Inicio Cultura EL MALHUMOR CRECIENTE – 6° Parte: «LA POBREZA»

EL MALHUMOR CRECIENTE – 6° Parte: «LA POBREZA»

1043
0

Por Oscar Natalichio, CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES (CIEYS)

Muchas veces los títulos y las encuestas señalan de manera sintética una conclusión “creíble”, especialmente cuando esos títulos reflejan un sentimiento “generalizado” entre la población: el malhumor en este caso.

Lo que no indican es de qué forma se expresa esa generalización que suele ser distante de la realidad o no. Para saberlo es necesario trabajar (investigar) las coherencias de los datos que se han obtenido y sus causas.

Trabajaremos punto por punto con la encuesta que la consultora Ibarómetro realizara recientemente, comparando los cambios de “humor” de la población entre los meses de febrero y marzo de este año. Dicho trabajo fue informado por Página 12 y reiteramos: fue INFORMADO pero no fue ANALIZADO.

La idea fue determinar “¿Cuál es el principal problema del país?” como una forma de conocer qué opinan sus ciudadanos y cómo ha variado, en el término de 30 días, dicha percepción. Los resultados fueron:

Encuesta 1

En la Primer entrega de EL MALHUMOR CRECIENTE abordamos el tema de la deuda externa, el más grave para un país, ya que con ella se condiciona la vida de sus ciudadanos al hipotecarse el futuro de la Nación. Y señalábamos el enorme papel que juega el dominio cultural del imperialismo y sus grandes medios sobre las mentes de los ciudadanos en general, donde sólo un 3,2% lo considera como el principal problema. En la Segunda entrega de EL MALHUMOR CRECIENTE agregábamos cómo se oculta la carestía adjudicándole el nombre de inflación y que con ello se ocultan a los responsables. En el 387 la percepción sobre la corrupción, colocando al caso Báez para tapar los Panamá papers y otros grandes ilícitos. En la Cuarta Parte señalábamos, con ironía que, con alta desocupación crece la inseguridad y que los dos trabajos que más crecen son los de los ladrones y los de las funerarias. Y en la entrega Anterior nos referíamos al negocio del desempleo, donde echar personas genera ganancias a las multinacionales.

Ahora abordamos el tema de la pobreza, que está atada a todos los puntos anteriores que hemos tocado:

La deuda externa obliga y condiciona al país y, por ende, a sus habitantes; pero no a todos, afecta más a los que menos tienen y reducen la calidad de vida de aquellos que se habían considerado “clase” media. Son miles de millones de dólares que el gobierno entrega (gratuitamente el 90% de lo girado) a los fondos buitres y a los bancos extranjeros, quienes reciben los fondos que previamente “nos prestaron” para que le paguemos. Fondos que, además, nunca ingresaron al país. Pero si hacen que el país incremente su deuda, en este primer tramo en 16 mil millones de dólares cuyo costo anual en intereses es de mil millones de dólares. En el número 384 mencionábamos que, en esa sola operación (“exitosa” dijo el Prat Gay de la banca Morgan en tono eufórico) se entregan el equivalente a 24 mil millones de kilos de harina leudante y que con esos paquetes, colocados en fila cubrirían un largo de 4.800.000 kilómetros, equivalente a 120 veces el perímetro de la tierra desde el ecuador. O el de 13 veces la distancia tierra-luna.  

La pobreza está ligada directamente a la carestía, que insisten en denominar inflación, cuando es una medida planeada que toman las multinacionales formadoras de precios para incrementar sus ya abultadas ganancias a costa de la pérdida del poder de compra de nuestros salarios.

Está ligada a la corrupción, en especial a la instalada en la política, donde se hacen entregas del patrimonio nacional y negociados que enriquecen delincuentes que luego de saquear y ocultar dinero en paraísos fiscales, colocan a sus descendientes en cargos públicos que llegan hasta el de presidente de la Nación.

