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GÜEMES Y LOS HOMENAJES DE SUS ENEMIGOS (Primera parte)

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En primera lugar, la autocrítica. Paradójicamente, Martín Miguel de Güemes fue y es en las decisiones políticas concretas, un objeto de culto de la derecha. Los homenajes más importantes, fueron y son protagonizados, por la misma oligarquía que encargó su asesinato.
Tres datos que no hay que olvidar, para que la memoria de ningún hombre que haya dejado su vida en la lucha por patria, independencia y soberanía, vuelva a ser malversada por los que lavan culpas, a través de actos sin alma.
Uno. El brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de facto de la Ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura, instaló en Figueroa Alcorta y Pampa, una réplica del histórico momento que desde principios de la década del ’30, se encuentra en la base del cerro San Bernardo, en la provincia de Salta.
Los que instalaron el terrorismo de Estado para posibilitar el cambio de matriz económica; los que destruyeron la industria; los que abrieron las importaciones de par en par; los creadores de la “patria financiera” y la “plata dulce”; los que llevaron la deuda a 45 mil millones de dólares…, le robaron al campo nacional y popular, la oportunidad de homenajear por primera vez al salteño, en la Buenos Aires que durante toda su vida fue su gran enemiga.
Dos. El menemismo en retirada, cuando faltaban dos meses para que asuma Fernando De la Rúa, impulsó en el Congreso, la ley 25.172, que declaró el día de la muerte de Güemes, como “Día Nacional de la Libertad Latinoamericana” (sancionada el 15 septiembre 1999 y promulgada el 4 octubre del mismo año). Los padres del segundo desembarco neoliberal en la Argentina, los que regalaron el patrimonio nacional a través de las privatizaciones; los que endeudaron al país en 180 mil millones de dólares; los creadores de las relaciones carnales; los que cajoneron una década el reclamo por Malvinas…, instauraron el homenaje a los libertadores del siglo XVIII.
Tres. El tercer gobierno neoliberal en los últimos 40 años, le regaló a un gran aliado, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, un feriado que recuerda la lucha que es la antítesis de su plegaria política y económica.
El actual gobernador de Salta es el mismo que habló del regreso de la oficina de la DEA a la provincia, sabiendo que con la excusa de la lucha contra el narcotráfico, la llegada de esta oficina, implica control territorial de Washington en el sur.
El actual gobernador de Salta, es el mismo que hace pocos días, en el Pre Coloquio IDEA, instó a terminar con el proyecto kirchnerista que limita la venta de tierras a capitales extranjeros…
Aunque parezca mentira, Urtubey ostenta hoy el mismo cargo, que tenía Güemes, cuando se puso al frente de la defensa de la provincia ante nueve invasiones realistas. Se calzó el poncho rojo de los “infernales” para participar de los actos protocolares y fue anfitrión de un presidente de la Nación, que desistió jurar por la patria (“lealtad y honestidad”) y que dinamitó todos los puentes que se establecieron en la primera década del siglo, con los países de la Patria Grande.
Los que le pagaron 16 mil millones de dólares a los buitres; los que devaluaron; devolvieron retenciones; reabrieron las importaciones, despidieron a mansalva; terminaron con la Ley de Medios; crearon la autoamnistía del blanqueo; admitieron empresas offshores y los descubrieron en la joda del dólar futuro…, crearon el merecido feriado.

Los herederos de aquel capital sin patria ni bandera, volvieron a robarse una página del libro de historia. Borrar pasado o desdibujarlo, es el combustible del neoliberalismo para poder avanzar sobre sociedades deshistoriadas y desclasadas.

Cuando hablamos de Güemes, recordamos a un hombre y a muchos hombres. Cuando recuperamos su historia, recordamos los capítulos más importantes de las peleas populares por soberanía e independencia.
En un paralelo con San Martín, aparecen los dos adolescentes enrolados en el Ejército español, hijos de funcionarios de la corona, que después de Mayo recuperan su identidad con sentido nacional. Son exponentes de la primera generación descendiente de la burguesía del imperio que administraban sus provincias de ultramar, que terminarán con 300 años de genocidio, saqueo y explotación. Tiene mucho de Belgrano, en su entrañable tosudez por desobedecer a Buenos Aires, cada vez que el puerto le exigía “obediencia debida”.
Igual que Artigas, es un caudillo preocupa al centralismo. Y aunque ninguno de los dos, hayan sacado nunca los pies del plato, sufrieron el mismo desprecio del poder de la metrópoli.
Con Rosas comparte el hecho de haber peleado en las invasiones inglesas a los 14 o 15 años y de ser los dos militares con mayor ascendencia en el gauchaje, de la historia argentina.
Y rompiendo límites y viajando por el tiempo, su guerra gaucha tiene mucho de Sierra Maestra y de Ho Chi Minh, en eso de utilizar como principal aliado a la geografía. Un dato que le posibilitó, como al líder vietnamita ante Estados Unidos, terminar con el ejército español que había derrotado a Napoleón en Waterloo.
Por todos estos condimentos, la derecha siempre se hizo cargo de Güemes a través del festejo protocolar, con poncho y sombrero una vez al año. Pero enterró el mensaje revolucionario, el plan emancipador y sigue explotando a los peones rurales que el salteño convirtió en soldados, cuando la patria necesitaba de la guerra gaucha para bancar la parada de Mayo.

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