Temblor universal (IV) – De estos polvos, futuros lodos

Temblor universal (IV) – De estos polvos, futuros lodos

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Por Revista análisis de Coyuntura

Sin duda, uno de los rasgos sobresalientes del mes de enero era la apertura del Foro Económico Mundial, del que participan los CEOs de las principales compañías a nivel global y los mandatarios de las economías más poderosas del globo, a manos del secretario general del Partido Comunista Chino, en calidad de presidente del gigante asiático, Xi Jinping. No solo abrió el Foro, sino que lo hizo defendiendo la globalización y atacando el proteccionismo con férrea determinación.

Lo que quiero decir es que muchos de los problemas que preocupan al mundo no son causados por la globalización económica (…). Desde la perspectiva histórica, la globalización económica se debe a la creciente productividad social y es un resultado natural del progreso científico y tecnológico, no algo creado por individuos o países. La globalización económica ha impulsado el crecimiento mundial y ha facilitado el movimiento de bienes y capital, los avances de la ciencia, la tecnología y la civilización y las interacciones entre los pueblos. Pero también debemos reconocer que la globalización económica es una espada de doble filo (…). Como dice una línea en un antiguo poema chino, ‘dulces melones cuelgan de viñas amargas; dulces dátiles crecen en cardos y espinas’ (…). Es cierto que la globalización económica ha creado nuevos problemas, pero esto no justifica desecharla completamente. Más bien, debemos adaptarnos y guiar la globalización económica, amortiguar su impacto negativo y ofrecer sus beneficios a todos los países y todas las naciones. Hubo un tiempo en que China también tenía dudas sobre la globalización económica, y no estaba seguro si debía unirse a la Organización Mundial del Comercio. Pero llegamos a la conclusión de que la integración en la economía global es una tendencia histórica (…). Simplemente no es posible intentar cortar el flujo de capital, tecnologías, productos, industrias y personas entre economías, y canalizar las aguas del océano hacia atrás en lagos y arroyos aislados. De hecho, va en contra de la historia (…). Debemos actuar de manera proactiva y gestionar la globalización económica según sea necesario para liberar su impacto positivo y reequilibrar el proceso (…). La gente de todos los países no espera nada menos de nosotros, y esta es nuestra responsabilidad inquebrantable como líderes de nuestro tiempo (…). Buscar el proteccionismo es como encerrarse en un cuarto oscuro. Mientras que el viento y la lluvia se pueden mantener afuera, esa habitación oscura también bloqueará la luz y el aire. Nadie emergerá como ganador en una guerra comercial” (https://www.weforum.org/agenda/2017/01/full-text-of-xi-jinping-keynote-at-the-world-economic-forum, traducción propia).

La cuestión entonces no pasa por intentar detener el curso de la historia, sino por controlar el desarrollo tecnológico y científico en beneficio de las mayorías. La humanidad ha alcanzado el punto más alto de su historia en materia de socialización y tecnificación de la producción, pero ha llegado a él bajo la dirección anárquica del capital monopolista, que encarna hoy las fuerzas de un supuesto progreso irracional e incivilizado, donde no hay lugar para las grandes masas laboriosas de los pueblos del mundo y sin posibilidad de desarrollo futuro, por la incapacidad de resolver los problemas de fondo que abordamos en esta artículo. De lo que se trata ahora es de conducir nuestra propia potencia con arreglo a las necesidades y posibilidades de desarrollo de las mayorías. En esa tarea, la experiencia de una economía planificada, donde el pueblo, a través del Estado, controla los medios de producción estratégicos, es de vital importancia. Además, China planifica y actúa sobre una totalidad que representa nada menos que el 18% de la población mundial, siendo el país que más contribuyó en los últimos años tanto al crecimiento mundial como al combate contra la pobreza (de la totalidad de personas que salieron de la pobreza en los últimos 30 años, el 70% fueron chinos).

Cuando el imperialismo ataca a China –y hacia allí ha apuntado todos los cañones verbales la nueva gestión norteamericana–, ataca la posibilidad de la humanidad de darse un orden social nuevo, sin la asfixia que los intereses de una minoría cada vez más concentrada le imponen. Desde la perspectiva de los centros imperialistas, ellos son el orden y todo lo demás es caos, aunque la evidencia del descontrol que su desarrollo significa para el mundo comienza a colarse en sus preocupaciones y análisis. De ahí que el último mes postularan desde las páginas del matutino de la familia Mitre que “o se actualiza el capitalismo para que las ganancias se distribuyan de manera más equitativa, o se corre el riesgo de que las masas enardecidas desmantelen las instituciones que sostuvieron las políticas económicas desde la Segunda Guerra Mundial” (LN 24/12).

El director general del departamento de economía internacional del Ministerio de Exteriores chino, Zhang Jun, declaraba durante el mes de enero: “Si alguien dijera que China está desempeñando un papel de liderazgo en el mundo, yo contestaría que esto no sucede porque nuestro país luche por el primer puesto, sino más bien porque los principales candidatos han dado un paso atrás, dejando ese lugar a China” (RT 23/1).

Sobre los desafíos que construir una nueva gobernanza global conlleva, Xi Jinping señalaba: “Madame Christine Lagarde me dijo recientemente que los mercados emergentes y los países en desarrollo ya contribuyen al 80 por ciento del crecimiento de la economía mundial (…). Sin embargo, el sistema de gobernanza mundial no ha aceptado esos nuevos cambios y, por lo tanto, es inadecuado en términos de representación e inclusión (…). El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante. La desigualdad en la distribución del ingreso y el desigual desarrollo del espacio son preocupantes. Más de 700 millones de personas en el mundo siguen viviendo en extrema pobreza. Para muchas familias, tener casas cálidas, suficiente comida y empleos seguros es todavía un sueño distante. Este es el mayor desafío que enfrenta el mundo de hoy (…). La cuestión fundamental que afecta a la economía mundial es la falta de fuerza motriz para el crecimiento. La fuerza principal que guía el desarrollo (…). Tenemos que buscar sin cesar la innovación. Sólo con el coraje de innovar y reformar podemos eliminar los cuellos de botella que bloquean el crecimiento y el desarrollo globales” (https://www.weforum.org/agenda/2017/01/full-text-of-xi-jinping-keynote-at-the-world-economic-forum, traducción propia).

Los hechos analizados constituyen las bases materiales de lo que Fidel Castro sentenciara allá por 2010, y que en repetidas ocasiones hemos reproducido en nuestras páginas: “A lo mejor que no haya ni siquiera imperialismo. Fíjate, es duro, pero, bueno, ¡qué vamos a hacer! (…) Si no es así, me mandan a mí para un manicomio…” (CD 9/8/2010). La precisión del inmortal líder revolucionario se muestra hoy con toda claridad.

No hay salida en el proteccionismo ni con un mundo conformado de países que miran hacia sí mismos; tampoco se trata de renegar del progreso técnico y volver a romper las máquinas. No hay contradicción entre la humanidad y el desarrollo tecnológico, como no la hay con la globalización. Lo que la humanidad necesita, de manera imperiosa para poder garantizarse una posibilidad de futuro, es superar el caos en que el imperialismo revuelca a diario al mundo, y pasar a conducir las riendas del desarrollo por venir. Pasemos a ver cómo se daba la acumulación de fuerzas en el plano político para tamaña tarea.

Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).

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