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EL MALHUMOR CRECIENTE 7°Parte: “LA EDUCACIÓN”

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Por Oscar Natalichio, CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES (CIEYS)

Muchas veces los títulos y las encuestas señalan de manera sintética una conclusión “creíble”, especialmente cuando esos títulos reflejan un sentimiento “generalizado” entre la población: el malhumor en este caso.

Lo que no indican es de qué forma se expresa esa generalización que suele ser distante de la realidad o no. Para saberlo es necesario trabajar (investigar) las coherencias de los datos que se han obtenido y sus causas.

Trabajaremos punto por punto con la encuesta que la consultora Ibarómetro realizara recientemente, comparando los cambios de “humor” de la población entre los meses de febrero y marzo de este año. Dicho trabajo fue informado por Página 12 y reiteramos: fue INFORMADO pero no fue ANALIZADO.

La idea fue determinar “¿Cuál es el principal problema del país?” como una forma de conocer qué opinan sus ciudadanos y cómo ha variado, en el término de 30 días, dicha percepción. Los resultados fueron:

Encuesta 1

Enla Primer entrega del MALHUMOR CRECIENTE abordamos el tema de la deuda externa, el más grave para un país, ya que con ella se condiciona la vida de sus ciudadanos al hipotecarse el futuro de la Nación. Y señalábamos el enorme papel que juega el dominio cultural del imperialismo y sus grandes medios sobre las mentes de los ciudadanos en general, donde sólo un 3,2% lo considera como el principal problema. En la Segunda entrega agregábamos cómo se oculta la carestía adjudicándole el nombre de inflación y que con ello se ocultan a los responsables. En la Tercer entrega  la percepción sobre la corrupción, colocando al caso Báez para tapar los Panamá papers y otros grandes ilícitos. En la Cuarta Parte señalábamos, con ironía que, con alta desocupación crece la inseguridad y que los dos trabajos que más crecen son los de los ladrones y los de las funerarias. En la Quinta Parte nos referíamos al negocio del desempleo, donde echar personas genera ganancias a las multinacionales y en la Entrega Anterior abordamos el tema de la pobreza, que está atada a todos los puntos anteriores que hemos tocado.

Ahora observaremos los cambios que surgieron sobre la educación y nos muestra una preocupación en descenso sobre la misma. Cierto es que la encuesta contiene 9 rubros y que la suma de éstos debe dar el 100%. Pero comparada con la percepción de un mes atrás (y justo cuando comienzan las clases) la “importancia” relativa disminuye del 11.3 al 8.7%.  

El mismo fenómeno sucede con la salud, de la cual parece que ya nadie se preocupa cuando estamos padeciendo centenares de casos de dengue e incremento en las enfermedades respiratorias. Más un envenenamiento colectivo con glifosato que produce incremento de cánceres y la contaminación del agua. Ya era una preocupación baja, con el 2.9% y ahora apenas alcanza el 1%. Algunas razones pueden explicar este comportamiento donde los medios poseen menos incidencia: dos son los índices que difícilmente puedan alterarse en lo distributivo: mortalidad infantil y esperanza de vida. Al contrario con lo que existe en el de promedio de ingreso por habitante donde el promedio nada señala pues el 10% de menores ingresos percibe 12 veces menos que el de mayores (o el 1% que percibe cientos de veces menos que el mayor) en estos dos índices, mortalidad y esperanza, que un buitre viva algunos años más no cambia el promedio.

En la década ganada los argentinos hemos obtenido dos años más de vida: la esperanza de vida que en el 2003 era de 74,4 años pasó a ser, en el 2015 de 76,4 años. Y también en esa década hemos evitado la muerte de miles de niños reduciendo considerablemente la mortalidad infantil en un 50%, ya que en el 2003 era del 16,2 por mil y pasó a ser en el 2015 del 9,6 por mil.

Pero hay una región, más específicamente una gran ciudad, la más poblada y la de mayor ingreso per cápita del país, que es Buenos Aires, y es el único punto del país donde la mortalidad infantil creció. ¡Mugrizio lo hizo! ¡Y en menos de una década! Lo que marca su eficiencia

Con relación a la educación podemos tomar como unidad de medida la tasa de analfabetismo que en los últimos 12 años pasó de 2,6% a 1,6%. Lo más destacado es que las zonas de mayor cantidad de analfabetos había, como por ejemplo, Chaco, Formosa, Jujuy, etc. fueron las que más redujeron esa tasa.

Saber leer y escribir es una parte muy importante de la educación. La otra parte, es el contenido. Si el contenido es falso, es metafísico, es manipulador, lo que se lee o escucha no forma, sino deforma. Y así como el índice de analfabetismo formal bajó al 1,6%, lo que representa a 704 mil personas, la del analfabetismo funcional alcanza a casi la mitad de la población.

El analfabeto funcional es una persona que sabe leer y escribir, que ha tenido oportunidad de estudiar e incluso de destacarse en lo que hace, que ha llegado a poseer título profesional e incluso a lograr un doctorado. Lo que no ha logrado pese a todos sus “éxitos” es poder discernir, poder pensar con su propia cabeza. Poder razonar sin el apoyo “logístico” de los medios de comunicación masivos.

El analfabeto funcional toma como elaboración propia lo que esos medios le transmiten. Cree firmemente de que lo que afirma ha surgido de su espectacular cerebro. Y para ello no sólo toma a pie juntillas lo que esos mafiosos medios le señalan, sino que a la vez son “creadores”, pues adornan eso conceptos con agregados propios para otorgarles un toque personal.

El analfabeto funcional es el hombre mediocre que tan bien nos describiera don José Ingenieros. De su libro reproducimos este párrafo:

“La mediocridad intelectual hace al hombre solemne, modesto, incoloro y obtuso. Esas cualidades lo hacen temer al asombro, rehuir el peligro. Cuando no le envenena la vanidad y la envidia, diríase que duerme sin soñar. Pasea su vida por las llanuras; evita mirar desde las cumbres que escalan los videntes y asomarse a los abismos que sondan los elegidos. Vive entre los engranajes de la rutina”

Esta encuesta que estamos analizando contiene, sin mencionarlo, al analfabeto funcional respondiéndola. Por lo menos la mitad. Eliminar el analfabetismo funcional sería un gran paso para crecer éticamente.  

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