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JOSE DE SAN MARTIN – Libertador y revolucionario

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Por Rogelio Roldán

El 12 de febrero se cumplió un aniversario del triunfo de Chacabuco, en 1817, y el 25 de este mes cumplió años el General José Francisco de San Martín. Algunos escribas contrainsurgentes aprovecharon la ocasión para tratar, no muy sutilmente, de acusar al general de agente inglés, con el añadido de insinuar que 1810 y 1816 fueron perjudiciales para el país. Todo ello en línea con la política exterior del actual delegado de Wall Street en la Casa Rosada. Nada de esto es original, ya en su momento el admirador del imperio inglés y privatizador -hoy embajador- Terragno, citando a un noble británico, había abundado en esos disparates. Con esos «argumentos» también se podría decir que San Martín era un agente de Cartago porque tomó el ejemplo de Aníbal Barca, quien cruzó los Alpes con sus elefantes…, en el siglo III antes de nuestra era. Estas disquisiciones se fundan en la gran capacidad política, militar y conspirativa del general. El actuó, siempre y en todas las situaciones, con todos los factores previstos, preparados y organizados, sin dejar jamás nada librado al azar. En 1812 llega a Buenos Aires con un plan político. Organiza la Logia Lautaro y comienza a crear las formas militares modernas (burguesas), que Mariano Moreno – asesinado en alta mar el año anterior- había diseñado en el Plan de Operaciones, pero que no pudo desplegar por la relación de fuerzas políticas desfavorable con el saavedrismo, que era la contrarrevolución. Dicho Plan, elaborado por Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli, comprendía medidas económicosociales, políticas y militares para la revolución, y apuntaba a subordinar a la burguesía comercial porteña y a los saladeristas, todos pro-ingleses, aunque tuvieran, de momento, intereses enfrentados entre sí. La Logia era un partido político secreto para la revolución, con expresiones de superficie, como la Sociedad Patriótica. Su enfoque y su obra son una síntesis de la relación íntima entre un territorio y una base material -las provincias del Cuyum- y la comprensión del papel del Estado en la economía. Esto le permitió construirse una retaguardia activa del Ejército Unido, nombre con el que nació el Ejército de Los Andes, que no era nacional, sino internacionalista, de liberación continental. Es evidente que otro héroe de nuestro pueblo, Ernesto Ché Guevara, conocía y adhería a ese criterio. San Martín, con su enorme visión política, comprendió que en Cuyo estaba la base material, económica, social, cultural y política que podía sostener la revolución continental. Insisto, la revolución continental, no solo la independencia formal bajo el orden feudal. Con Bernardo de Monteagudo, delegado de la Logia por Cuyo, logra que la Asamblea de 1813 libere a los esclavos y sume brazos a la producción y a las tropas: el general decía que el gaucho no sirve para combatir si se lo baja del caballo, pero la ciencia militar enseña que la «reina de las batallas» es la infantería, porque define las grandes confrontaciones entre tropas regulares, de líneay ocupa el territorio, fundando, con su práctica, el régimen político-social nuevo, revolucionario, y sabe que la disciplina del trabajo, más el estímulo revolucionario que es la libertad, hace a los afroamericanos los más aptos para formar esos cuerpos de infantes de despliegue rápido. Por eso, luego de Chacabuco, manda a enterrar en fosas personales, por su heroísmo en combate, que asegura el triunfo, a los soldados negros. San Martín tenía muy claro que para hacer una revolución había que tener una fuerza política de masas, un territorio y una base material-económica e ideológico cultural- en la cual apoyarse y hacerla fungir de retaguardia activa de la revolución.Desde su base del Plumerillo hace cumplir, aplicando todo el rigor a la oligarquía y al clero reaccionario, el Plan de Operaciones y pone al ejército a estructurar la revolución independentista detrás de un cambio profundo en las formas económico-productivas del país.

La Logia era un partido político secreto para la revolución, con expresiones de superficie, como la Sociedad Patriótica.

Esto se basaba en la ideología capitalista de libre concurrencia de los fisiócratas, es decir, de Belgrano, Moreno, Manuel Fragueiro y otros. Dicho sea al pasar, luego de estas medidas, las economías cuyanas se hacen autónomas del puerto y florecen, hasta ser ahogadas por el liberalismo de la generación del 80. Apoya la acción militar en la fundamentación ideológica de la revolución y, en política, en operar simultáneamente desde el ejército y desde una organización conspirativa sobre el conjunto del movimiento. Hace política revolucionaria al interior de las tropas y, a la par, pone al ejército a desplegar política popular revolucionaria contra el régimen colonial, feudal, terrateniente, dependiente y explotador. Incorpora la ciencia militar al servicio de la masa popular insurgente y con ello dirige un nuevo tipo de guerra. Una guerra nacional contra el invasor colonialista, una guerra de todo el pueblo y una guerra antisistema feudal, una guerra revolucionaria de alcance continental. Esa guerra articula desde la «guerra de partidarios» (de guerrillas) en el norte con las Republiquetas y Güemes, hasta la guerra de línea que desatará con el Ejército Unido del Plumerillo y con la «guerra de recursos», de inteligencia militar y civil y de sabotaje económico y militar a ambos lados de la cordillera. Don José sabía que esa guerra no se gana en las grandes batallas regulares, como Chacabuco y Maipú, sino en el despliegue diario del plan global descripto y en la captación de masas. Esto, en conceptos actuales, es una lucha contrahegemónica. Jamás hizo levas de reclutamiento forzoso, ni utilizó la llamada «ley del vago», como sí lo hicieron los terratenientes en sus guerras civiles. San Martín no usó a las masas, hizo la guerra popular. Tenía arraigada la idea de «pueblo en armas». La disciplina durísima del ejército era una disciplina consciente, no para que aprendieran a desfilar, sino para que asumieran por qué, para qué y por quién luchaban, para que nunca traicionaran convirtiéndose en pretorianos de intereses antipopulares, cosa que ocurrió a partir de 1820, cuando se liquida -hasta la fecha- el ejército nacional. Reitero, articuló tres aspectos esenciales: plan económico, plan político y plan militar. Nada de esto tiene que ver con las tradiciones imperiales británicas. Intentar describir o definir a San Martín por fuera del plan revolucionario integral que desplegó a lo largo de toda su vida, es absurdo, inocuo, o políticamente interesado, avieso y contrarrevolucionario.

 

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