Inicio Argentina PRIMERO DE MAYO: DÍA DE LUCHA DE LOS TRABAJADORES POR SU EMANCIPACIÓN.

PRIMERO DE MAYO: DÍA DE LUCHA DE LOS TRABAJADORES POR SU EMANCIPACIÓN.

1610
0

Por Oscar Natalichio, CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES (CIEYS)

“Una semilla que se siembra, no es sólo una semilla de una planta, sino la semilla de la dignidad”

Ustedes salen a comprar una mercancía. Para lo que sea. Pues la necesitan. Esa mercancía posee dos valores: uno de uso (nadie compra –socialmente hablando- algo que no va a utilizar o consumir o admirar) y otro de cambio (que se expresa en el mercado como precio que se tiene que pagar  para obtenerla).

La fuerza de trabajo (esa capacidad que poseemos de poder producir una mercancía, o venderla, o administrarla, o custodiarla o consumirla) también es, en el capitalismo, una mercancía que el empresario compra y el trabajador vende (porque es suya, propia, privada, la lleva consigo y la repone alimentándose y alimentándola).

Repasemos: es mercancía el pan (y todos los alimentos), es mercancía el lavarropa (y todos los  electrodomésticos), es mercancía el avión (y todos los medios de transportes), es mercancía el libro (y todos los útiles, cuadernos, apuntes, etc.) es mercancía un torno (y todas las maquinas y herramientas que conocemos), y es mercancía la fuerza de trabajo (de cualquier oficio o profesión).

No hemos escrito nada nuevo, pero conviene reparar en este pequeño detalle. Toda mercancía posee un valor de uso (por eso la compramos) y un valor de cambio (por eso pagamos un precio por ella). Pero… ¿quién fija el precio que pagamos por una mercancía? Compramos pan en una panadería y el panadero nos señala lo que tenemos que pagar. Compramos una heladera en un comercio y el comerciante nos señala lo que tenemos que pagar. Compramos un libro en una librería y el librero nos señala qué tenemos que pagarle.

Todo lo que se vende, absolutamente todo, el que fija el precio que debemos pagar es el vendedor. Parece algo demasiado lógico como para cuestionarlo. Pero… ¿están seguros de esa afirmación?

En principio uno no se imagina entrando en un negocio a comprar un paquete de yerba de un kilo, señalado en 60 pesos y al ir a pagarlo decirle al cajero o al comerciante: “por esta yerba te pago 40 pesos”. Lo más probable es que te traten de loco o de provocador. Es más, si esta escena se repite en la cola de un supermercado, los que están atrás tuyo, personas como vos, comenzarían a insultarte pues les “estás provocando demoras por la estupidez del planteo”.

Entonces, convengamos, al menos por fuerza de la realidad, que es correcto que el que venda fije el precio de la mercancía que vende y vos, si no estás de acuerdo, no compres lo que no estás dispuesto a pagar.

Habíamos mencionados, en lo recuadrado, que todo lo que se vende, absolutamente todo, el que fija el precio es el que vende. Sin embargo esa frase no es correcta pues, existe una mercancía, solamente una, que quien le fija el precio es el que la compra. Y esa mercancía es la más valiosa de todas. Es la que mantiene la vida humana en el planeta, es la que genera la riqueza total de la sociedad.

Esa mercancía es la fuerza de trabajo (FT). Cuando cualquiera de ustedes va en busca de un trabajo y se enfrenta a quién lo puede contratar (patrón o delegado del mismo) no puede decir, aún cuando sea muy experto en lo suyo, que su FT la vende a 24 mil pesos mensuales. Algunos compradores lo van a echar inmediatamente y otros, más contemplativos, le dirán, “mire señor, nosotros por ese puesto hemos asignados 14 mil pesos, está muy lejos de sus pretensiones, pruebe suerte en otro lado”.

