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Filosofía, mía, tuya – Parte V

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Por Roberto M. Brey, periodista, director del semanario PRENSA LIBRE

Un cacho de cultura “griega”

 

 

Sócrates (470-400 a. C.)

Es el primero que considera al pensamiento por encima de todo, desprecia la filosofía naturalista.

En realidad no es mucho lo que se sabe del señor Sócrates, aunque sí se ha escrito demasiado, sobre quien nunca escribió nada, porque creía que tenía que verbalizar su pensamiento. Uno de sus escribas modernos, que tiene más fama de ¿serio?, ¿enjundioso? (el diccionario está para usarlo), es E. Meyer, un historiador alemán que escribió su principal libro en 1913, opina que ese lugar especial que ocupa hoy la nación griega (más allá de Syriza) se lo debe al buen señor: “Sócrates de Atenas» (por origen), «Sócrates el de Sofronisco» (por su padre), “El que posee autoridad” (para otros), o Σωκράτης o Σωϕρονίσκου, o Sōkrátēs (según el idioma).Socrates

Para Perón, “Sócrates, que revisó la filosofía y se dio cuenta que había que comenzar de nuevo e hizo sus refutaciones a todas las concepciones de la filosofía subjetiva y volvió a una filosofía objetiva, a estudiar la vida en sí, por su manera de realizarse y por sus finalidades”. (Esc. Superior Peronista, 2/7/53).

El lema de Sócrates “conócete a ti mismo”, muestra su grado de interés por el hombre. Demuestra que el hombre es un ser social y que debe respetar las leyes sociales, aunque sean en su contra (aceptó la pena de muerte que le impusieron en su momento).

¿Cuál era el fin de su filosofía?

 

 

En definitiva, se sabe que al nacimiento de nuestro hombre, el dramaturgo Esquilo estaba vivito y coleando, que en Atenas charló con Parménides (entonces viejo y venerado), y Zenón de Elea; que conoció a Anaxágoras y leyó a Diógenes (que no era el perro que estaba con el linyera) y a Gorgias; que a los cuarenta años fue ‘hoplita’ (soldado con armadura) y a los 66 tomó la cicuta. Y como si fuera poco, se lo considera “descubridor” del concepto y del método inductivo, fundador de la ciencia… En el otro extremo, Jenofonte veía un Sócrates “moralizante”.

Algunas visiones según Meyer

En 1767, Moses Mendelssohn, en “Vida y carácter de Sócrates” lo caracteriza como un filósofo popular, moderadamente deísta, “noble y virtuoso filántropo, víctima de teólogos hipócritas y de sofistas negadores de Dios”.

Para los kantianos: con su dialéctica y su moral fue el educador filosófico de Kant.

El Sócrates de los románticos es un “soñador reaccionario”; “un místico embebido de fe religiosa”, encargado de preparar a los doctos para Cristo.

Hasta la calificación de Hegel de “esencialmente racionalista y subjetivista”, capaz de romper con la antigua fe, con costumbres y moral de los antepasados, le resulta hoy “una construcción histórica insostenible”.

Para Meyer, esa aproximación que tantos trataron de hacer durante tanto tiempo, cada vez parece más alejada de alguien que influyó tan profundamente en la sociedad; y concluye señalando que “la filosofía a la que Sócrates dedicó su propia vida no es metafísica, dogmática o escéptica, ni lógica, ética o retórica; en su sustancia no es ciencia, y menos aún ciencia ‘popular’. Es búsqueda de vida ética personal”.

Meyer lamenta que se pase por alto que Sócrates no escribió nada, y señala: “si hubiera sido su propósito discutir teorías o investigar… el camino fue el menos conveniente”. Acaso es alguien –dice- que ha dado una conciencia al hombre, magnificado “por la repercusión que tuvo en la obra de Platón”.

Acaso Sócrates mismo sea un mito, una reconstrucción realizada por quienes le sucedieron a través de los siglos. Pero Meyer concluye que se trata de un símbolo que nos entrega una conciencia crítica de sí en una reflexión cotidiana, a través de una experiencia de vida, y una exigencia de actuar pensando, con ideas, no al azar.

La filosofía no es nada más que la conciencia reflexiva de la humanidad… afirman algunos… y se preguntan otros…

“Nunca he sido maestro de ninguno, no he prometido a nadie que será mejor… no es responsabilidad mía que sean mejor o no… a nadie le pedí escuchar… ni rico ni pobre…”, cuenta Platón que dijo Sócrates.

¿Quiso plantar semillas para que cada uno piense por su cabeza? ¿Hay filosofía en Sócrates? o ¿deseo de educarse?

¿Esas semillas estuvieron en Aristófanes, que fue consciente de la revolución que representaba, cuando Antístenes y Aristipo y Platón, eran niños? Y todos ellos más  Jenofonte, Esquines de Efeto y hasta Aristóteles, ¿no interpretaron y presentaron a su propio Sócrates?

Recordemos: no escribió, se dirigió sólo a un sector culto, en un lugar y en un momento, trató de hacer razonar, aplicando su “Mayéutica” como una partera ‘estéril’, “pero hago nacer el pensamiento… aprendieron de ellos mismos” (cuenta Platón que decía).

