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Se complica el camino de Malcorra hacia la ONU – Parte II: Barras y estrellas

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Por Carlos A. Villalba

La actual canciller argentina, Susana Malcorra se destacó como Secretaria General Adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno (DAAT), de Naciones Unidas, el  organismo multilateral que aspira encabezar, aunque hasta el momento con suerte esquiva tras los primeros cuatro “sondeos de opinión” a puerta cerrada entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad, que deben optar “alentar” cada candidatura, desalentarla o desentenderse de la misma.

Malcorra venía apilando con paciencia -y eficiencia reconocida por distintos sectores-  antecedentes para reemplazar a su ex jefe surcoreano al frente de Naciones Unidas. Arrancó la carrera en octavo lugar entre los 12 aspirantes iniciales durante el sondeo de julio, escaló en buena forma hasta el tercer lugar en agosto y empezó a descender hasta llegar al séptimo puesto en la ronda de la primera semana de septiembre, con siete “alientos”, siete rechazos y una abstención.

En los conciliábulos internacionales, dignos de la Florencia de los Medici, se afirmaba que era el turno de instalar a un europeo, preferentemente del Este por ser la única región del mundo que no ha ocupado el puesto de Secretario General, en cumplimiento de un pacto no escrito. De no concretarse esa expectativa, la posibilidad se desplazaría hacia América y, entonces sí, Malcorra correría con buenos caballos, tanto como lo son los que provienen del establo del comisario. Estados Unidos, en ese caso, tendría otro resorte multilateral a cargo de alguien dócil a sus intereses y Macri presentaría la designación como un “triunfo” de su gestión, sobre todo de esa “apertura al mundo” de su “nueva Argentina”, de la que volvió a hablar al desembarcar en Nueva York.

En realidad, al capital que le aporta Washington la canciller suma el ser mujer, como cualquiera de las congéneres que iniciaron la carrera en la que solo quedan tres, tras el desestimiento de la costarricense Christiana Figueres después de recibir 10 “desalientos” en la última sesión, tres más que su rival argentina.

Todo se sabe

A partir de 2004 Susana Malcorra ejerció como Oficial Principal de Operaciones y Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA), supervisando operaciones humanitarias y de emergencia. De ese organismo pasó al DAAT, encargado de cooperar con el despliegue de las “misiones de paz” de la ONU en todo el mundo, con un presupuesto de u$s 7.000 millones y maneja más de 120 mil personas, entre militares, policías y civiles.

Cuatro años después se convirtió en jefa del gabinete del secretario general, Ban Ki-moon. A lo largo de ese recorrido fue significativo el vínculo que logró con Susan Rice, entonces embajadora de Estados Unidos en la ONU y luego consejera de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama.

Las filtraciones de Julian Assange conocidas como “wikileaks”, realizadas a partir de 2008, permitieron confirmar el acercamiento de la funcionaria hacia los intereses de Washington, a pesar de distintos problemas logísticos y de irregularidades administrativas registradas en diferentes misiones de paz, en particular en la de Darfur, Sudán, donde Naciones Unidas, a instancias del gobierno estadounidense de George W Bush, intentaron desde 2007 contener un conflicto armado que desembocó en un proceso de “limpieza étnica” de la población negra, con entre 300.000 y 400.000 muertos según distintos informes, y más de dos millones de desplazados de sus hogares.

