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Chicos que pelearon como hombres y hombres que jugaron a la guerra…

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Como ante cada 2 de abril, las sensaciones viajan desprolijas. Cuesta ordenar la agenda, porque en el momento de rescatar Malvinas, aquel dolor se vive en tiempo presente. Aparecen los ex combatientes, su valentía, las torturas, Galtieri, cada fuerza haciendo su guerra, Thatcher, Reagan, Pinochet, los muertos del Belgrano y el informe Rattenbach. 34 años después, se mezclan los planteos de gobiernos democráticos que pelearon soberanía, con los que callaron ayer y con los que hoy, vuelven a silenciar el reclamo. Aparece Malvinas instalada en el siglo XXI como causa latinoamericana, el petróleo, la pesca y la poderosa base misilística de la OTAN, con poder de fuego hasta el sur de Perú.
Pero en el rescate aparece en primer plano, un camino con estaciones sensiblemente ineludibles, que poco tienen que ver con el análisis geopolítico que se desprende de una causa colonial clave para el futuro.  

EL PRIMER RECUERDO: Entraron a la primaria con Onganía, hicieron toda la secundaria con Videla y fueron a la guerra con Galtieri. Vieron a Diego con la camiseta de Argentinos y después con la de Boca, gritaron los goles del Mundial ’78 a los 15 y un año después, madrugaron para ver los partidos del juvenil en Tokio.
Recibieron la herencia Beatle de sus hermanos mayores; siguieron a Charly desde Sui Generis y bailaron los sábados con la música disco.
Son los pibes que salieron a la cancha con los Sacachispas, los que anduvieron a 200 kilómetros por hora en el Scalextric y los que levantaron rascacielos con Mis ladrillos.
No leyeron el “Martín Fierro” en Literatura de cuarto, por “desertor” y “subversivo”. No pudieron gozar de Cortázar, ni de Marechal.
Fueron de los flipper al pool; de la tele blanco y negro, al color y del disco al cassette. Hicieron cola en el cine del barrio para ver “Infierno en la torre”, “Terremoto”, “Tiburón” y “Rocky”.
Gastaron los juegos del Ital Park, esperaron que crezcan los “Sea monkes” y pegaron centenares de figus, en álbumes que nunca llenaron….
Aquellos “chicos de la guerra”, ya son hombres con más edad de la que tenían sus padres, cuando los mandaron a las islas. Fueron protagonistas de una pesadilla que duró 74 días y que le costó la vida a 654 argentinos.
Desde 1982 hasta el presente, cerca de 500 de esos pibes que soñaban con pegarle de zurda como el Beto o el Bocha y que nunca habían imaginado tener un fusil en la mano y un inglés enfrente, se suicidaron.
Cuando volvieron a casa, esperaban recuperar parte de la vida que habían dejado congelada, en algún lugar de abril de 1982; pero a muchos los esperaba el infierno.
No pudieron despegar de sus fantasmas, ni apagar para siempre las 40 horas de combate en Pradera del Ganso o las imágenes que regresaban una y otra vez, de las 10 horas de lucha cuerpo a cuerpo, en Monte Longdon.
Solamente en Puerto Argentino, hubo 195 muertes: un oficial cada dos suboficiales, un oficial y cada 9 soldados.
Cuando hablamos de Malvinas, la primera mirada, el primer recuerdo que como acto reflejo nos transporta al ‘82, tiene como únicos protagonistas centrales, a aquellos chicos que pelearon como hombres, mientras los hombres jugaban a la guerra…

