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NOSOTROS O ELLOS – ESCENAS DEL CAPÍTULO ANTERIOR

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Por Oscar Natalichio: CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES (CIEYS)

Recuerdo un hecho del que fui testigo y sucedió hace muchos años, medio siglo para ser más preciso). Había llegado por primera vez a Mar del Plata y caminaba por la costanera observando asombrado el “anchuroso” mar, algo para mí, hasta ese momento desconocido. A los que venimos del interior, el verano en Mar del Plata nos ofrecía dos posibilidades únicas, conocer esa hermosa ciudad marítima y conocer a los actores o actrices de esos tremendos y exitosos culebrones que se pasaban por la tele blanco y negro, o por radio.

Como toda novela (telenovela en este caso) hay actores que interpretan el bien y otros el mal. La obra que estaba en cartel era una “obra maestra” del género y donde el bueno era tan bueno que merecía nuestra solidaridad y cariño y la mala tan mala que despertaba nuestro odio hacia ella, tan perversa.

Hasta ahora no he dicho nada nuevo, pero el hecho del que fui testigo sí lo fue: ver salir del teatro a los actores del culebrón, a los que la gente, agolpada, esperaba con infinita paciencia. Bastó que saliera la que representaba a la “mala de la película” para que decenas de mujeres y algunos hombres comenzaran a insultarla y hasta a agredirla, salvándose de algunos golpes por haber regresado rápidamente al teatro. No alcanzó a calmar a la jauría ni siquiera la intervención de los actores que hacían de buenos; es más, se los consideraban tan buenos (tan boludos), que eran capaces de defender a esa bruja que tantos daños les hacía.

Fue un importante aprendizaje, ver cómo la línea entre la ficción y realidad es vulnerada por los medios de comunicación. Cómo un día de playa fue reemplazado por un día de furia. Como el mar es reemplazado por el mal, con  esa “gente” que vivía dentro de un receptor y que viajó cientos de kilómetros para ser también protagonistas aunque sea por un día.

Los culebrones se han perfeccionados y han extendido sus experiencias al área de la política, al área del dominio cultural. Y esa perfección a cambiado la cualidad, más que la cantidad. Ahora los protagonistas buenos son los gobernadores, el presidente gerente, los diputados, lo ministros, los medios, los periodistas y los malos son los trabajadores, las Madres, los jóvenes, los viejos, algunos jueces, algunos deportistas, algunos periodistas, etc. Y han instalado la representación extrema del mal en una mujer: Cristina.

Observemos cómo actúan estos fascistas en el armado de este nuevo culebrón que tiende, no sólo a encontrar “enemigos que ponen palos en la rueda”, sino, y muy especialmente, en evitar que la realidad se imponga sobre las reiteradas y hasta estúpidas mentiras repetidas hasta el cansancio.

Una de ellas, la preferida y por ello reiterada, es “denunciar” que han recibido amenazas de muerte, amenazas de bombas, llamadas amenazantes, mensajes intimidatorios, etc.

Por tercera vez Vidal anunció que le enviaron “llamados amenazantes” y, a continuación, expresa, con su sonrisa indeleble (guión de Duran Barba) que: “lo importante es que sabemos y tenemos la tranquilidad de lo que estamos haciendo y de que es lo correcto. Y que hacer lo correcto en la provincia de Buenos Aires pone incómodo a algunos sectores, pero es lo que votó la mayoría”.

Luego, como siguiente escena, llegan los apoyos de solidaridad a la gobernadora que ya lleva agregando más de 2 millones de desocupado en su provincia. En esos apoyos se pueden observar varios rasgos de la conducta humana, desde la obsecuencia, pasando por la complicidad y finalizando en la ingenuidad e imbecilidad.

Los obsecuentes surgen, obviamente, de su entorno, comenzando con su ministro de “justicia” un tal Ferrari, de los del Frente Renovador, quienes corrieron a hincarse a los pies del hada madrina: Jorge D´Onofrio y Sebastián Galmarini y los gaseosos y tarifarios “aliados” de la UCR. Los cómplices y partícipes del armado, son de mayor rango, comienza con la “solidaridad” del mismísimo presidente, el jefe de gobierno de la Ciudad, la gorda Carrió quién le mandó un mensaje para que tuviera “fuerza” y atribuyó los hechos a las “mafias” del narcotráfico. Luego continúa con la “ingenuidad”, tanto simulada como real: Allí se coloca la intendente de la Matanza, zona más castigada por la política de Cambiemos, convalidando el hecho como real y declara que “quien atenta contra una mujer es doblemente cobarde”. Y en esa legalización de la farsa es acompañada por otros colegas que se suman a la fabulación orquestada: Jorge Ferraresi (Avellaneda), Fernando Gray (Esteban Echeverría). Y, extrañamente, se suma Juan Cabandié, que califica a un hecho armado por los tanques pensantes del fascismo macriano, declarando que esa intimación (esa farsa) es una “barbaridad”, atenuando sus propios dichos colocando a esa “barbaridad” ficcional al mismo nivel que las agresiones a Cristina, a la Cámpora, a Nuevo Encuentro, que nada de ficcional poseen.

