular. Desde esta base y con las transformaciones operadas durante las últimas décadas por el impulso del Partido Comunista, la RPCh adquirió un dinamismo económico acelerado y crecientemente expansivo que la lleva a ser una de las principales potencias económicas industriales y financieras.

El Socialismo de Mercado resulta ser una herramienta eficaz para regir este proceso en el coexiste la economía planificada con una de mercado, pero con una determinante influencia de la inversión y presencia del Estado y el Partido Comunista.

En la fachada de la Puerta de la Paz Celestial o Tiannmén, en el mismo sitio en el que Mao Zedong proclamó la República Popular, está la imagen del líder de la Revolución China. Y, que quede claro, esto no es sólo un símbolo.

Economía mixta

Así las cosas, bajo esta fórmula de Socialismo de Mercado, el Estado tiene el control sobre monopolios en áreas sensibles de la innovación tecnológica, la industria, el comercio y el universo financiero.

Aunque existen segmentos de economía mixta en los que participa el capital privado corporativo, asociado al Estado nacional y de las regiones, la planificación de la economía es centralizada por medio de planes quinquenales.

Con este diseño, la RPCh pasó a integrar la Organización Mundial de Comercio, atrajo inversión extranjera y se expande hacia afuera de sus fronteras. En este camino, avanza en la toma de posiciones en zonas donde tradicionalmente no tenía influencia, básicamente a partir de inversión en construcción de infraestructura –con acento marcado en los puertos-, así como en los sectores minero, hidrocarburífero y financiero donde sus bancos de inversión extranjera operan como un peldaño en la compleja estructura de la diplomacia estatal.

Esta irrupción hacia el mundo, tiende a asegurar la provisión de recursos energéticos y minerales, segmento en el que la RPCh es deficitaria, al tiempo que la expansión de su propia cartera de negocios corporativos, le impone la necesidad de avanzar también en una suerte de deslocalización de segunda generación.

África y América Latina son dos zonas en las que salió con agresividad a disputar plazas y, ahora, está consolidando el espacio euroasiático con la Nueva Ruta de la Seda, iniciativa en la que suma a Rusia como aliado táctico, para crear una ambiciosa red de infraestructura entre Asia Central y Europa, que espera articular el Mar de China con Hungría mediante rutas, vías férreas, estructuras de comunicaciones y red de fibra óptica.

Y si alguien tiene alguna duda sobre la toma de posiciones globales de la RPCh, las petroleras Sinopec y Cnooc, el banco ICBC, Nidera, Noble (ahora de Cofco), las mineras MCC y Shandong Gold, la energética Gezhouba son sólo una muestra de algunas de las firmas de capital estatal chino que operan en Argentina.

Fuente: NP

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