En una civilización que había llegado a la esclerosis, su pensamiento era ¡tan irritante! Durante la época de Pericles (Atenas 450/30 a.C.), se hizo consciente el fin de una civilización. Adorno cree que Aristófanes contribuyó a la condena de Sócrates con “Las Nubes”, escrita 24 años antes. Las críticas a los jónicos y a los sofistas, principalmente a Anaxágoras, que en lugar de divinidades creía al Sol y a la Luna, sólo piedras y tierra…

Era peligroso este Sócrates que revolucionaba las técnicas del pensamiento; que no tiene manto ni sandalias, que no se ocupa de sí mismo, que habla y discute con todos; que no acepta nada que no haya sido discutido, que propone que el pensamiento se base en razones fundadas, que aprende y utiliza las técnicas sofistas de la persuasión… pero que ellos lo llaman charlatán… “Conócete a ti mismo” dice, cree que el discurso breve ayuda a razonar… con el diálogo se va cambiando lo que uno sabe, el saber surge de la “dialéctica”.

La “lógica” socrática da conciencia de una situación y el sofista Trosímaco lo critica porque en vez de responder suelta su ironía: “¿Cómo puede responder alguien que no sabe y dice que no sabe?”

El propio Sócrates se contradice cuando afirma que es el único que hace política, porque no es complaciente y dice la verdad, y que no se defenderá en el tribunal acusador porque siente que es el juicio del cocinero al médico ante un tribunal de muchachos.

Su premisa es no contentarse nunca y descubrir los propios límites y las propias posibilidades. Por eso dice: “Hay en mí algo divino y demoníaco…: es como una voz que oigo desde niño, la cual, cada vez que la oigo me disuade de aquello que estoy por hacer, pero impulsarme no me impulsa nunca”. (Apología, 135 e).

¿Por qué Sócrates no escribió?

 

 

¿Medicina para la memoria, registro de recuerdos, apariencia de saber? ¿Sólo vale lo escrito en el alma?

Adorno afirma, con bastante cordura, que Sócrates era ciudadano ateniense, educado como un joven de las mejores familias, un “libre” se lo llamaba entonces, y como tal sentía el deber sagrado de actuar de acuerdo a la “ley” de esa ciudad, una ley sin la cual no existiría ni la ciudad ni los hombres. Y él pensaba que cada cual debía sostenerse en el puesto que cada uno se hubiera fijado, respondiendo al mando elegido. Él no podía, de acuerdo al peligro o a la conveniencia, dejar de hacer lo que creía su sagrado deber.

Su orgullo de ateniense lo llevaba a cumplir con su destino bajo cualquier circunstancia, aún frente a la muerte, que nunca había temido:

“Uno no sabe si por ventura no es la muerte el mayor de todos los bienes que puedan ocurrirle al hombre, y sin embargo cada uno le teme como si fuera el mayor de los males. ¿No es ésta ignorancia la más vergonzosa, creer que se sabe lo que no se sabe?” (Platón, Apología).

Y tanto es así, que ante quienes quieren juzgarlo dice que lo que sí sabe: “que es un mal y cosa torpe cometer injusticia, desobedecer a uno mejor, sea dios u hombre…”

“Mas en comparación con los males que sé que lo son, aquellos que en cambio no sé si eventualmente podrían ser bienes, nunca los temeré ni huiré de ellos.” Y siempre según el relato de Platón, les asegura a quienes quieren condenarlo, que nunca aceptaría que le ofrezcan el perdón a cambio de que deje de hacer lo que hace. Por el contrario, seguirá insistiendo y convenciendo que de lo primero que hay que preocuparse es por el alma antes que por las ganancias. Y es más, les asegura su hostigamiento para que cuiden de la virtud antes que del interés, la comodidad y el propio cuerpo.

Debía ser bastante difícil sostener a semejante “plomo”… un tipo capaz de hostigar hasta el final todo vicio, todo defecto, que no estaba dispuesto a aceptar nada que no hubiera sido corroborado fehacientemente… -¿qué haría con el ‘dicen’, ‘se asegura’, ‘afirman’, ‘fuentes confiables’, que se usa hoy?- Pero no hay que olvidar que Sócrates fue mostrado y versionado, tanto por sus seguidores como por sus críticos… y que él mismo decía que había que revisar cada idea y cada dicho para estar seguros de encontrar la verdad.

Aunque, en verdad, se afirma que a través de Platón (“Apología”, “Fedro”, “Fedón” -donde describe su muerte-, “El Banquete”, etc.), existe una gran posibilidad de acercarse a un Sócrates bastante auténtico.

Razona Adorno que es Platón en “Banquete”, quien expone con eficacia las razones de la condena a Sócrates, aunque también en “Apología” le hace decir: “Pero quizá vosotros, invadidos por repentino fastidio, como quienes duermen cuando los despiertan de improviso (…) me condenaréis fácilmente y pasareis el resto de la vida durmiendo”.

Es tanto lo que se dijo y se podría seguir diciendo y escribiendo (aunque a él no le hubiera gustado) sobre Sócrates, que tal vez lo más adecuado sea leer algunos de los textos mencionados. De Platón, para el que lo desee, si no lo tiene, casi todo se se puede conseguir en formato pdf.

Y ahí va la ‘aneda’ (que seguro conocen… y si no la conocen ahora tienen una buena oportunidad):

El triple filtro

 

 

Un día un conocido se encontró con el filósofo y le dijo: ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?

Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es la verdad.

¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No -dijo el hombre-, realmente solo escuché eso y…

Bien -dijo Sócrates-, entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro:

Es el filtro de la bondad.

¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

No, por el contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro:

El de la utilidad.

¿Me serviría de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

No, la verdad que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

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