Los malestares británicos, alemanes e italianos con la gestión encabezada por Malcorra, al punto de proponer saltear la coordinación con la ONU y operar de modo directo, y la aceptación de las propuestas de los EEUU por parte de la funcionaria argentina, quedaron documentados en veinte despachos del Departamento de Estado fechados 2008 y 2009, que mencionan a la actual canciller argentina, insertados en 2012 en su sitio por wikileaks.org,

https://search.wikileaks.org/advanced?order_by=most_relevant&any_of=&document_date_end=&document_date_start=&exclude_words=&released_date_start=&new_search=True&page=2&query=MALCORRA&released_date_end=&exact_phrase=Durante su paso por la DAAT

A pesar de esas opiniones en su contra, Malcorra llegó a la Jefatura de Gabinete de la Secretaría General ONU, tal vez gracias a diferentes nombramientos de estadounidenses en altos cargos de la DATT, como fueron, a solicitud de la influyente Susan Rice, los de Tony Banbury como  subsecretario General Adjunto en el Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno, que ocupó hasta el 5 de febrero de 2016 o a su propio ofrecimiento de llenar las direcciones recursos humanos, logística, tecnología y finanzas con funcionarios de Estados Unidos.

Macri juega la Reina

Contra viento, marea y evidencias, el mandatario argentino cree que la carrera de su ministra le permite instalar su idea de “la nueva Argentina” que impulsa su gobierno; una vez más desde la gestualidad, esos esfuerzos constituyen a su juicio una suerte de campaña de comunicación internacional, por encima del resultado de la elección del Consejo de Seguridad.

Como el “mini Davos” y sus discursos, Macri considera que es un aporte a la mostración de ese “nuevo país” que imprimió en los folletos bilingües preparados para la reunión del CCK, fotocopias de los que distribuyeron en el intento de atraer inversiones en medio de las negociación es con los fondos buitre y en los que se reconocen los logros de la década kirchnerista que se niegan puertas adentro del país.

Al criterio no escrito de “rotación geográfica” de la Secretaría General ONU, se sumó en esta oportunidad una fuerte presión para que el cargo vaya por primera vez a una mujer, en función de un criterio nunca reglamentado que dispuso la Asamblea General en 1997 para que se diese “debida consideración a la igualdad de género”. Las diferentes filtraciones de Nueva York, afirman que hasta el momento esta característica “no tuvo un papel relevante” y el embajador de Rusia ante el organismo, Vitaly Churkin, aseguró que algunos de los que hablaron en público “sobre la necesidad de apoyar a una mujer no actuaron así en la votación real».

De todos modos, Malcorra también perdió espacio en la pelea de género, después que la búlgara Irina Bokova, directora general de la Unesco, subiera el quinto lugar, también con siete votos positivos, pero con dos negativos menos que la argentina.

Por el momento, el ex primer ministro portugués y António Guterres, Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados hasta el año pasado, marcha a la cabeza del lote de aspirantes, y algunos ya lo consideran “virtual” sucesor de Ban Ki-moon después de imponerse en los cuatros sondeos iniciales. De todos modos, llamó la atención la corrida del canciller eslovaco Miroslav Lajcak hasta el segundo lugar.

Desde que se inició la contienda en Naciones Unidas, Europa del Este reclama al mundo saldar lo que considera una deuda con la región y pareciera que Rusia apoya el reclamo. De hecho otras dos figuras de ese origen ocupan en los lugares siguientes al de Guterres: el excanciller serbio Vuk Jeremic con nueve apoyos y el ex presidente de la Asamblea General de la ONU, el macedonio Srgjan Kerim, con un apoyo menos.

A pesar de todo los voceros presidenciales que desembarcaron con su jefe en el edificio de la ONU frente al East River neoyorkino, sostuvieron que Malcorra “seguirá en carrera”. Es que Macri, a pesar del traspié con la premier británica,  intentará mantener vivas las posibilidades de la ingeniera que le puso el apoyo a la candidatura como condición para instalarse en el Palacio San Martín y que recorre el mundo en el marco de su campaña.

Volvió a hablar del “Programa Siria”, con la cifra de 3.000 refugiados que menciona el equipo Malcorra (ver la Parte I de este informe) y no faltó a ninguno de los actos protocolares en los que pudo colar, junto a la sonrisa de su esposa, Juliana Awada, quien disfruta de las mieles que le rinden un marketing preciso, su belleza y algunos gestos que le brindó su par estadounidense, Michelle Obama.

