Inicio Argentina ENERGÍA NUCLEAR Y SOBERANÍA ENERGÉTICA

ENERGÍA NUCLEAR Y SOBERANÍA ENERGÉTICA

971
0

Por Gabriel N. Barceló, Miembro del IESO- Instituto de Energía Scalabrini Ortiz

La energía constituye el elemento esencial de la economía, algo así como la sangre del sistema productivo moderno.

La posesión de sus minas de carbón fue la clave del desarrollo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña en el siglo XIX y la posesión del petróleo la clave de las exuberancias, y también de las desgracias, de los países de Medio Oriente en el siglo XX. Por el control de la energía se hacen guerras y se diseñan regiones enteras del mundo según los intereses de los poderosos.

Y sin embargo, mirado desde la óptica de una economía nacional,no es una cosa tan cara, considerando la importancia que tiene. Los estudios indican que el gasto en energía representa del orden del 10 % del producto bruto mundial. Históricamente, en EEUU ha significado entre el 6 y el 13 % de su producto bruto. En América Latina, entre 1990 y 2010 anduvo entre el 7 y el 9% del PBI. De todos modos, a nivel mundial, compite con la salud como el gasto que mayor porción absorbe del PBI de los países.

Pero el impacto de los déficits de energía por excesos de precios en la industria o simplemente por insuficiencia de generación es terrible. Se estima que Sud África, que por una deficiente planificación, soporta una crisis energética sistémica desde 2007, viene perdiendo todos estos años entre un 12 y un 20 % de su crecimiento económico potencial cada año. Solamente en el primer trimestre de 2008 la producción minera del país, esencial para su economía, se redujo en un 22,1 % por los cortes de energía programados.

Es decir que la energía más cara es aquella a la que no hay acceso cuando se la necesita. Y también es la más peligrosa, si consideramos las consecuencias sociales del perjuicio en la producción.

Ahora bien, según datos de la Agencia Internacional de Energía, en 2012 el suministro de energía primaria en el mundo estaba distribuido así: Líquidos y gaseosos (petróleo, gas, biocombustibles): 62,7 %, Carbón, 29 %, Hidro: 2,4 %, Nuclear: 4,8 %, Otras: 1,1 %.

Es decir, el 91,7 % de los combustibles primarios que utiliza el mundo produce gases de efecto invernadero (CO2). Si consideramos que el 10 % que corresponde a los biocombustibles no contribuye porque es, en realidad, carbono que proviene de las plantas y se fijará en otras plantas, todavía nos queda un 81,7 %.

Si alguna vez se quiere enfrentar, realmente, el problema del cambio climático con su secuela de desastres naturales y sufrimiento humano, habrá que reducir esto.

Hay otro argumento, que puede ser más atractivo para los que manejan estos asuntos en los países poderosos: las reservas más importantes de combustibles fósiles (petróleo y gas) están ubicadas en regiones del globo que, seguramente justamente por eso, se han vuelto sumamente inestables, y, además, el mercado de esos recursos es objeto de una fuerte actividad especulativa, haciendo muy difícil tener una evaluación segura de los costos involucrados en un proyecto energético a lo largo de su vida útil.

La hidroelectricidad depende del curso de los ríos, que existen en algunos países y en otros no, y ya la mayoría de los proyectos más baratos han sido explotados. También tiene el problema de las sequías.

Quedan las renovables (eólica y solar, mareomotriz, geotérmica) y la nuclear.

La mareomotriz y la geotérmica tienen problemas bastante complejos y no parecen ser consideradas para grandes escalas en casi ningún país. La solar es cara (podría abaratarse en el futuro) y la eólica está en pleno desarrollo. Pero estas dos generan solamente cuando hay sol y cuando hay viento. Se puede almacenar como electricidad, pero es otro precio y las baterías son contaminantes.

Los países han encontrado, como política salomónica ante esta realidad, que lo más seguro es tener una matriz energética tan diversificada como sea posible, lo que implica, para la nuclear, un rol mucho más relevante que el que tiene hasta ahora.

Y así llegamos a la energía nuclear, de la que no hemos hablado todavía.

La energía nuclear tiene costos altos de instalación, pero muy bajos (y mucho más confiables) de combustible. Seguramente por eso hay, en el mundo en este momento, 66 reactores en construcción, además de los 443 que ya están funcionando.

Pero la energía nuclear tiene dos problemas: Una mala imagen pública (que está cambiando en el mundo) y el hecho que el insumo fundamental que la hace posible es el conocimiento, y no muchos países lo tienen. La Argentina es uno de esos países.

Poseer, entonces, una capacidad tecnológica nuclear no tiene que ver, solamente, con tener una herramienta para controlar los costos de la energía que se suministre al desarrollo industrial nacional: Si, tal como parece ser el caso, tarde o temprano se comenzarán a tomar medidas concretas contra la emisión de gases de efecto invernadero, tener o no tener la capacidad de generar electricidad mediante energía nuclear con tecnología propia puede ser la diferencia entre tener o no tener la capacidad de decidir el ritmo del propio desarrollo.

Que es de lo que hablamos cuando hablamos de soberanía.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here