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Mientras derrumba la economía, Macri avanza contra el trabajo y las libertades personales

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EDITORIAL DE FERNANDA VALLEJOS (click para escuchar)| MUCHO MÁS QUE DOS – 29.07.2016

Los números de junio muestran la foto de una Argentina donde se desplomó, en una palabra, todo. Cayó la Industria -8,2% (FIEL), cayó la Construcción -19,6% (ISAC-INDEC), cayó la Inversión -5,3% (OJF), cayó el Consumo -9,8% (CAME), cayeron las Exportaciones -13% (ICA-INDEC), cayó el nivel general de Actividad -3,8% (ITE-FGA). Cayó la recaudación -14% (considerando una inflación anual de 44%). Se expande, en cambio, el déficit. Y se expande, además, el endeudamiento externo por un camino directo a la insolvencia: tasas de crecimiento del PBI negativas (recesión) y altas tasas por la deuda tomada.

CEPAL acaba de empeorar su pronóstico recesivo para Argentina, llevándolo hasta -1,5%. Coincide así con el FMI que, desde el -1% apuntado en abril, pasó en junio a pronosticar una caída de -1,5%. Advertencias como las de Wells Fargo, el 4to. banco norteamericano, indicando a sus clientes no invertir en Argentina debido a la recesión, tampoco son casualidad.

Mientras tanto, en el gobierno han sostenido que los motores del crecimiento del modelo macrista son las exportaciones y la inversión. Durán Barba tiene trabajo. Tendrá que pensar algo novedoso para mantener las expectativas de un sector de la población. No sólo cayeron 13% las exportaciones. O 5,3% la inversión. Sino que la utilización de la capacidad instalada está 10 puntos por debajo de su promedio histórico, sin ningún indicio de que las aclamadas inversiones lleguen: hay 35% de capacidad ociosa que debería utlizarse antes de requerir nuevas inversiones para expandir la producción, cosa que, por supuesto, no va a ocurrir porque la retracción de la demanda va rumbo a profundizarse.

El gobierno no ha escatimado esfuerzos: devaluación, tarifazo generalizado, apertura importadora, eliminación de impuestos progresivos a los grandes constribuyentes. Un cockteil inflacionario y recesivo inflalible que cumplió su cometido: se transfirieron 20 mil millones de dólares desde los trabajadores hacia la minoría más rica de la pirámide. La otra cara de la moneda: 5 millones de nuevos pobres, de acuerdo con el Instituto Gino Germani, 160 mil nuevos desocupados, según el Centro CEPA. O, desde el prisma de un indicador menos convencional: ya hay saqueos en supermercados, son numerosas las ciudades del interior donde retornó el trueque y, según Cáritas, se duplicó la demanda de ayuda en comedores y de personas que se encuentran en situación de calle. Alegría Cero. Todo muy triste.

Tan triste que es difícil ver más allá de la conmoción que genera todo este, ¿cómo llamarlo?: “cambio”. Sin embargo, hay que hacer el esfuerzo. Porque la realidad es aun más severa que lo que muestran los números y los dolores de mañana pueden superar de lejos a los presentes.

Veamos. Desde que Macri asumió entregamos nuestra autonomía fiscal y monetaria. Entregamos nuestra soberanía previsional, en nombre de una reparación para el 10% más rico de jubilados, allanando el camino para la privatización del sistema.

Se consuma la entrega de nuestra soberanía sobre nuestros recursos naturales: YPF levantó 37 equipos en Neuquén y Río Negro y otros 31 en Santa Cruz y Chubut. En tanto, como ya habíamos adelantado en Mucho Más Que Dos, son 20 las áreas petroleras que la nueva gestión ha decidido vender a privados. Prospera, en tanto, completamente ausente de la agenda pública, la introducción de bases militares norteamericanas en la Antártida y la Triple Frontera, cerrando el control imperial sobre recursos naturales estratégicos. Se modificó, por decreto, la Ley de Tierras, ampliando el alcance de la compra de nuestra tierra por parte de extranjeros.

Lisa y llanamente, se avanza en la entrega de nuestra soberanía e independencia económica, al desbaratar el proyecto de integración regional suramericana y empujar a nuestros países por los caminos inhóspitos de la Alianza del Pacífico, del acuerdo Mercosur-Unión Europea y, como meta final, del Tratado Trans-Pacífico.

