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NOSOTROS O ELLOS – PARTE III

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Por Oscar Natalichio, Centro de Investigaciones Económicas Y Sociales (CIEYS)

El gobierno de Macri y el Congreso Argentino capitulan frente a un mediocre y oscuro juez de un sector de un municipio de Nueva York, ante los bancos parasitarios y sus fondos buitres y enajena por siglos el patrimonio del País y el futuro de los argentinos que con excepción de los cipayos que se benefician con esa infame traición a la Patria.

PARTE 3: La historia registra hechos de ruindad similares.

 

La traición no sólo es votar a favor del extranjero afectando con ello el futuro de la Nación y de la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Ello implica una traición directa. Allí se colocan los que dan la cara, los que argumentan infantilmente y sin ningún tipo de sustento serio o científico: 1. Que “es eso o el caos”; (todos los que operamos con buena fe sabemos que la inmensa mayoría de los países del  mundo, salvo seis, aprobaron las medidas que se tomaron de no pagar a los buitres y, en función de ello, se legisló para salvaguardar a otras naciones, de las salvajes fechorías de los bancos. No sólo no hubo “caos” sino un nuevo ordenamiento internacional); 2. Que “es eso o el ajuste” (ya aplicaron un salvaje ajuste, antes de “que eso ocurra”, un ajuste a medida de los grandes grupos concentrados exportadores. Las quitas de las retenciones a la oligarquía le resta al Estado el ingreso anual de 150 mil millones de pesos anuales que pasaron, automáticamente, al bolsillo de no más de 1500 empresas de las cuales menos de 20 se llevan el 80% de ese monto. Y el Estado, en poder de las multinacionales y sus CEOs (gerentes), a efectos de compensar esa nefasta transferencia, quita los subsidios en dos etapas, una ya cumplida, de donde “recuperará” en la primera 60 mil millones (que ya estamos pagando) y en la segunda otros 100 mil más quedando en claro que, quien paga el costo de anular las retenciones a la oligarquía, es el pueblo todo, pero mucho más el de menor ingreso. Esa sola resolución envió a tres millones de argentinos a colocarse debajo de la línea de pobreza; 3. Que “es eso o la hiperinflación”, la gran y repetida mentira, pues se trata de carestía. Allí nace el origen del problema. Son los formadores de precios (LOS QUE HOY DIRIGEN EL ESTADO) los que los incrementan y ello hace necesario emitir para que la circulación de dinero permita las transacciones. Es el poder de las multinacionales cuando no se les pone límites o, como en este caso, han tomado el gobierno para así fortalecer y ampliar sus intereses de clases en desmedro de la población argentina y rebajando el papel de nuestro país como Nación Soberana.

 

Traicionar es también dar quórum para que los traidores directos puedan aprobar la entrega del país. No es “oposición responsable” como señalan algunos como si tratara de una comedia barata. No es proponer modificaciones cuando la cuestión radica en no reconocer una deuda inexistente y no en la redacción de algunos artículos de la resolución que condenará a los argentinos a más de 100 años de sufrimientos y conflictos. Es más, esos artículos, presuntamente “polémicos”, han sido colocados premeditadamente para ser reformados, en otra simulación grotesca que demuestra el acuerdo previo entre traidores directos e indirectos. Ya se pactó, cuando se repartió el anticipo del buitre Singer (los sanguchitos verdes) el papel que cada cipayo debería jugar.

 

La historia debe registrar a esa pandilla de infames traidores a la patria, con nombres y apellidos, desde la A de Amadeo hasta la Z de Zim. Y saber que esta actual comedia perversa ya ocurrió como tragedia:  

 

“… un poder ejecutivo que encuentra en su misma debilidad su fuerza, y su respetabilidad en el desprecio que inspira; una república que no es más que la infamia combinada de dos monarquías, la de la Restauración y la de Julio, con una etiqueta imperial; alianzas cuya primera causa es la separación, luchas cuya primera ley es la indecisión; en nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones a favor de la tranquilidad, pasiones sin verdad, verdades sin pasiones; héroes sin acciones heroicas; historia sin acontecimientos; un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, fatigoso por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos, antagonismos que sólo parecen exaltarse periódicamente para embotarse y decaer, sin poder resolverse; esfuerzos pretenciosamente ostentados y espantos burgueses ante el peligro del  fin del mundo y al mismo tiempo los salvadores de éste tejiendo las más mezquinas intrigas y comedias palaciegas, que en su “despreocupación” recuerdan más que el Juicio Final los tiempos de la Fronda; el genio colectivo oficial de Francia ultrajado por la estupidez ladina de un solo individuo; la voluntad colectiva de la nación, cuántas veces habla en el sufragio universal, busca su expresión adecuada en los enemigos empedernidos de los intereses de las masas, hasta que, por último, la encuentra en la voluntad obstinada de un filibustero.”                                                                Carlos Marx de “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”.  

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