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Cuatro meses muy PRO

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Por   Jorge R. Martínez, sociólogo de  Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y FLACSO, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

La fuerte ofensiva de contención latinoamericana lanzada por el Departamento de Estado de EE.UU sobre los gobiernos populares, y en particular sobre Brasil y Argentina principales socios del MERCOSUR, presenta rasgos diferenciados en su desarrollo y articulación. Mientras en Brasil la coalición gobernante padece el agobio de los medios y el desprendimiento de partidos aliados que buscan una salida político institucional “paraguaya” vía destituyente, en Argentina la alianza Cambiemos triunfante hace cuatro meses es impactada doblemente por la revelación de la existencia de empresas “offshore”, que involucra al presidente de la nación y connotados dirigentes, periodistas y empresas. Como si esa sola revelación fuese poco, la ex – presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, regresó con un acto y movilización de características multitudinarias en el marco de una generalizada ola de despidos, tarifazos, aumento de precios, caída del consumo y desmantelamiento de áreas estatales vitales.

Ambos datos relevantes muestran la ofensiva restauradora del neoliberalismo dispuesto a “ordenar” la región que le cerró en la cara la puerta al ex presidente George W. Bush el ingreso de Latinoamérica al ALCA en el año 2005, un abominable tratado de libre comercio que ata las economías al poderoso engranaje industrial norteamericano y reduce a las economías locales a la de meros proveedores de commodities. Como ejemplo ahí están los resultados de México, Perú, Colombia y Chile, cuyas sociedades han sido hundidas por la bota del despotismo neoliberal.

El asedio neoliberal con sus transitorias y contingentes victorias sobre los denominados “Populismos Latinoamericanos”, invitan a una serena reflexión sobre los alcances y perspectivas de los movimientos populares en Latinoamérica. En primer término la palabra Populismo no posee connotaciones peyorativas sino que constituye, según nuestra interpretación, una lógica política, una particular y específica construcción hegemónica en términos de Ernesto Laclau. Desde esta perspectiva el momento de “lo político” remite a una constitutiva división del campo social en un enfrentamiento entre un Nosotros como categoría central del sujeto Pueblo y un “ellos” responsable de la exclusión de los derechos que asisten a los miembros del campo popular. En ese sentido el kirchnerismo es un populismo que logró articular las demandas sociales en forma equivalencial en torno a la figura central de Néstor o Cristina y que le dio el sentido de lo político en el enfrentamiento con el neoliberalismo. En esa construcción política el lazo afectivo intervino como motor de identificación y produjo una serie de significantes que lograron consolidar todas las demandas en torno a un nombre. “La Patria es el Otro” remite a esa articulación hegemónica que por su origen y dinámica es inestable e incompleta como principal núcleo de la dinámica kirchnerista en el campo de lo simbólico. Dentro de esta lógica adversarial una tercera dimensión que expresa el populismo es su matriz estadocéntrica como principal herramienta de articulación de políticas públicas.

Es esta matriz la que se está desmantelando. No es cierto que la alianza Cambiemos no tenga plan económico. Su objetivo es sentar las bases materiales de un nuevo orden de dominación centrado en el Mercado como principal organizador social. Si los doce años de kirchnerismo el Estado fue el principal actor para conducir la economía y regular la actividad productiva, es precisamente ese entramado de políticas destinado a la construcción de una sociedad igualitaria el que se intenta destruir. Los despidos como dispositivo disciplinador de la sociedad que confunde, angustia y reinstala el miedo, forman parte del mismo mecanismo perverso que en forma aleatoria o fortuita asigna quienes están incluidos y quiénes no. Desde ese lugar, la construcción de un “ellos” excluyente y disciplinador que reduce la subjetividad democrática a la categoría de “costo” refuerza la lógica hegemónica popular dándole un sentido que cuatro meses atrás no se percibía con la misma claridad. El nuevo ensayo neoliberal-macrista ha dejado de ser el adversario democrático para convertirse en el “hostis”, un enemigo irreductible que no solo representa una amenaza en términos políticos a la integridad social, sino en una amenaza civilizatoria, un depredador cuya existencia hace inviable a la sociedad.

En ese sentido el macrismo es una articulación de políticas abismales. Profundidades que atraviesan verticalmente la sociedad que destruye lo integrador del lazo social fundado en el ideal igualitario y lo reemplaza por un lazo sociobiologico de competencia económica que transforma la sociedad en jungla y al mercado en el rey de esa selva. Pero si el objetivo es desmantelar el “Populismo Intervencionista”, como decía José Alfredo Martínez de Hoz célebre ministro de economía de la dictadura militar de 1976, cada paso que da el macrismo refuerza la articulación de demandas en torno al kirchnerismo. De esta manera el “Frente Ciudadano” lanzado por CFK  es un potente núcleo simbólico que permite condensar todos los deseos, representaciones, imágenes y conceptos que desbordarán al kirchnerismo como centro ideológico derramándose sobre sectores que hoy, e inesperadamente, están siendo atacados por el PRO.

Sólo para sumar una increíble semana de noticias la difusión de los Panamá Papers ha puesto en el tapete la paralegalidad del capitalismo que pese a sus advocaciones morales ha construido por una poderosa red política, económica y judicial mundial para evadir las imposiciones tributarias que fijan los Estados para financiarse. El carácter elusivo del capitalismo, y de sus sujetos más activos, parecen convertir el ajuste fiscal en una peligrosa contradicción que amenaza el orden que intentan reinstalar en Latinoamérica. En ese sentido el macrismo, que parece actuar como un zombie del neoliberalismo, intentan transmitir su contagioso mal a las sociedades que habían logrado alejar esa amenaza, construye su propio abismo. Quedará entonces en el movimiento popular aglutinar el descontento y decepción para refundar un  nuevo orden político que aleje definitivamente al neoliberalismo y sus agentes como amenaza social y civilizatoria.

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