No deja de ser preocupante que tal payasada sea tomada por un hecho real. El poder de los medios en estos ejemplos no debería ser tan influyente en determinados grupos políticos, tanto opositores como “opositores”. Si lo son, es síntoma de debilidad, de que se los puede engañar muy fácilmente, casi sin esfuerzo intelectual.

Nadie quiere quedar afuera del culebrón, por eso el presidente anuncia una nueva amenaza de bomba en la Casa Amarilla que está rosada de vergüenza. Pero, como en todo novelón, hay actores de reparto que no están muy conformes con el “reparto” y quieren tener un protagonismo mayor.

Y para conocer a uno de ellos hay que volver a Mar del Plata, a esa hermosa ciudad del mar y del mal. Y aquí encontramos a un actor “bolo” que se llama Alfredo López y es juez. Y no un juez cualquiera, sino un juez que está a cargo de los “incidentes” que nunca ocurrieron, durante el acto en que Mauricio Macri fue (supuestamente) apedreado.  El papel que le tocaba no era complejo: debía expresar (y así lo hizo) que existe “un plan sistemático de desestabilización” y en una segunda entrada, en otro capítulo, afirmar que “la principal responsable era Cristina Kirchner” Pero el actor-bolo es juez y ya había recibido una manifestación de repudio por los falsos dichos contra la organización Votemos Luchar. Y en su intento de lograr alguna pista logró incorporar una contundente prueba, proveniente de la Policía Federal que “constó” que hubo un “piedraza” de “tamaño importante” y muestran un video de una mujer de campera roja y un hombre (saludando o arrojando dos piedritas que no se ven) a un auto que no era el del presidente. Y Duran Barba, que es fascista pero no lerdo, con el criminal Magneto con el pleno uso de sus medios, idearon vincular a esa de campera roja con la mujer de campera roja que fue a ver a Cristina en la Villa 31. Así de simple relacionaban a Cristina con los dichos del juez bolo: que era “la principal responsable”.

Mirá que son las mujeres son muy distintas: le advirtió un periodista cipayo con experiencia, pero el caso ya tenía cobertura mediática (Clarín y sus subordinados) y jurídica (el juez López), además, el color rojo de la campera. En medio de este culebrón, la policía bonaerense mete la cola, cuando se le pregunta de la agresión con piedras al presidente, su jefe, Pedro Breéis declara, contundentemente: “que no hubo piedrazos”.

El juez se sintió como novia (o novio) abandonada (o abandonado) al pie del altar y se desbocó, se salió del argumento del culebrón y empezó a dejar de ser bolo para asumir un protagonismo total. Volvió a atacar a “Volvemos Luchar” sin prueba alguna, volvió a hablar de los (inexistentes) piedrazos como “el punto culminante de la agresión”, se anotó en la versión que sostenía la alcoholizada, de que el hecho (inexistente) fue llevado adelante por “grupos organizados con fines desestabilizadores” y se lanzó a una acción fuera de todo libreto, fuera de toda lógica ilógica, fuera de toda racionalidad elemental, una acción que señala el nivel de imbecilidad que  puede llegar a lograrse en una sociedad que están saqueando y destruyendo.

El juez ahora actor protagónico (y ya no mas bolo) convoca a la ciudadanía argentina, a los 43 millones, a que se movilicen en apoyo a su “gestión” en todo el país, y expresó que, de no hacerlo, renunciaría a su cargo declarando: “Qué se arreglen, si la gente no defiende sus derechos, y no defiende a los que los defienden, bueno, yo no soy Dios, soy un ser humano y hasta aquí llegué”

ESCENA DEL PRÓXIMO CAPÍTULO.

Los libretistas están en dudas si colocar a miles de personas en la calle vivando al nuevo Blumberg, el doctor López, llevándolo en andas confirmando su carisma ante las masas, o mandarlo de embajador a Vanuatu.    

 

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