TORTURAS: Cada vez que la Justicia cierra una causa, entierra el delito y libera a los culpables, pero fundamentalmente está repitiendo el pecado original. Los soldados argentinos torturados por sus superiores en la Guerra de Malvinas, volvieron a sufrir la tortura casi 33 años después de ser estaqueados o picaneados en las islas.
La Corte Suprema no pudo o no quiso comprobar, que cerca de 80 militares argentinos acusados de torturar a soldados en la Guerra de Malvinas, eran inocentes o culpables; pero ante la duda, los invitó a gozar de los mismos derechos que el resto de los mortales que jamás violaron los derechos humanos.
Casi 130 denuncias, fueron archivadas para siempre. Otra vez condenados al olvido y al silencio.
Todos los estaqueados en la turba de Malvinas, todos los picaneados con la batería de los teléfonos de campaña, fueron castigados por querer comer… La hambruna fue el eje de casi todas estas historias, salvo una. Un soldado en Comodoro Rivadavia, llegó tarde a una formación. Un oficial ordenó, un suboficial ejecutó y el soldado correntino, Juan Carlos Gómez, fue víctima de un calabozo de campaña en el Liceo Militar “General Roca” de Comodoro Rivadavia.
En combate, el oficial que fue el ideólogo de la tortura, se infligió una herida en su pie derecho, para que lo devuelvan al continente. El suboficial que estaqueó al soldado, fue herido en la guerra y en el campo de batalla, lo salvó su víctima en el continente: el soldado Juan Carlos Gómez.
Después del estreno de “Iluminados por el fuego” en Corrientes, Pablo Vassel, por entonces subsecretario de Derechos Humanos de la provincia, comenzó a investigar cada historia y se puso al frente de 120 denuncias de torturas, estaqueamientos, violaciones y otros tratos inhumanos, presentadas en 2007, en el juzgado federal de Río Grande (Tierra del Fuego).
Con la fima de Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Carlos Fayt y Juan Carlos Maqueda, el máximo tribunal cerró una investigación sobre torturas en Malvinas a través de una resolución de tres párrafos, el 19 de febrero de 2015.
Fue una nueva imposición de silencio para los ex combatientes…, la primera estuvo a cargo de la dictadura cuando regresaron de la guerra. Pero ante la falta de justicia cercana, salieron a buscar una respuesta en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de la OEA.
Los militares argentinos repitieron en la guerra, la misma relación que desde el ’76 tenían con los civiles: el enemigo interno. El capitán Pedro Giachino, el único muerto de las fuerzas de la dictadura el 2 de abril, fue un represor que primero actuó en la zona Zárate-Campana y luego en la Base Naval de Mar del Plata.

1983-2015: A lo largo de los primeros 32 años de la nueva era democrática, la cuestión Malvinas fue tratada y maltratada. En materia de soberanía, aparecieron gobiernos que gritaron y presidentes que callaron. Por un lado, los que reclamaron soberanía y por el otro, los que congelaron el histórico pedido argentino y redoblando la apuesta, intentaron enamorar a Londres a través de una política que bautizaron de “seducción”, con los ositos Winnie Pooh, del canciller Di Tella
La política alfonsinista, desmalvinizó hacia adentro y malvinizó hacia afuera. Fue muchísimo más dura, la posición de aquel gobierno radical en los foros internacionales, que fronteras hacia adentro para cubrir con derechos el olvido.
Desde su primer discurso en Naciones Unidas, en septiembre de 1984, Alfonsín denunció la instalación de una base nuclear de la OTAN en Malvinas, el gobierno de Alfonsín dijo presente. Por primera vez desde la guerra, Argentina denunció el peligro de una base militar con armamento nuclear en las islas, al servicio del último capítulo de la Guerra Fría, al servicio de la OTAN.
En la campaña electoral de 1989, Carlos Menem amenzaba con embargar “bienes de la corona británica”… Una posición muy lejana, a la que adoptaría el menemismo desde la Casa Rosada, cuando después el gobierno de Menem retiró de las Naciones Unidas, el pedido de diálogo con Inglaterra por la soberanía de Malvinas y a fines de los ’90, cerró con Londres una serie de acuerdos comerciales, con el compromiso de no tocar el tema soberanía. Aquella Argentina funcional al congelamiento de la discusión territorial, fue el mejor interlocutor de los kelpers.
Para EE..UU., las “relaciones carnales”, para Gran Breñana la “política de seducción”. El menemismo entregó todo, a cambio de un pasaporte al primer mundo, que nunca existió.
Menem viajó a Inglaterra en octubre de 1998 y el Príncipe de Gales llegó a la Argentina, en marzo de 1999. Las dos historias fueron símbolos de un nuevo tiempo de negociaciones, en el que la discusión por la soberanía fue archivada hasta los primeros años del siglo XXI.
Pero lo más grave, fue que los dos países elevaron el documento a Naciones Unidas, como prueba del nuevo tiempo: Soberanía, no se discute…
Con el kirchnerismo, regresó gran parte del espíritu del discurso que hacia fuera brindaba el alfonsinista, con el reclamo de soberanía como eje central de la palabra argentina. Pero también malvinizó hacia adentro, cuando en de julio de 2005 transformó en dignas las pensiones, por primera vez desde el fin de la guerra.
En 2012, el primer ministro inglés David Cameron, acusó de colonialista a la Argentina, por no permitir que los kelpers decidan qué quieren ser, como si una población de ocupación, tuviera legitimidad para cambiar el dueño de la tierra que habita.
En ese momento, la operación mediática del Grupo Clarín, fue editar un libro que con la autoría de una de sus plumas de la sección InternacionalesNatasha Niebieskikwiat, hablaba de “Kelpers: Ni ingleses ni argentinos” y mostraba “Cómo es la nación que crece frente a nuestras costas”.
Clarín presentaba el libro, diciendo que “Este relato es de una importancia única porque sirve para entender la idiosincrasia de los habitantes de un territorio que los diferentes gobiernos argentinos han intentado recuperar hasta el cansancio por medios diplomáticos y por las armas.
Sin embargo, ninguno consideró que lo que las islas no son sólo tierra, sino que están compuestas por personas que, en muchos casos, llevan cinco generaciones viviendo en el lugar y que son descendientes de pioneros ingleses, gauchos rioplatenses, ovejeros patagónicos y migrantes de todos lados”.

