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Argentina en el Atlántico, Macri en el Pacífico – Por Jorge Kreyness

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Por Jorge Kreyness

Con la sombra del Brexit, que pone en cuestión nada menos que el modelo de integración de la Unión Europea (UE), deliberó en Chile la Alianza del Pacífico (AdP), integrada por México, Colombia, Perú y Chile.

Por eso, una de las preocupaciones de sus líderes se sintetizó en la fórmula “Integración + Inclusión”, concepto este último que por un lado señalan como carencia y causa de la crisis de la UE, y que por el otro asustó a Mauricio Macri, cuya crítica al Mercosur refiere a su “populismo” demasiado inclusivo. El concepto de inclusión social fue uno de los caballitos de batalla de Cristina F. de Kirchner.

Apertura y dependencia. La enviada del matutino argentino Clarín, Natasha Niebieskikwiya, a su llegada a Chile había presentado bien a la AdP como un acuerdo “de economías abiertas y acuerdos con Washington”. Las estadísticas, por otra parte, indican que los cuatro países miembros tienen el 92% de su comercio totalmente liberalizado.

Un claro exponente de ello son las impresionantes ganancias de las “administradoras” de fondos de pensión, a las cuales se les pide ahora que cedan un pequeño porcentaje de sus beneficios para un fondo de infraestructura, pero a cambio de ofrecerles preferencias para sus inversiones dentro de lo que el presidente mexicano Peña Nieto considera “un único mercado”, un único país”.

Cosas todas estas que fueron tranquilizando al jefe de Estado argentino, quien más que en reuniones interestatales utilizó su tiempo en la Cumbre Empresarial del grupo realizada en la bella localidad de Frutillar y en reuniones con las cámaras patronales, como la SOFOFA de Chile, donde concurrió acompañado por los directivos de la Asociación Empresaria Argentina, de la que forman parte el Grupo Clarín, Techint, y Arcor, entre otros. Además, Macri trabajó con los directivos de la compañía LAN, a la que está otorgando nuevas licencias de rutas aéreas que la fortalecerán para competir con la estatal Aerolíneas Argentinas.

No faltaron quienes consideraron su comportamiento “más como empresario que como estadista”.

En busca del 2%. En la Cumbre Presidencial de la AdP se plantearon urgentes necesidades de crecimiento económico, que no ha sido el fuerte de los Estados miembro. Acercarse a un 2% de ampliación del PIB resulta un objetivo difícil de lograr con semejantes niveles de apertura de sus economías basadas en la producción primaria, el extractivismo y los servicios.

De los relatos de cada presidente surgen a su vez algunas novedades.

José Manuel Santos, explicó a su modo los acuerdos de paz con las poderosas guerrillas comunistas de las FARC, que permitirán, dijo, ampliar el comercio a zonas donde hasta ahora resultaba imposible.

Pero en ese templo del libre comercio que es la AdP, Ollanta Humala no pudo explicar su derrota electoral y la cuasi desaparición de su partido de la escena política peruana, causada por su apego a la ortodoxia económica.

Peña Nieto, por su parte, hacía lo posible por quitar la vista de los titulares periodísticos que informan sobre las represiones a los maestros y profesores que luchan contra la reforma educativa, que ya llevan más de 12 muertos y centenares de heridos, que se suman a los 43 de Ayotzinapa y a tantos otros cuyos cadáveres aparecen por todo México, testimonio trágico del fracaso de la “guerra contra el narcotráfico” impulsada por los EEUU y que Macri pretende desplegar en Argentina introduciendo a la DEA.

Es que la AdP se caracteriza porque todos sus Estados integrantes tienen Tratados de Libre Comercio con los EEUU y bases militares del Pentágono.

Las realidades de los cuatro países que se reunieron en Puerto Varas, Chile, no son demasiado alentadoras como para imitarlos ni para sumarse a ellos.

El mismo Mauricio Macri no se sintió demasiado a gusto cuando los cuatro del Pacífico resolvieron perfeccionar los intercambios de información tributaria.

Y lo que en Buenos Aires es presentado como un novedoso acercamiento pierde carácter noticioso cuando se informa que Argentina es el 49° país en presentarse con el status de observador.

De todos modos, poco hay para alegrarse con todo esto. Ni debemos subestimar los peligros que encierra este acercamiento argentino en momentos de una feroz ofensiva del imperialismo y las derechas en toda América Latina.

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