Lo cual nos lleva, entre muchas otras cosas, a las voces que empezaron a alzarse en los últimos días, sobre una supuesta necesidad de una reforma laboral y del derecho del trabajo. ¿Por qué? Porque uno de los objetivos del poder económico-financiero internacional que promueve este acuerdo es el abaratamiento, hasta los mínimos posibles de subsistencia, de lo que consideran “costo” de la mano de obra. Van a sonar como hits conceptos tales como conflictividad laboral, litigiosidad, todos eufemismos para atacar la legislación que protege a los trabajadores. Quieren esclavos antes que sujetos de derecho. Quieren que trabajes para ellos pero no hacer aportes, pagándote salarios de hambre (pensemos en el modelo promovido por Macri, a partir del convenio firmado con Mc Donald´s: sueldos de $4500, por debajo del SM), y quieren libertad para deshacerse de vos, como si fueras un objeto descartable, despojándote de tu derecho a una indemnización. Es precisamente lo que reclamó La Nación, en su editorial de hace un par de días atrás: “flexibilizar y facilitar la contratación…”, además de que “la indemnización por despido debería sustituirse por un sistema contributivo que ampare al trabajador frente al desempleo”. Fue en sintonía, con el ataque del propio Macri a los miembros del fuero laboral, exigiendo “una justicia laboral más equitativa, no tan volcada a encontrarle siempre la razón a una parte”, lo que en buen romance equivale a solicitar el cambio del fuero laboral a un fuero patronal, servil y complaciente con el poder, que desampare a la parte débil de la relación laboral, que es el trabajador.

Lo que viene, o lo que quieren que venga en la Argentina, el famoso y verdadero cambio, es de una brutalidad que no conocemos. El nuevo consenso del liberalismo global, del que los gerentes de Cambiemos son alfiles en nuestro país, es salvajemente deshumanizante. Tal vez por eso, porque anticipan que la mansedumbre del pueblo tiene un límite, apuran reformas y compromisos asumidos. Tal vez por eso, Clarín tituló con la cuestión del “terrorismo” a propósito de que la ministra Bullrich, felicitada por Barack Obama por la labor de su cartera, trabaja en la creación de una “agencia antiterrorista”, al mismo tiempo que misteriosamente se habla de terrorismo en nuestro país en las redes sociales a escala global. Es de una miserabilidad pocas veces vista. No hay argentino, ni ciudadano informado del mundo que no sepa que Argentina y toda la región Latinoamericana son ajenas a estos monstruos que el imperio ha creado en otras latitudes.

Sin embargo, nos enteramos que la Anses le va a entregar todos nuestros datos, que suponíamos protegidos, a la secretaría de comunicación del gobierno, que los va a cruzar con tu información en las redes sociales. Por cierto, desconocemos -por su carácter secreto- los acuerdos que la cartera de Bullrich firmó con EEUU pero sabemos que ese país tiene legislación que lo habilita a hacerse con datos de ciudadanos de otros países que Cambiemos podría facilitarle a la inteligencia norteamericana, con fines de “seguridad nacional” o algunos otros eufemismos de época, como bien podría ser el “terrorismo”. Quién sabe, a lo mejor no te habías dado cuenta, y mañana resulta que vos sos un terrorista, ella es una terrorista, él es un terrorista, nosotros somos unos terroristas…

Podría ser. ¿Por qué no? ¿Qué nombre darle a los hombres y mujeres que, en el marco del nuevo consenso del liberalismo global que pretende avanzar nuevamente sobre nuestra región, se atrevan a seguir soñando con un mundo más justo, más feliz, más solidario? Algunas décadas atrás los llamaron “subversivos”.

Aquel adjetivo se usó para justificar la muerte de 30.000 argentinos. Por cierto, sus asesinos, que después de décadas fueron juzgados y condenados durante los gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, están, por decisión de este gobierno, volviendo a sus casas. Mientras tanto, los responsables civiles de aquel terror, todavía gozan del anonimato y la enorme ausencia de juicio y castigo. Siguen entre nosotros, haciendo negocios, tomando nueva deuda y decisiones de política pública.

Fuente: www.eppa.com.ar 

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