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MIGUEL MARTIN DE GÜEMES: CLAVES DE SU HISTORIA (Tercera parte)

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1817. Salta era escenario, de una nueva invasión realista. Pero esta llegó con el preocupante valor agregado, de ser encarnada por el ejército español que había derrotado a Napoleón en Waterloo. Al frente De la Serna, un oficial que sembró terror arrasando todo a su paso y ocupando las provincias de Salta y Jujuy.
Su objetivo era que la bandera del Rey, vuelva a flamear en el fuerte de Buenos Aires.
Güemes montó campamento en las afueras de la ciudad y comenzó a hostigar a los 7 mil hombres (3.500 llegaron por el Pacífico, para sumarse a las tropas del Alto Perú), con acciones como “La yeguada de Los Sauces”, cuando quebró un campamento español con una tropilla salvaje.

Los salteños por orden del “Padre de los pobres”, quemaron sus casas y sus campos, secaron los pozos de agua y salieron de la capital provincial. De la Serna supo en pocos días, que sin alimentos Salta se convertiría en un infierno, para un ejército de tamaña magnitud.

Buscó comprar a Güemes, para que abandone la lucha; gestos que el caudillo del norte, siempre entendió como una muestra de la debilidad española ante un pueblo en armas.
“A este pueblo no lo conquistaremos jamás”, dijo el experimentado oficial español y ordenó la retirada de Salta.
Los infernales vencieron al ejército más importante del mundo, con ataque relámpagos y la histórica complicidad de su gente (un hecho solo comparable con el éxodo jujeño, pero que la historia oficial relegó al olvido).
Las noticias que llegaron desde Chile, confirmando la victoria de San Martín en Chacabuco, también empujaron a De la Serna a decidir la retirada hacia el Alto Perú.

OTRA VEZ BUENOS AIRES, ABANDONO A GÜEMES
1919. Rondeau fue consagrado Director Supremo y los viejos fantasmas de una relación muy difícil con Güemes, volvieron a generar dudas sobre el puente Salta-Buenos Aires. Pero rápidamente los dos se encargaron de documentar, que primero estaba la Patria…
En realidad, en ese momento la prioridad de Rondeau no era la guerra por la Independencia, sino terminar con Artigas en la Banda Oriental, que por entonces proponía locuras como federalismo (republicanismo real y no proclamas formales vacías de contenido) y reparto de tierras (en el primer ensayo de reforma agraria que tuvo el continente).
El nuevo director supremo, llegó a ordenarle a San Martín que abandone su campaña libertadora y regrese a Buenos Aires con su ejército, para reprimir a los federales. Por supuesto, San Martín desobedeció…
La crisis económica, amenazaba terminar con Güemes, quien en una desesperada carta a Belgrano, dijo: “Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías. La nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tienen hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulamos de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria”.
La oligarquía le pidió a Güemes negociar con los españoles y el gobernador respondió, pidiendo 5 mil pesos para un empréstito forzozo. Desde siempre la relación fue compleja, pero en ese momento se quebró.
1820. Buenos Aires cada vez más centralista, no liberó una moneda y la economía salteña, muy debilitada por 6 invasiones, ingresó en una crisis que dejó a Güemes como único responsable. La oligarquía decidió no ceder más ganado, ni dinero, para una guerra que no le interesaba…, que nunca le interesó.
Patria Nueva fue el partido político que nació para destituir al gobernador. Su objetivo: “matar al tirano”.
El 8 de mayo, Orozco encabezó la séptima invasión y otra vez, Güemes armó su base de operaciones a una legua de la ciudad de Salta.
Mientras tanto, San Martín le pedía que avance hacia el Perú. El salteño pidió apoyo a Buenos Aires y nuevamente el puerto lo dejó solo.

UNA BALA EN SU CADERA Y DIEZ DIAS DE AGONIA, TERMINARON CON SU VIDA
1821
. En marzo, algunos oficiales de Güemes, tentados por la oferta española, pasaron al ejército realista. De soldados revolucionarios de la patria, a mercenarios…
A la amenaza de un nuevo ataque de los Godos, se sumó la guerra civil. Güemes debía atender dos frentes militares: por el norte, los españoles y en el sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, aliado de los terratenientes salteños, que hostigaba permanentemente.
La derrota de Aráoz, el 3 de abril de 1821, terminó con uno de los dos problemas.
La crisis política estalló, cuando el Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, destituyó a Güemes y nombró en su lugar, a Saturnino Saravia.
El nuevo gobernador ordenó la detención del caudillo y los gauchos, liderados por Macacha (Magdalena Güemes de Tejada), hermana de Güemes, destituyeron a Saravia.
En ese fuego cruzado, los españoles jugaron en la interna a favor de la oligarquía local y los poderosos de Salta no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo para eliminar a Güemes.

El 7 de junio, Mariano Benítez, integrante de Patria Nueva y una patrulla realista, al mando del Coronel José María Valdez (“El Barbarucho”, un criollo que peleaba para España), se internaron de noche por una quebrada en la ciudad, para capturar vivo o muerto a Güemes.

Los realistas rodearon la casa de Macacha y el caudillo optó por salir con su escolta a enfrentar a cerca de 100 hombres. Escapó, pero lo hirieron de un balazo en la cadera.
Los realistas tomaron la ciudad y Olañeta se convirtió en gobernador.
A Güemes, que pasó diez días de agonía, en las afueras de la ciudad, en el campamento de Chamical, los emisarios españoles le ofrecieron dinero, títulos nobiliarios y la mejor atención médica.
La nueva respuesta del salteño, fue digna de su pasado: reunió a todos sus oficiales, les transfirió el mando y dio las últimas instrucciones. Los oficiales y la tropa, juraron terminar con la presencia española en Salta.
Güemes murió el 17 de junio de 1821, en la Cañada de la Horqueta. El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical.
El 22 de julio, liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos derrotaron a Valdés y expulsaron para siempre a los realistas de la provincia.
1822. Los restos Güemes llegaron a la Catedral de Salta, en el marco de una inédita movilización popular.

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