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Con deuda y hambre, sin obra pública, ni sueños

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Por Gustavo Campana, periodista

Jeremy Bentham, era un filósofo inglés del siglo XIX. El hombre estudió que toda acción humana, es impulsada para evitar dolor y para lograr placer. Pero agregó en su hipótesis, que en muchos casos es indispensable la motivación; que sin recompensa en el horizonte, nadie enciende el motor.
Buscando ser más claro en su teoría, Don Jeremy armó una imagen a manera de ejemplo: «Si deseas conseguir que un burro se mueva, es necesario colgar una zanahoria de la punta de un palo, justo fuera del alcance de la boca del animal».
Poco después apareció un tal Frederik Taylor, un economista que por encargo del capital, elaboró la «Organización científica del trabajo». Un estudio destinado a encontrar el método, para que millones de seres humanos sin derechos, laburaran sin chistar entre 12 o 14 horas; pero felices y contentos. Mr. Taylor agregó a la teoría de la zanahoria, que si al burro no lo conmueve el premio, «siempre me queda el palo para obligarlo a que se mueva…».

Si al burro no lo conmueve la zanahoria, «siempre me queda el palo para obligarlo a que se mueva…»

Con la zanahoria al alcance de la mano y con el palo amenazante muy cerca del lomo, los que hasta hace muy pocos días hablaban de «Proyecto nacional», pusieron en el bolsillo de lo peor de la usura internacional, 12.500 millones de dólares.
Pocas horas después de lograr que el proyecto buitre saliera airoso de Diputados, Prat Gay decretó la pena de muerte para la zanahoria…, o sea la prometida obra pública. Muchos de los que cruzaron el charco con el fin de hipotecar a dos o tres generaciones de argentinos, se quedaron sin pretexto noble que ofrecer, ante cualquier cuestionamiento.
Hasta ayer, esa fue la gran excusa del oficialismo, para terminar de tentar a los opositores que por orden de sus gobiernos provinciales, tenían que alinearse con Macri, Singer y Griesa. «Si ahora nos endeudamos, esos dólares tienen que servir para nuevos caminos, puertos, energía… Entonces cuenten con nosotros», señalaron los que juraron ver luz entre tanta oscuridad.
Resulta que ahora, con la media sanción en el bolsillo y ante la necesidad de convencer a un Senado mucho más adverso, el ministro de Hacienda, ya no habló de caminos, puertos o energía. Sin eufemismos, sin metáforas y como es su costumbre, sembrando miedo, Prat Gay señaló: «Necesitamos volver al mercado externo, porque si no financiamos el déficit, no hay más remedio que hacer un mayor ajuste».
Es la primera vez que lo dice en público, abiertamente: Deuda para cubrir gastos corrientes. El sincericidio del funcionario, terminó con el argumento de emisión de deuda para financiar obra pública y volvió a invitar a encontrar en el pasado, todas las respuestas del presente.
La obra pública mayúscula (desde centrales nucleares, hasta satélites geoestacionarios), no le interesa, ni le interesó jamás al neoliberalismo, simplemente porque no creen en el desarrollo nacional; esa su gran marca de nacimiento. Posiblemente y en esta coyuntura, desvíen un porcentaje menor de los nuevos créditos, para saciar la sed de la «Patria contratista» o sea, del macrismo más duro, el que nace en el ADN económico del propio presidente…; pero nada más.
A partir de ahora, veremos facturas faraónicas por servicios menores, con el único objetivo de seguir generando negociados sin intermediarios, para amigos y familiares.
La nueva deuda, tendrá el mismo destino que la vieja y se utilizará para engrosar el circuito financiero que durante un tiempo, alimentará el balance ficticio de un país que sin industria nacional, carecerá de ingresos genuinos.
Mientras Prat Gay hablaba en la Cámara Alta, la bicicleta financiera comenzó a rodar otra vez, a la misma velocidad como cuando los que pedaleaban eran Martínez de Hoz, primero y Cavallo, después. El Banco Central le compró a la provincia de Buenos Aires, 500 millones de dólares, de los 1.250 millones que el equipo de María Eugenia Vidal logró en Nueva York a poco más del 9% de interés. ¿Para qué quería esos dólares el gobierno de Macri, para caminos, puertos, energía…? No, los usaron para aumentar las reservas y lograr que el verde cayera apenas 2 centavos en las últimas 24 horas.la-pelea-con-los-holdouts-2172916w620
Dicen que la provincia tuvo ofertas por hasta 4.000 millones para tomar nueva deuda y que acuerdos por esa guita, quedarán cerrados en los próximos meses. ¿Caminos, puertos, energía? No, gastos corrientes y alimento para el circuito financiero.
Por lo tanto y utilizando a Buenos Aires como garante, la Nación utiliza los dólares que tendrían que estar al servicio de mejorar la calidad de vida de los bonaerenses, que en definitiva, serán los que paguen la devolución de esta millonaria gentileza de la banca estadounidense.
Un pequeño ejemplo, para poder entender que la receta es tan vieja, como efectiva. Cuando el general Suárez Mason fue titular de YPF en la última dictadura, esa petrolera estatal «deficitaria, buena para nada y que era una carga para el país», tomó deuda por 5 mil millones de dólares. Pero ni un solo «Washington» fue destinado a la empresa, todo estuvo al servicio de la especulación.
Nuestro rol en el orden mundial, lo dejó muy claro ayer nomás, el secretario de Comercio, Miguel Braun. El funcionario se reunió en Bruselas con representantes de la Unión Europea, para avanzar en la elaboración de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur. ¿Qué nos piden para ser socios del Primer Mundo? Que América del Sur termine con su protección arancelaria a los bienes industriales y se dedique a ser proveedor de bienes primarios. Por lo tanto, el único recurso productivo será el campo, el rubro que menor cantidad de puestos de trabajo genera.
Hay deuda, pero no habrá obra pública. Con Estado desfinanciado, sin cobrarle retenciones a los amigos y sin la lluvia de dólares prometida en diciembre, ahora salen a buscar desesperados, créditos para «gastos corrientes». El nuevo ciclo de endeudamiento, se puso en marcha a pedido de los centros financieros de poder. Y como siempre, se pagará hambre y postergación de sueños.

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