Tiempo de descuento

Los tiempos de la elección se acaban. El próximo 26 de septiembre habrá una nueva ronda con el mismo formato de las anteriores. Una semana después se llevará a cabo una sesión en la que, por primera vez, los cinco miembros permanentes  del Consejo de Seguridad marcarán con un color distinto las papeletas. De ese modo, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia harán saber a qué aspirantes están dispuestos a  vetar si insisten con sus postulaciones.   

La diplomacia argentina filtra a los diarios que acompañan la candidatura de su jefa versiones acerca de que “ninguno de los siete países que ´desalentaron´ la candidatura de Malcorra” es uno de los miembros permanentes, a pesar de que ella ya sumó evidencias acerca de que una de esas papeletas negativas constituye un veto.

En realidad, los que más preocupan a la dama rosarina son Rusia e  Inglaterra. El primero, por el momento trata de sostener a los candidatos el Este aunque estaría dispuesto a avanzar en una negociación que mantenga las posibilidades de Guterres, a pesar de que su país forma parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dirigida desde Washington, sobre todo ante la amenaza de EEUU de vetar a búlgara, Irina Bokova, y teniendo en cuenta que el tema que abarcará los próxima década del mundo internacional es el de los refugiados, especialidad del portugués.

En un intento de contrarrestar probables votos de censura fue asegurar que “Todavía hay un voto sesgado en contra de las mujeres”, con la que Malcorra trató de instalar que cualquier rechazo que reciba sería pura misoginia y no tendría que ver con las acusaciones en su contra por el supuesto ocultamiento de casos de abuso sexual a menores perpetrado por Cascos Azules de la ONU en la República Centroafricana, por la mala gestión durante el despliegue de las tropas de paz en Darfur, Sudán, ni por su alineamiento con Estados Unidos.

La falta de empacho del presidente en sostener intereses más que ideologías facilitaron los pasos de la canciller, por ejemplo y como ya se vio, con relación a Gran Bretaña. Macri no tuvo ningún señalamiento contrario a los diez puntos del “acuerdo” con Londres, además de que “prefiere que lleguen inversiones inglesas más que pelearse con ese país por las islas”, según fuentes cercanas al gobierno.

En ese camino, tampoco le preocupó modificar su política hacia Venezuela, miembro no permanente del Consejo de Seguridad  de la ONU, y líder de un grupo importante de países de la región y del resto del mundo, cuando Malcorra pegó un volantazo en la posición original argentina sobre le República Bolivariana en el seno de la OEA y su intervención fue decisiva para hacer fracasar la propuesta del Secretario General de esa organización, el uruguayo Luis Almagro, que trató de desencadenar un  proceso conducente a la suspensión de la nación caribeña. En ese momento, los asesores presidenciales consideraron que ese cambio de posición no tendría impacto en la opinión pública y que era de mayor utilidad el “éxito de la campaña de Malcorra que por los derechos humanos en Venezuela”.

Algo sucedió en las últimas jornadas, tal vez nuevas presiones, tal vez la crudeza numérica de los sondeos, lo cierto es que Mauricio Macri sorprendió al romper todo protocolo y tirar a las fieras el principio de no intromisión en los asuntos de otro Estado y declarar al Nueva York Times que Venezuela es “un desastre”, y que nadie “puede decir que están practicando la democracia, eso no es democracia». Dejó atrás, de esa manera la “vergüenza” que el endilgara semanas atrás el periodista Andrés Oppenheimer, mientras acusaba a la Argentina de “ayudar a comprar tiempo al régimen venezolano”, motivado por “la necesidad de Malcorra de contar con el respaldo de Venezuela para su candidatura a la Secretaría General de la ONU”.

Ya recorrió el mundo a caballo del conocimiento que los gobiernos tenían de Malcorra. Puede ser que crea haber llegado a la cima, del mismo modo que, en nueve meses, condujo el país a su “pobreza cero”.

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