Está ligada a la inseguridad, pues esta crece y, el ladrón menor, no roban al ladrón mayor, sino asalta a trabajadores, a pequeños negocios, a jubilados, allí donde es más fácil y menos peligroso para él. Le quita a los pobres, aunque en mucha menor proporción de lo que los ricos nos quitaron.

Está en el desempleo creciente y planificado, para que exista un ejército de desocupados, muchos de ellos con gran experiencia laboral, que por las circunstancias de quedarse sin trabajo y sin ingresos, están dispuesto a aceptar cualquier condición para, al menos, pasar de la marginación a la explotación. En la sociedad esclavista (4.000 años) al esclavo se lo alimentaba, se lo vestía y se le daba un lugar donde morar. En la sociedad feudal (1.700 años) al siervo de la gleba se le entregaba un predio para trabajar y debía pagar un tributo por ello. Aún en las malas cosechas debía alimentarse primero. En la sociedad capitalista (300 años), la más ruin de todas las sociedades (y además la más aceptada en su ruindad) el que pierde el trabajo queda totalmente desprotegido, muy en especial cuando el Estado se aleja y se desentiende de su drama o, como en nuestro caso, lo crea premeditadamente.

La pobreza es un flagelo que corroe el futuro de las naciones y enriquece cipayos en donde se origina. Participa como un acelerador de la concentración de la riqueza en menos manos (menos ricos más ricos) como consecuencia lógica del surgimiento de más pobres más pobres. A fines del 2014 se registraba que 84 personas, las más ricas del mundo, acumulaban un patrimonio similar al de 3.750 millones de los habitantes de menores ingresos. Parece de ciencia ficción, pero la realidad se impone a la imaginación más prolífera,

En nuestro país, el 20% de las personas con mayores ingresos, con las medidas de Mauricio de estos 145 días, ya superó el 50% del total del ingreso. Cabe señalar que, a medida que un país se empobrece, aumenta la participación de la minoría rica en desmedro del resto de la población, entre las cuales se manifiestan: la pérdida de calidad de vida; el ingreso a la pobreza; el ingreso a la marginación. Mientras en Argentina el 20% se lleva ahora el 50% de la torta, en Noruega, Finlandia, Suecia, Islandia y Suiza ese porcentaje oscila entre el 36 y 37%. Mauricio (las multinacionales) conduce al país a ser un territorio bananero, paraíso de los ricos e infierno para los pobres, a los cuales consideran que “no son normales”.

“Pobres hubo siempre” repiten a veces ciertos “eruditos” de salón. En los 46 mil años que podemos registrar al ser humano viviendo en sociedades, 40 mil lo hicieron repartiendo todo lo logrado en forma proporcional. La abundancia era para todos y la escasez también. Cuando se iniciaron las sociedades divididas en clases (hace 6.000 años) comienzan a surgir las diferencias, comienza a aparecer la pobreza en medio de una creciente riqueza y desigualdad. En tiempos buenos el pobre sigue siendo pobre, en tiempos malos los pobres aumentan a la vez que la riqueza de los ricos también aumenta.

¿Fenómeno producido por la naturaleza?

De ninguna manera; se trata de un fenómeno, sí, pero producido por una sociedad dividida en clases, donde los más poderosos fijan las reglas de juego y esclavizan a la gran mayoría de la que, a la vez, dependen pues la necesitan para continuar siendo ricos.

¿Podemos cambiar este rumbo al infierno?

Sin ninguna duda que sí. Pero no por gracia de Dios o del Diablo, sino por nuestra propia decisión de frenar esta locura asesina que hoy mata 19 mil niños por día en el mundo por falta de alimentos, agua potable, vacunas y medicamentos, todas cosas que existen y sobran.

¿Estaremos a la altura de nuestras responsabilidades?

Esa es una pregunta más difícil de responder.   

Próxima entrega: EL MALHUMOR CRECIENTE 7°Parte: “LA EDUCACIÓN”

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here