Allí esta la base de la inequidad del sistema. Allí está la base de la distribución de la riqueza, de la desigualdad y de la miseria. Y allí esta el error inicial de considerar, esta enorme injusticia, como un hecho normal: que la FT, que es la generadora de todo bien que existe, el precio lo fije el comprador.

POR ESO EL DÍA DEL TRABAJADOR ES UN DÍA DE LUCHA POR SU EMANCIPACIÓN.

Los capitalistas iniciaron sus “revoluciones” industriales comprando la FT de los trabajadores de 6 a 70 años, por salarios de hambre y jornadas diarias agotadoras que iban hasta 18 horas y más también en no pocas ocasiones. Inglaterra y los EEUU son la muestra más emblemática de cómo se fue incrementando el capital mediante una explotación feroz del trabajo humano.

A fines del siglo XIX, la ciudad industrial por “excelencia” era, en los EEUU, la ciudad de Chicago. La legislación del “gran país del norte” y “cuna de la democracia moderna” poseía una ley que “limitaba” la explotación a 18 horas diarias. Si se vulneraba esa ley, quien lo hiciera, debía pagar una multa de 25 dólares.

En Chicago, las condiciones de los trabajadores eran deplorables y se unían en la pelea por la defensa de sus derechos entre los cuales se encontraba la jornada de 8 horas de trabajo. Le aterraba a los capitalistas que ello sucediera: equivalía a menos de la mitad de lo que en ese momento trabajaban. Equivalía a duplicar el personal si querían mantener el ritmo de la producción. Y decidieron reprimir con la mayor violencia posible a los trabajadores. No obstante, en 1868 se promulga la ley “Ingersoll” que establece la jornada de 8 horas.  Como país federal y respetuoso del federalismo, sólo 19 estados la sancionan con un agregado: jornadas de 8 a 10 horas y con cláusulas adicionales que les permitía llevarlas a 14 horas y hasta las 18 iniciales.

La lucha de los trabajadores continuó y, el primero de mayo de 1886 inician una huelga para que se cumpla la jornada de 8 horas, con movilizaciones que se extendieron dos días más. El día 2 de mayo se realiza en la plaza Haymarket una concentración de trabajadores que fue reprimida (provocación mediante, sello típico de las acciones criminales de los EEUU, donde “generan” una víctima entre sus filas), abriendo luego fuego entre los manifestantes matando a muchos de ellos, hiriendo a muchos otros y deteniendo a centenares que fueron salvajemente torturados. Leemos los que escribía la prensa “libre” de esa época y sobre ese episodio:

¡A la horca con esos brutos asesinos! ¡Rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todo estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!

Luego se realiza, en manos de una justicia tan corrupta como la nuestra hoy, un “falso juicio” donde se condena a muerte a 5 trabajadores, uno de los cuales ni siquiera había estado en el lugar. Estos gigantes son:

George Engel (50), tipógrafo. Adolfo Fischer (30), periodista. Alberto Parson (39), periodista. Augusto Theodore Spies (31), periodista y Luis Lingg (22), carpintero.

Lingg se suicida y los cuatro restantes, el 11 de noviembre de 1887 son asesinados (ejecutados). Un corresponsal del diario argentino La Nación, desde Chicago, cubrió la nota y escribió:

“Cuando salen de sus celdas, se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen la mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del caldazo como en un teatro…»

“Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el de Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha. Spies grita: “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera decir yo ahora”. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”

Esos grandes hombres no dieron su vida en vano. Sembraron. Hoy, en la mayor parte de los países del mundo, se los recuerda en su día, el primero de mayo, día que no está incluido en los EEUU y en su colonia Canadá, pues lo pasaron para el mes de septiembre como fiesta del trabajo para evitar vincularlo con los héroes en otra muestra de cobardía.

El que escribió la nota para el diario La Nación era JOSÉ MARTÍ, quien fue también Cónsul argentino y uruguayo ante ese país. Entre los cientos de escritos de este gran revolucionario cubano, encontramos este:

“Una semilla que se siembra, no es sólo una semilla de una planta, sino la semilla de la dignidad”

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here