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GOLPE EN BRASIL – El avance del imperialismo en América latina

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Por Marcelo F. Rodríguez, Sociólogo. Director Adjunto del CEFMA

A pocas horas de haberse perpetrado en el Senado brasileño la votación que da inicio al juicio político contra Dilma Rousseff y la suspende en su cargo, la Cancillería argentina dio a conocer un comunicado en el que manifiesta que: “El gobierno argentino manifiesta que respeta el proceso institucional que se está desarrollando en Brasil y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña” y el gobierno anuncio que “el gobierno argentino continuará dialogando con las autoridades constituidas a fin de seguir avanzando con el proceso de integración bilateral y regional”.

Esto no puede ser visto de otra forma que como un respaldo al golpe sufrido por Dilma, cosa celebrada por el ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay, quien se apresuro en afirmar que: “es una oportunidad para refundar el Mercosur”.

El gobierno de Macri ve en los nefastos sucesos del Brasil una oportunidad para continuar horadando el proceso de integración latinoamericana, en perfecta sintonía con las políticas del imperialismo.

Resulta pertinente en este sentido, no dejar de tener en cuenta la particularidad que ha marcado a fuego a estos procesos de integración y que hoy se encuentran a la defensiva ante el avance de las políticas de los EEUU y las derechas que representan sus intereses en cada uno de nuestros países.

El rechazo a la propuesta de los Estados Unidos de implementar el Área de Libre Comercio para las Américas, ALCA, sintetizado en el famoso “ALCA al carajo” que enunció Hugo Chávez en Mar del Plata en 2005, dejó en claro los niveles de autonomía, autodeterminación y antiimperialismo con que es necesario librar la batalla por una integración de espíritu nuestroamericano, como sostenía José Martí.

A partir de esto, estos procesos y las políticas de integración se encararon como un instrumento para la unidad, comprendiendo al proyecto de integración latinoamericana como parte de un ideario liberador y emancipatorio. Y eso el imperio no lo perdona. Por eso este ideario está en disputa en nuestra región, amenazado por un modelo de integración basado en el sometimiento a los intereses norteamericanos y del gran capital.

Para enfrentar estos avances de la derecha, debemos destacar la continuidad, aún en el marco de la crisis capitalista mundial, del sistema imperialista, hegemonizado claramente por los EEUU, teniendo en cuenta que los rasgos esenciales del imperialismo siguen existiendo y tienen una fuerte penetración en nuestro continente, a pesar de las insistentes e interesadas posiciones que buscan establecer la idea de que América Latina es una región que no tiene mayor relevancia en la política norteamericana. En realidad, la nuestra es la región más importante para los EEUU, lo cual puede ser demostrado rastreando las políticas tomadas hacia la región por el imperialismo a partir de la Doctrina Monroe, “América para los americanos”, de 1823, primera doctrina internacional que el imperio establece en su historia demostrando la importancia cardinal de la región.

Esto plantea la actualidad y la importancia de la lucha antimperialista en América Latina.

Es que más allá de los discursos aún en boga sobre la desaparición del imperialismo, el mismo, más alla de sus transformaciones, continúa siendo la fase superior del capitalismo como lo planteo Lenin, y en su insaciable necesidad de acrecentar el saqueo de los bienes comunes y las riquezas de todo el mundo adquiere rasgos cada vez más predatorios, agresivos y violentos en el marco de una crisis que se caracteriza como civilizatoria porque afecta y se expresa en varias facetas, entre ellas la económica, la ecológica, la energética, la cultural del sistema, dejando en evidencia la profunda crisis de las pautas de consumo de la sociedad capitalista.

Esto debe ser tenido en cuenta al analizar la gravedad de los procesos que se viven en América Latina en el marco del gran diseño geopolítico del imperio norteamericano, para poder dar respuesta a los desafíos que enfrenta la región ante las transformaciones que está experimentando el sistema imperialista a nivel internacional. Transformaciones que, como decíamos, se manifiestan en una creciente agresividad y beligerancia del imperio tendiente a volver a encauzar a la región en un patrón de subordinación como el que predominó en gran parte del siglo XX.

Esa preocupación del imperialismo y la importancia estratégica de América Latina para los Estados Unidos tiene mucho que ver con la carrera desenfrenada por el control de los recursos naturales no renovables que son indispensables para el sostenimiento de la civilización del capital. Obviamente, el primero y más importante de ellos es el petróleo, y un dato muy significativo a tener en cuenta es que, según los más recientes estudios de la OPEC publicados oficialmente, las mayores reservas de petróleo confirmadas ya no son las de Arabia Saudita sino las de Venezuela, objetivo principal de las agresivas políticas norteamericanas.

Es así que tanto Venezuela y Brasil, como segunda potencia petrolera sudamericana, adquieren un renovado interés, a lo que hay que agregarle las reservas de agua, de minerales estratégicos y la biodiversidad entre los factores destacados que hacen que América Latina sea una región de una importancia extraordinaria y ocupe el primer lugar en la escala de prioridades de los Estados Unidos.

Así puede explicarse la atención que le dedica a América Latina y que no le otorga a ninguna otra región del mundo, sólo que es una atención que se concentra cuando los países del continente se desvían de las expectativas de la Casa Blanca. Cuando esto se produce, la respuesta es fulminante, no en vano se ha reactivado la IV Flota y ya son más de 70 las bases militares presentes en el continente y se llevan adelante diversas formas de “golpe blando” como ha sucedido en Brasil.

Estas acciones demuestran que los discursos “negacionistas” sobre la persistencia del imperialismo terminan siendo funcionales a los intentos de reafirmación, bajo nuevas condiciones, de esta dominación.

La mirada norteamericana sobre América Latina aparece así de forma muy clara y fue reafirmada por las palabras de John Kerry en 2013 cuando volvió a referirse de la región como el “patio trasero” de los Estados Unidos.

Un buen análisis sobre el significado de América Latina para la geopolítica estadounidense en el presente contexto de crisis, con el resurgimiento de actores como Rusia, China e India en el tablero mundial resulta fundamental para no vernos arrastrados por la “modas teóricas” y los cantos de sirena que niegan el imperialismo, el papel de los estados nacionales y la lucha de clases como factores determinantes en la política.

Un punto central en este planteo es el de no entender al imperialismo como un factor puramente externo, sino también develar sus manifestaciones al interior de cada país a través de sus clases dominantes, socias y componentes fundamentales del mismo.

Las acciones llevadas adelante por los golpistas “institucionales” en Brasil, y el rápido apoyo recibido por el gobierno de Macri son una clara muestra de esto.

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