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Milagro Sala, la primera presa política del macrismo

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Por Marcelo F. Rodríguez, Sociólogo, Director Adjunto del CEFMA

Las movilizaciones a 40 años del golpe cívico-militar en nuestro país, tuvieron un marco muy distinto a los años anteriores, a saber: por primera vez, sin recurrir a un golpe de Estado, sino a los mecanismos de la democracia representativa, la derecha llegó al gobierno con un programa que no ocultaba sus planes de devaluación, ajuste, despidos masivos y criminalización la protesta social, temas que fueron recurrentemente explicitados a lo largo de la campaña y que hoy lleva adelante.

En política exterior, volver a “el mundo”, fue la propuesta PRO, dejando atrás las políticas integracionistas en la región que tomaron fuerte impulso luego de que en diciembre de 2005 y ante la presencia de George W. Bush, los presidentes Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner entre otros dirigentes latinoamericanos le dijeran NO AL ALCA.

Este 24, otro presidente norteamericano, Barack Obama, visitó la Argentina para otorgar la bendición del poder imperialista mundial al gobierno de Mauricio Macri y su equipo de gerentes empresariales.  

Coherente con estos nuevos signos de los tiempos, y con ánimo disciplinador, hace más de dos meses, desde el 16 de enero pasado, que Milagro Sala continua detenida en la provincia de Jujuy acusada por el Gobernador Morales y una justicia a la medida de sus intereses de «instigación a cometer ilícitos y tumulto».

Una muestra más del “cambio” propuesto por el gobierno PRO.

Como se esperaba, el reclamo por la libertad de Milagro Sala atravesó las multitudinarias manifestaciones de este 24 de marzo en todo el país, como respuesta a esta verdadera criminalización de la protesta social que lleva adelante el gobierno y que ya ha sido denunciada por parte de Partidos Políticos, Legisladores, el Parlasur, Organizaciones de Derechos Humanos, Sociales y Sindicales, entre otros.

Como se esperaba, el reclamo por la libertad de Milagro Sala atravesó las multitudinarias manifestaciones de este 24 de marzo en todo el país.

Es un reclamo que no decae y sigue manifestándose cotidianamente aunque los grandes medios de comunicación intenten pasarlo a un segundo plano, focalizando su agenda en las idas y vueltas para la aprobación por parte de diputados del acuerdo con los Fondos Buitres, su avance en el senado y en la visita de Barack Obama.

No quedan dudas de que Milagro Sala, una de las principales dirigentes populares del país, es la primera presa política del macrismo, que lanza sobre ella y su agrupación, la Tupac Amaru, una verdadera persecución política criminalizando el derecho a la protesta y a la libertad de expresión.

No quedan dudas de que Milagro Sala, es la primera presa política del macrismo.

En una carta que dio a conocer desde el penal de mujeres del barrio Alto Comedero de la capital jujeña al cumplirse 40 años del golpe cívico-militar, la dirigente y diputada en el Parlasur planteo que: “Hoy se cumplen 40 años desde que los militares, con la complicidad de civiles, tomaron el poder y nos hicieron vivir una de las épocas más oscuras de nuestra historia” y recordó que «privación ilegítima de la libertad, causas armadas para justificar detenciones, torturas a los compañeros, censura”, fueron “algunas de las peores prácticas que nos golpearon en esos años” que «poco a poco se vuelven a repetir».

En su carta, hace referencia también al dueño de la empresa Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, “uno de los civiles responsables de lo que se conoce como ‘La Noche del Apagón’, cuando secuestraron a 400 personas, de las cuales 33 todavía permanecen desaparecidas» y que hoy, «en lugar de estar preso disfruta de su libertad”, señala Sala en su carta, escrita desde la cárcel.

Buscando ser un caso ejemplificador, la detención de Milagro Sala establece un modus operandi de las políticas que buscan establecer la criminalización de la protesta como norma, cosa que se manifiesta con toda claridad a través del Protocolo Antipiquete y de los acuerdos propuestos por Obama para “intercambiar información” y luchar conjuntamente contra el terrorismo y el narcotráfico.

Como ya sucede en varios países de la región, estas políticas represivas tienen entre sus objetivos, en realidad, otorgar mejores condiciones al gobierno para perseguir a las organizaciones populares, como parte de un plan dirigido a enfrentar la resistencia social ante la aplicación de su proyecto de ajuste y desempleo.


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