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CUANDO NO HAY BILLETES SE PAGA CON TIERRA

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Por Gustavo Campana

En 1877, Argentina sumaba más de medio siglo de incómoda convivencia con el empréstito de la Baring Brothers. Aquella deuda externa impagable que instaló Rivadavia, por entonces había crecido muchísimo con los costos de la Guerra de la Triple Alianza. Dos historias que casualmente, protagonizamos a pedido de Inglaterra: servirles en bandeja un negocio financiero brillante y terminar con el desarrollo de la industria nacional del Paraguay de Solano López.
Por entonces, Juan Bautista Alberdi, diagnosticó al paciente y recomendó el tratamiento que iba a terminar con todos los males: «Una de las causas de crisis en Sud América, ha venido a ser el afán ignorante y ciego de crear una industria fabril sudamericana, rival de la industria europea, por medio de una legislación protectora. La tentativa es del mismo linaje de locura, que la batalla de Don Quijote con los molinos de vientos».
Para salir de la crisis, el padre de la Constitución Nacional escribió el tratamiento más adecuado. Primero, la «supresión casi total del gasto en instrucción pública. Los discípulos deben pagar los sueldos de sus maestros. Las ciencias son un saber de mero lujo». Segundo, «aplazamiento de las obras públicas, menos indispensables. Tercero, «privatización de los bancos oficiales». Y por último, un dato singular: «La venta de las tierras desiertas de la Patagonia, Chaco y Misiones, a los acreedores extranjeros».
A la última dictadura se le ocurrió algo parecido, pero a través de una cara mucho más contemporánea del coloniaje. En 1979, comenzó a circular que a nuestros militares se les había ocurrido convertir a Gastre, en la provincia de Chubut, en un basurero nuclear al servicio del mundo desarrollado. Se hablaba de esas concesiones con olor a muerte, a cambio de condonar deuda externa y las negociaciones con Suiza, avanzaron rápidamente. El freno lo pusieron los europeos, después hablar con Carter: «No pongan residuos de alta actividad como plutonio, en manos de genocidas, porque los pueden convertir en bomba atómica».
El proyecto fue reflotado por el menemismo, hasta que en 1996, ese pueblo patagónico se puso de pie y dijo NO. Las negociaciones las habían iniciado, técnicos del Banco Mundial a nombre de los interesados: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Suecia, Suiza, Francia, Bélgica y Canadá.
Por estas horas, buitres un poco más prolijos que Singer y compañía, sellaron con Grecia la compra de su puerto comercial más importante, el de Pireo, uno de los más antiguos del Mediterráneo. Cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, fue considerado el centro comercial más importante del mundo.
El grupo chino COSCO, salió de compras y encontró en oferta, por poco más de 280 millones de dólares, el 51% de las acciones. Dentro de cinco años, pagarán otros 350 millones con la ganancia que les deje esa porción de «ex territorio» griego, para quedarse con el 67% del puerto.
El Tribunal de Auditoría de Grecia, hace pocas horas confirmó la operación que había puesto en marcha en febrero, el fondo de privatización de griego, el departamento que el Fondo Monetario creó para la liquidación de lo que queda del país.
Grecia no recibirá un mango. Todo se utilizará para el pago de la deuda externa.
Este año, solo en 2016, los griegos tendrán que destinar unos 6.000 millones sólo para intereses; por lo tanto lo que recauden por la venta del Puerto de Pireo, sólo alcanzará para cubrir dos semanas de interés usurario.
Alberdi tenía razón, cuando no hay billetes se paga con tierra…, o con Vaca Muerta.

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