EL PRESENTE: El 13 de marzo de 2014, el ministro británico para América latina, Hugo Swire, declaró en Montevideo que “para Londres, Sergio Massa o Mauricio Macri, tendrían una visión más realista y madura que el actual gobierno”, sobre Malvinas.
Sin hipocresías, ni rodeos, el funcionario británico manifestó que en su país confían en “que el gobierno argentino va a cambiar, porque hay elecciones el próximo año y la señora Kirchner no puede ser reelecta. Por lo tanto habrá un nuevo presidente. Y nosotros deseamos mucho que el próximo gobierno en Buenos Aires tenga una mirada distinta a la del actual”.
El funcionario mencionó que “un cambio de actitud, le traería a la Argentina, beneficios económicos”, entonces Inglaterra le puso precio a congelar el reclamo argentino por soberanía, sabiendo perfectamente quiénes eran los que podían transfomar la vieja pelea, en una cuestión de negocios.
Aquel integrante del gobierno británico eligió a los interlocutores, más pro-británicos que ofrecía el listado de candidatos a presidente y les habló sin intermediarios. Mientras durante 12 años Inglaterra no aceptó hablar de soberanía, el proponía una charla de negocios…
El ministro británico, olvidó o no le dió ninguna importancia, al documento firmado en 2012, por cerca de 30 diputados y 10 senadores de diferentes bloques, todos pertenecientes a las comisiones de Relaciones Exteriores de ambas cámaras, declarando al reclamo soberano como “política de Estado”. En Tierra del Fuego, los parlamentarios liderados por Daniel Filmus, firmaron una declaración conjunta reclamando la soberanía de las islas y la delegación del PRO, la encabezó Federico Pinedo; quien posiblemente tampoco se acuerde de este hecho.
La estrategia británica de estos últimos años, pasó por negociar con representantes de la derecha en todos los países latinoamericanos, donde eran oposición. Londres proyectó un diálogo con cualquiera que no reclame soberanía en términos de “Patria grande” y logró por ejemplo, la colaboración explícita de los conservadores uruguayos, que enviaron tres legisladores a las islas, junto a los británicos.
Hoy gobierna la Argentina, un presidente que en la década del ’90 dijo no entender como un país tan grande se preocupaba por la soberanía y que seguramente la recuperación de Malvinas, sería sumar un gasto.
En el marco del Foro Económico Mundial de Davos; Macri-Cameron acordaron volver al diálogo, archivando el reclamo de soberanía que nuestro país instaló en las Naciones Unidas, desde el 16 de diciembre de 1965, cuando la Asamblea General adoptó por mayoría y sin ningún voto negativo, la Resolución 2065. A partir de ese momento, la ONU aceptó “formal y expresamente” la existencia de la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido, e instó a estas dos únicas partes a encontrar una “solución pacífica, a la mayor brevedad, a través de negociaciones bilaterales y teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas”.
Sin embargo y como si se tratara de plan contracíclico para enfrentar el nuevo perfume de época, Naciones Unidas aceptó la propuesta presentada por Argentina en abril de 2009, que amplía en 1.700.000 kilómetros cuadrados la plataforma continental. El gobierno de Macri festejó la iniciativa, pero hizo un esfuerzo enorme para no vincular la noticia con la soberanía sobre Malvinas. 
En 2040 se discutirá el tratado Antártico y la proyección de Malvinas, es uno de los grandes datos para reclamar una parte del continente blanco. Esta posición de la ONU, si bien no es vinculante, se suma al listado de razones que acumula nuestro país desde 1904.

Como ante cada 2 de abril, las sensaciones viajan desprolijas. Cuesta ordenar la agenda, porque en el momento de rescatar Malvinas, aquel dolor siempre se vive en tiempo presente.
Pero en el rescate, aparece un camino con estaciones ineludibles, que por encima de la data dura (política, económica y militar), cede paso al corazón… 

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